¿Carretera? es la eterna silente, la sufrida, la que verdaderamente todo lo aguanta todo lo soporta.

En el cuento la mujer, del expresidente y escritor dominicano Juan Bosch, el autor nos hace una alegoría entre la mujer y la carretera, donde esta última es constantemente personificada y la primera adquiere esas características inertes que hacen la esencia de la carretera.

Juan Bosch, desde mi punto de vista, quiso traspolar las cualidades de la carretera, una carretera inmóvil, una carretera que se quema por el sol pero espera la noche para enfriarse y ver si cae un poco de agua que pueda quitar la sed que le deja exhausta al final de una jornada (si es que tiene final), una jornada en la cual todos le pasan por encima, todos la pisotean, todos la escupen, una jornada donde no es más que nada ni nadie. Todos pasan por ella, pero ella no pasa por nadie, como dice una interesante adivinanza de mi infancia.

Juan Bosch, en su juventud.

Que irónico es que algo que una, divida

La mujer del cuento y de esa época era similar a una carretera, la utilizaban, la quemaba el sol mientras buscaba alimento o el sustento de su familia, quedaba exhausta al final de su jornada (si es que tenía final su jornada), hacían lo que en gana se le viniera con ella y peor aún ese ser que unía se convertía en un gran abismo entre el hombre y la sociedad.

La carretera esperaba la noche para poder tomar un respiro y lo hacía, hasta que de repente pasaba quien espantara tan esperado sueño y pues no podía volver a dormir porque cuando quería hacerlo algo más pasaba y tenia que volver a despertarse. También de esta forma sufría la mujer cuando tenía quizás que esperar a su marido borracho para preguntarle que quería cenar. Esta no podía dormir porque cuando intentaba tomar el sueño llegaba aquel asqueante hombre vociferando y hablando cuantas babosadas le viniera a la mente; Y que ni pensase la mujer que se iba alterar, porque podía repetirse el ciclo de aquel maltrato injustificado por un Calisto que supuestamente amaba a su Melibea.  Y traigo estos 2 nombres a colación porque era un amor bello, un amor esperanzador, un amor súbito, pero que se fue convirtiendo poco a poco en una decepción, en una simple relación hasta llegar al punto de la desgracia.

Cuantas mujeres en la actualidad son esa carretera, esa silente planicie que golpea el sol, que ahoga la lluvia y que pisotea la gente. La carretera es fuerte, rígida, pero, con el tiempo se deteriora, con el pasar de los años cede y no puede seguir siendo fuerte hasta que se llena de agujeros que acumulan agua, suciedad, ocasionando que pocos quieran pasar por ella, llegando hasta al borde de sentirse en la soledad y debe aceptarse tal cual es para que sigan pasando por ella. La mujer también es fuerte, pero llega un punto donde el maltrato hace que esta se dé por vencida y deba ceder, y se llene de agujeros, de suciedad mental, espiritual y corporal. Esa suciedad hace que esta se aísle de los demás, pero al igual que la carretera eso hace que se sienta sola y tenga que aceptarse tal cual es para que esos que la rechazan la acepten y puedan hacerle tantísima compañía antes de su colapso total.

Quien le hace daño a la carretera no sabe que también daña a quienes le acompañan en su sufrimiento eterno: los árboles, las casas, y otros elementos que acompañan a la carretera. Así mismo cuando se le hace daño a una mujer, se daña a quienes la aman, a quienes están a su lado haciendo que quizás entre en razón y pueda salir de ese círculo vicioso en que está envuelta por culpa de quien la esté dañando en esos momentos.

La mujer y la carretera, 2 elementos desglosados a lo largo de este análisis comparativo nos otorgan otros puntos vista de este maravilloso cuento, invito a todos los lectores a prestarle atención a estos elementos que parecen insignificantes dentro la historia, porque a veces son estos elementos los que le dan sentido a la misma.