El miércoles 29 de noviembre, a las 7:00 de la noche, el distinguido escritor Máximo Vega, recibió reconocimiento por la centenaria institución cultural Alianza Cibaeña. El acto contó con grupo de escritores, artistas, personalidades y familiares. Su biografía fue leída por la cuentista Sandra Tavárez. La presentación del autor, fue realizada por el narrador Ubaldo Rosario, quien hizo un extenso y largo recorrido —de una hora— por las distintas obras de Máximo, además de anécdotas sobre algunos libros, que luego Vega no publicó. Ubaldo se valió de su capacidad narrativa para hacer un anecdotario histórico, basado más en su imaginación, que la realidad del festejado.  Máximo agradeció a todo el público presente, en su distinción por su trayectoria como escritor.

El homenajeado es uno de los escritores más significativos de las últimas promociones literarias, ha escrito varias obras de cuentos y novelas, también se ha destacado en el género ensayístico. Hoy, comentaré, El libro de los últimos días, el cual le ayudamos a publicar en el Ministerio de Cultural, junto a la solidaria compañía del apreciado escritor e intelectual Basilio Belliard, quien es de igual manera un excelente ensayista. 

Máximo Vega recibiendo su reconocimiento, junto a directivos de la institución Alianza Cibaeña, encabezada por su presidente Jhonny Guerrero.

Máximo Vega, entre el ensayo y la crítica en El libro de los últimos días

Máximo Vega es uno de los cuentistas y narradores más importantes de la literatura contemporánea de Santiago de los Caballeros, República Dominicana. En su bibliografía ha publicado las siguientes obras: Juguete de madera 1996, (con más de cinco ediciones), Cuentos para niños y otras historias terribles (2006), Ana de los demás (2001), La ciudad perdida (2005), El final del sueño (2005), La vida de las estrellas (2021). Textos suyos han sido traducidos al italiano, francés, alemán e inglés.  Ha ganado varios premios literarios, también ha sido publicado en diversas antologías nacionales e internacionales. Hace 25 años fundó el Taller de Narradores de Santiago, donde él ha sido responsable de la publicación de tres antologías de cuentos de los miembros del taller: Para matar la soledad (2000), Y este era el principio (2009), Caleidoscopio (2015). En el año 2002, ganó el primer lugar del Concurso de Ensayos Víctor Hugo, con el cual Francia festejaba en el país el Bicentenario del nacimiento de dicho autor, declarado en todo el mundo «Año Víctor Hugo».  Excelente ensayo donde el autor revela su sagacidad investigativa, su buena escritura y su amplio conocimiento sobre la obra y la vida del autor francés, por eso dicho ensayo debió ser incluido en este libro.

En el 2005 fue contactado por quien suscribe, para que realizara la Antología de cuentos contemporáneos de Santiago: 1980-2005.  En razón de que yo tenía la responsabilidad de realizar la antología La poesía contemporánea de Santiago: 1977-2005. Este proyecto editorial fue una idea nuestra para sacar del aislamiento histórico la literatura coetánea de Santiago, ya que nunca se había escrito ninguna antología de nuestros escritores, ambas se publicaron en el marco de la Segunda Feria Regional del Libro de Santiago, gracias a la compresión gerencial y editorial de José Rafael Lantigua.     

El libro de los últimos días, es su obra publicada en 2011 por el Ministerio de Cultura, a través de Rumbo Norte, que es una de sus editoriales. Qué tiene ese libro de particular, además del sugerente y bíblico título, que es su primer libro de ensayos y artículos, a sabiendas de que los escribe desde hace tiempo. «Los amores clandestinos y Las costumbres estériles» son sus únicos dos capítulos, conteniendo solamente 165 páginas, resaltada por una portada de una excelente obra de Sacha Tebó, pintor y escultor haitiano que residió y murió en Santiago.

Pero esto no es lo que pretendo destacar del libro, sino la capacidad e inteligencia y sensibilidad ensayística de su autor, que a pesar de su juventud tiene un compromiso permanente y cotidiano con su escritura, cosa no muy común entre los escritores de su edad. Incluso algunos de ellos actúan con arrogancia y una sobrevaluación cultural e intelectual, sin todavía poseer ni la obra ni la trayectoria para ello.

Sandra Tavárez, Jhonny Guerrero presidente de la institución Alianza Cibaeña, Máximo Vega y Ubaldo Rosario. (Fotos realizadas por quien suscribe).

De dicha obra el afamado escritor e intelectual Manuel Matos Moquete, escribió: «Todo eso es lo que, en esta ocasión, descubro en los ensayos de Máximo Vega a través de un conjunto de planteamientos hechos desde su yo situado en su contexto y referidos a nuestra literatura. Las reflexiones del ensayista se orientan a la exploración de una conciencia propia en el lenguaje y la literatura en el ámbito de Latinoamérica, el Caribe, República Dominicana y el Cibao» (Facebook, noviembre 2022).

El prólogo de El libro de los últimos días, no es más que un confesionario literario de Máximo Vega, donde va registrando y resguardando las obras y los autores de su preferencia, aunque lo hace con pertinencia y criticidad. No se deja arrastrar por sus apetitos estéticos, cuando tiene que criticar alguna obra o paisaje narrativo lo hace con acierto, sin importarle que sea una obra cumbre de la historia de la literatura. Sus intenciones primeras son el lenguaje, la crítica y su única compañera y pasión verdadera: es el arte:

Los ensayos y los artículos de este libro sólo pretenden celebrar el lenguaje y la imaginación. Recordar algunas palabras que me han hecho feliz, algunas obras, algunas imágenes que se niegan a abandonar mi memoria. Pero, sobre todo, me mueve la voluntad de criticar. De criticarlo todo, de estar en desacuerdo con todo, y, a la vez, de sentirme cercano a todo. No soy hombre de relaciones duraderas, a veces a pesar de mí mismo; la única relación permanente que he tenido, y me parece que me acompañará hasta la muerte –si no acabo padeciendo del mal de Alzhimer y olvido todos mis amores y mis odios y todos mis recuerdos- ha sido con el arte (p.13).

Enegildo Peña, Luis Córdova y Máximo Vega.

El título parece ser una exclamación bíblica -como si el autor ahondara un sufrimiento existencial perenne -, pero lo que recoge y eleva es la palabra como refugio de sus hacedores y decires literarios, los cuales se entretejen entre los ensayos y artículos, con una temática que va de lo literario, lo narrativo y lo artístico.  La angustia se hace más evidente, cuando empieza su andanza introductoria, citando la obra El pozo, de uno de sus escritores favoritos: Juan Carlos Onetti. Es como si la literatura fuese su escape libertario para salir de una realidad perturbable, donde solo la imaginación y la creación son sus felicidades.

Desde el primer trabajo, Máximo Vega muestra su calidad y su impronta como ensayista, el cual es también alimentado por sus dotes de narrador. Penetra y en los escondites de los personajes principales y sus autores, para develarnos sus complejidades técnicas, literarias y existenciales.  Prontamente, queda esto evidenciado, cuando comienza a analizar la novela El extranjero de Albert Camus. Contradice algunos juicios de novelistas y autores consagrados del boom latinoamericano, como es el caso de Carlos Fuentes:

Carlos Fuentes dijo una vez que el único compromiso del escritor era el lenguaje y la imaginación. Eso no es cierto. El principal compromiso del escritor es con el ser humano, porque el principal compromiso de toda la actividad humana es con el prójimo. Todos han dicho esto, desde Buda o Jesús, hasta Marx o Gandi. En fin de la literatura no es el lenguaje, sino el ser, como dijo Sartre (p.p. 25-26).

El ensayista Máximo, se inscribe a la literatura como un compromiso con lo humano, independientemente, del florilegio del lenguaje y la estética. Este, después de ver algunas coincidencias y parentescos del Extranjero de Albert Camus, de algunos autores y títulos, introduce un artículo sobre su impresión sobre la obra del autor de la portada de su libro: Sacha Tebó, aprovecha la muerte de este, para reverenciarse ante la obra pictórica y escultórica del maestro haitiano. Rastrea los vestigios heredados de la humanidad para resarcir y resaltar la grandeza creadora del artista, aunque nunca lo conoció personalmente (véase la página 31). Al comentar de manera breve las impresionas sobre las obras de Sacha Tebó, el joven ensayista exhibe un talento natural para la crítica de arte.  Continúa reafirmando sus calidades críticas, aún más en Apuntes sobre el arte contemporáneo, donde cuestiona el modelo y la tendencia facilista y mercantilista de los artistas actuales. El arte coetáneo está en crisis, esa preocupación universal es recuperada por el ensayista Vega, para defender el arte.

Comprometido con la creación como obra de arte y el compromiso individual del artista con su obra. Los juicios emitidos por el autor de El libro de los últimos días, son contundentemente elaborados para que nosotros repensemos y actuemos, ¿a qué es lo que hoy en día les llamamos arte? También cuestionando la indiferencia de los intelectuales con respecto a las artes plásticas (ver la página 37). Termina sobre la crisis de las artes, desde luego, excluyendo la poesía –porque como suelo decir- es la única que la prostitución del mercado no ha podido corromper.  Tal situación es llevada al plano nacional, donde también se sitúa en la crisis por la falta de identidad y de valor artístico, donde la puesta es el sinsentido, el vacío o la nada.

Cuando Vega vuelve a analizar una novela y su autor, lo hace con una agudeza y una profundidad analítica que debe ser reconocida en este ensayo, cosa que no es muy en la crítica actual, más si el escritor es joven (reitero). Con el ensayo El evangelio de Saramago, Máximo confiesa su dote crítico y religioso, haciendo reflexiones y contra-reflexiones sobre el contenido de la novela, resaltando y cuestionando la obra, a pesar de ser uno de sus escritores favoritos. Cuando él analiza una novela lo haces con conciencia de causa, porque es también un novelista -aunque por momentos parece más un crítico que un creador-. De ninguna manera, esto lo desvirtúa, más bien lo engrandece como ensayista y como escritor. Entra en los meandros de la obra como si el autor de la misma le fuera dando algunas claves para descifrar la novela y su complejidad temática, la que es sostenida entre la ficción y la religión católica.

Entre sus ensayos, igualmente introduce artículos sobre poetas y cuentistas. Es decir, hace del cuento una narrativa de la crítica, donde tiene dominio de los personajes, de la trama y de la atmósfera de todo lo contado: convirtiéndose entonces en un narrador de la crítica. Reseña una visita que hizo Virgilio Díaz Grullón al Taller de Narradores de Santiago, por instancia nuestra que fundamos el Taller Literario del Centro Universitario Regional de Santiago (CURSA-UASD), con su nombre en el año 1994. En El pozo de Onetti, Máximo Vega profundiza y contextualiza sus lecturas sobre los grandes novelistas y escritores que él admira y respeta como narrador. Esto es aprovechado por el ensayista para realizar coincidencias y parentescos de algunas obras y autores con El pozo de Onetti (ver las páginas 82-83).   Con este trabajo, Máximo reaparece con un pleno dominico lectoral y crítico, dejando atrás algunos artículos que incluso debieron estar ubicados o agrupados en el segundo capítulo de la obra, para darle así mayor coherencia y temática a sus análisis novelescos y cuentísticos.

Máximo vuelve a su tesis de análisis en su libro, el cual consiste en elaborar y desarmar a los escritores que admira, pero haciéndolo desde una visión de su narratividad. Quizás, el caso más ejemplarizador es cuando se refiere a los cuentos de Manuel del Cabral, -a quien venera como un poeta excepcional- pero lo desarticula como cuentista. Consecuentemente con su formación de cuentista y novelista, Vega penetra en los recovecos de los personajes y su narratividad, para evidenciar la temática y los entramados de los textos y sus autores.

En Luz de Agosto, que Faulkner publicó en 1932, nos plantea cómo en la novela se trata por medio del personaje principal –Joe Christmas-, el complejo y difícil problema de la identidad negada porque ni era negro ni era blanco, entonces era negado por ambas:

La problemática implícita en su mestizaje es elevando a un nivel de tragedia griega. Joe no es ni negro ni blanco, en una sociedad claramente separada. Tiene rasgos físicos de blanco, a pesar de que su piel es levemente oscura, y una prostituta le confiesa que, debido a su color, pensaba que ˝era italiano˝. Es repudiado por los negros, porque parece blanco, cuando debería ser más bien aceptado por ellos, debido a que es victimizado por su negritud. Es rechazado por los blancos que conocen su origen, pero, debido a la idea preconcebida de la «contaminación racial» que tiene la sociedad en la que se desenvuelve –es decir, un individuo que tenga una gota de sangre negra, ya es negro-, él se considera a sí mismo un negro. Esta furiosa búsqueda de la identidad le lleva al fracaso y al homicidio. Asesina a su amante, que lo acoge precisamente porque conoce su origen y lo considera un negro; repudia a todo aquel que está dispuesto a aceptarlo. […] Y, por supuesto, esta reflexión sobre la realidad nos sirve a nosotros para apuntar hacia un problema de identidad dado por el sincretísmo racial (pp. 100-101).

Una-parte-del-publico-que-asistio-al-reconocimiento.-728x410
Una parte del público.

Después de este interesante análisis, revelador de su sagacidad crítica y reflexiva, inicia el segundo capítulo de su libro con Las costumbres estériles, queriendo advertir que lo que continúa son artículos complementarios o adicionales para completar el libro. Están bien escritos, pero no tienen la tenacidad ni la profundidad del primer capítulo. Quizás el título sea provocado porque en este tipo de libro, se estila incluir artículos que fueron escritos para un periódico o un memento meramente referencial y nostálgico para el autor. Es decir, son más producto de un ejercicio periodístico-cultural, que de escritura textual y ensayística.  Es una costumbre histórica hacerlo, estéril, porque se queda en la fugacidad de un periódico y en la prisa de su inmediatez.  El título, más arriba señalado por el autor, es una demostración más de su criticidad hasta con su propia obra, con que no es común tampoco en la crítica dominicana, que sobrevive sobre la base de la sobrevaluación textual y personal (reitero).

En esta parte, el libro contiene 15 artículos -impregnados de una variedad temática-, donde Máximo Vega comenta las obras y sus autores desde distintos ángulos. En ellos, no trata de profundizar críticamente, sino solo dar su opinión con respecto a algunos de estos, donde inserta algunas paradojas:

Álvaro Mutis no es un gran escritor, pero es un buen escritor. […] Es evidente que Álvaro Mutis no es de mis escritores preferidos. Empecé a leer este libro para tratar de vencer mi rechazo, un poco testarudo, inexorable, hacia sus novelas y su poesía, pero su posición ante la realidad me ha desarmado. Sus declaraciones literarias, históricas y políticas son demasiadas egoístas» (pp. 106-107).

Máximo Vega es un joven cuentista y novelista, que se valió de su condición escritural para analizar algunas obras y sus autores (reitero), apoderándose básicamente de sus ansias y criterios literarios y estéticos. Asienta y eleva más su criticidad en el cuento y la novela, que en los de la poesía o los artículos referenciales o conmemorativos. Otro acierto, que encontramos en el autor, son sus ensayos y artículos que hacen referencias a la crítica de arte y a la cultura, sírvase de ejemplo, el de Belié Belcán donde trata algunos de los aspectos mágicos-religiosos de la cultura popular dominicana: haciendo reflexiones aclaratorias y atinadas, de una parte de la realidad cultural nuestra, -que la mayoría de las veces es negada por su decencia africana y popular – desde el punto de vista estatal y de la élite burguesa e intelectual de la nación:

Siempre he sentido curiosidad por aquella pintura religioso de san Miguel arcángel luchando contra el diablo, desde la primera vez que la vi, en mi infancia, en la pared de la habitación de mi abuela. San Miguel, que en nuestra santería popular es Delié Belcán, en esa pintura lucha contra un diablo negro con alas de vampiro. Bueno, más bien no lucho contra él, sino que lo tiene maniatado mientras levanta su espada para asestarle lo que suponemos será la estocada definitiva. […] Siempre me ha parecido curioso el hecho de que una creencia heredada de los esclavos traídos de África (aunque en principio venida del catolicismo, antes aún del cristianismo), no se percatara de que esa alusión tan directa a una diferencia (a una desigualdad, mejor dicha) racial. Al mismo tiempo, en otra pintura de la religiosidad popular, san Santiago (Ogún Balenyó) es un cruzado que pisa con su caballo blanco los cadáveres de los moros negros tirados en su camino (p. 125).

Continúa Máximo reflexionando sobre lo nuestro, para eso utiliza ahora la figura histórica del cacique Caonabó, donde plantea su posible descendencia y cómo fue utilizado y asesinado por el sanguinario Imperio Colonial Español:

Caonabó murió ahogado en un viaje a España, acompañado de 600 esclavos cibaeños que eran trasladados por Cristóbal Colón hacia la corona, para la Reina Benefactora se sorprendiera con los esos seres extraños que había encontrado en estos paraísos tropicales, y que merecían ser esclavizados, puesto que no tenían alma. El barco naufragó en alta mar, durante una tormenta. Luego murió calcinado Hatuey; hay una larga lista de mártires hasta llegar a Narcisazo (p.132).

Es incuestionable la preocupación permanente que tiene el autor de El libro de los últimos días, sobre las realidades de nuestras identidades culturales y raciales, las cuales se manifiestan a través de nuestro historial como pueblo, en la búsqueda de lo que somos como cultura, raza y nación:

Más de una vez se confunde la raza con la cultura. No solamente la racialidad, sino simplemente el color de la piel con la cultura. Se piensa, por ejemplo, que un negro debe sentirse unido culturalmente a todos los demás negros. Esa forma de pensar, que es propia incluso de muchas personas de piel negra, se encuentra basada en el racismo. Una cosa es la raza, que es una condición biológica, genética, y otra la cultura. En ese sentido, existen variaciones culturales importan-tes que explican más o menos lo que queremos decir: no todos los musulmanes son árabes, por ejemplo. Los iraníes no son árabes, sino persas, y son musulmanes. Muchos iraquíes son árabes, otros no, y son musulmanes. Somalia es un país africano racialmente negro, pero es de mayoría musulmana. Los libios son africanos, y son árabes y musulmanes, y no son negros. Turquía es un país de mayoría musulmana, con una minoría étnica árabe y cuerda, pero Turquía es un país europeo. […] La importancia que tiene la raza, el color de la piel, en la civilización occidental, tiene su origen en los imperialismos europeos. A medida que un individuo era racialmente más oscuro, se pensaba que al mismo tiempo era inferior. Esto, por supuesto, excusaba la esclavitud y la discriminación racial. De acuerdo a las leyes de Indias, en América había diferentes clasificaciones para los mestizos: segundones, tercerones, cuarterones. […] En nuestra civilización, el color de la piel tiene una importancia exagerada, como ha sucedido pocas veces anteriormente con otras civilizaciones multiétnicas y multiculturales. Los dominicanos no somos africanos. Debido al rechazo que existen en algunos estamentos del poder de nuestro país hacia africanidad negra, esta afirmación tan rotunda podría aparentar una toma de posición desde la acera del frente, desde el punto de vista de los que nos consideran un país de gente blanca y de una cultura española. No es así. Auspiciados por el dictador Rafael Leonidas Trujillo, Joaquín Balaguer y Manuel Arturo Peña Batlle trataron de convencernos de que éste era, o debía ser, un país de blancos. Evidentemente, salir a la calle nos demuestra lo contra-rio. Sin embargo, éste es un país sincrético, una mezcla de varias culturas, a pesar de que un sector de la vida nacional desprecia su propia negritud, nuestro pasado esclavo africano. Se ha llegado a decir que este es un país de negros que se cree blanco (pp.135-136-137).

En este libro de Vega, hay un eje transversal que va acicalando toda su estructura del pensar, sobre los temas literarios, artísticos y culturales.  Es un libro que, desde su publicación, debió recibir algún tipo de comentario en la prensa local o nacional, pero no fue así, porque carecemos de un verdadero periodismo cultural, donde la inmediatez y la farándula son las que ocupan las páginas sociales de nuestros periódicos y canales de televisión. ¿Para qué escribe un escritor dominicano, para la indiferencia, la ingratitud, y el olvido? Aunque regalamos nuestros libros, nadie nos lee, pero mucho menos, nadie nos hace ni siguiera una reseña o un cometario: ¿vale la pena seguir escribiendo en un país así? Ya ni nosotros mismos nos leemos. Y, tantos periodistas autollamándose escritores, cuando en su práctica cotidiana demuestran que ni siguiera periodistas son.