OLIMPO-2

Olimpo.

Para el poeta, artista y escritor Victor Hugo la constelación simbólica apela al llamado de la tradición helenística y romana del mito y el epos sugiriéndose de esta suerte, un cuadro o foco inicial que asegura el valor del signo-símbolo poético en la gran tradición occidental:

“Una gran montaña cubre el horizonte de los hombres;

Es el Olimpo. No hay cielo. Así es la sombra donde estamos.

El orgullo, la feroz voluptuosidad lasciva,

Los combates que sacuden con relámpagos convulsivos,

Venus desnuda, espantosa, espléndida y sombría,

El crimen, llamado Marte, el robo, llamado Mercurio,

El incesto que sonríe, embriagado, al himeneo,

El parricidio que tiene el negro trueno en sus manos…” (op.cit.p.109)

La fluencia del mito como efecto en el poema romántico proviene del concepto de origen y de la cepa mitológica propiciadora de los poderes divinos en la tierra:

“Plutón que siempre está lívido con la aureola del infierno,

Neptuno el loco inmenso, víctima del vago Eolo,

Júpiter tempestuoso, Diana, de ojos traicioneros,

Frentes de meteoros que se entrevén en el éter,

Habitan en esta cumbre; y todo lo que el augurio,

El flamen romano inventa, cree y hace imaginar,

Cuida con veneración en Corinto, Syena y Pafos…”

(p.109).

Pero el Olimpo se ha transformado también en un espacio para la disputa entre deidades, como se sugiere en el bloque poético anterior basado en la tradición grecorromana:

“Los dioses han comenzado sus dramáticas disputas…”

(p.114).

La alegoría del esfuerzo (p.118) es la que reproduce simbólicamente la representación cíclica de la tierra, sus elementos y sus fragmentos. Las diversas movilidades míticas luchan aquí contra toda oscuridad y el poema expande los puntos fuertes y complementarios del mito-signo y el mito-símbolo:

"Todo empuja hacia adelante a este abismo, y dice: ¡Vamos!

Y helo aquí, extraviado bajo fúnebres montones,

Removiendo los granitos, las miasmas, las tinieblas,

Y toda la oscuridad del resplandeciente Olimpo.

De vez en cuando se para, aguza el oído y oye

A los dioses que se ríen y a la tierra que solloza.

¡Triste ruido!”

(p.119)

El texto poético se estructura en su fase polifónica y plural, siendo así que los símbolos "hablan" el contenido épico-dramático de la historia cósmica y mitológica, a través de un cuadraje narrativo-poético de alta resonancia testimonial:

“Boca abajo, al igual que la pantera,

Se aventura y entrevé lo que apenas tiene nombre.

Ahora no es prisionero; ¿quizás se ha escapado? No.

¿Dónde huir, si tienen todo? ¡Oh, qué amargo pensamiento!

Vuelve a centrar en las entrañas sagradas de la Madre tierra” (Ibídem.)

Evocación, giros de pensamiento, preguntas, respuestas poéticas y exclamaciones se conforman desde la voz y la escritura del poeta. De esta manera el poema sigue su siembra romántica de metáforas, metonimias, exclamaciones, epítetos y otras figuras, mediante paisajes que conforman el universo épico-lírico del romanticismo francés y europeo en general:

“Encantamiento. Negrura. Tumba. Bloques que le sofocan.

¡Y pensar que aquellos dioses están arriba triunfantes!

¡Y que la tierra lo es todo, y que se la han adueñado!

Aun la sombra le parece que es hostil y refractaria.”

(p.119).

Es importante establecer en esta etapa de nuestro ensayo que el criterio de interpretación y comprensión de la poética lírica, mítica y épica de Victor Hugo se revela a partir de los siguientes ejes del poema:

  • El texto-base
  • El ritmo-sentido del verso de arte mayor
  • El bloque estrófico
  • La conformación temática infusa
  • La conformación temática difusa
  • La travesía iniciática y simbólica
  • La constante fuerza imaginaria de la historia
  • La construcción dramática y polifónica del texto poético
  • La relación mito-símbolo en el espacio del poema
  • El perfil alegórico-épico del poema
  • La frecuencia temática axial
  • La unidad estilística del verso
  • El recorrido místico y antropológico del poema
  • La consumación mitohermética del poema
  • El eje centrípeto del poema
  • El eje centrífugo del poema

Estos ejes particularizadores y generalizadores, crean posibilidades complementarias que conducen a la dialogía, la dicción expresiva y al poema extendido como polilogos o suma de razones poético-discursivas.

Los dieciséis ejes que conforman la estructura-función de La leyenda de los siglos, perfilan un sentido que, en proceso, marcan la condición subjetiva o el marco de subjetividad de la escritura poética. Utilizando así, toda la travesía que se establece desde Los caballeros andantes (pp. 133-196) conformada por sus 18 bloques estróficos y Los tronos de Oriente (pp. 199-208), conformada por 5 bloques estróficos con versos de arte mayor (pp.211-235) y constituido por 16 bloques con versos de arte mayor, alejandrinos, son  asimilados a un ritmo cuyo soporte poético-narrativo genera el dinamismo épico del verso.

En La Rosa de la infanta (pp. 265-272), el relato crea su propia dramaturgia romántico-simbólica, a partir de posiciones vocálico-consonánticas que estructuran el plano de superficie y el plano de profundidad del poema. El núcleo o foco sintáctico-poético impone el marco de construcción inicial, mediante los doce (12) narratemas que articulan el registro de dicha parte.

El relato poético instruido y construido por el cuadro posicional de inicio aspira al registro épico y temático:

"La infanta es muy pequeñita; una dueña la vigila.

Tiene una rosa en la mano, y parece estar mirando.

¿Qué es lo que estará mirando? No sabe. Quizás el agua;

Un estanque ensombrecido por los pinos y abedules;

Lo que está delante de ella, un cisne de blancas alas,

Las aguas balanceadas por la canción de las ramas,

Quizás el jardín profundo, tan radiante y tan florido.

Este hermoso ángel parece como amasado en la nieve.

Se apercibe un gran palacio como al fondo de una gloria,

Un parque, claros viveros en los que las ciervas beben,

Pavos reales de estrellas en el bosque exuberante.

Brilla en ella la inocencia como segunda blancura;

Y todas sus gracias forman como un haz que palpitara.

Alrededor de esta niña parece que hasta la hierba

Está llena de rubíes y de diamantes muy finos;

De las bocas de delfines brotan chorros de zafiros.

Ella está al borde del agua….

(p.265).

Lo que impulsa el peligro o locus seminal induce por contraste al brote angélico o factum maravilloso, donde un hervidero de entidades naturales se recombinan en la sintagmática poético-narrativa que fija el contenido-expresión como predominante estético-verbal.

Pero la definición del cuerpo social también aparece en la jerarquización como crítica al poder establecida por el poeta:

“Es el Rey; es el mismo hombre en quién vive y tiembla el reino,

Si alguno pudiera ver lo que mira este fantasma

De pie en ese mismo instante con la espalda contra el muro,

Lo que se apercibiría en aquel tétrico abismo,

No es la niña, ni el jardín, ni el agua tornasolada

Reflejando el cielo de oro de un grandioso atardecer,

Ni los bosques, ni los pájaros que entre sí se picotean,

No: en el fondo de ese ojo, vidrioso como las ondas…”

(p.267).

Entonces la afirmación temporal del topos predomina en la significación figural de la estructura sinestésica de la Leyenda de los siglos… y del retrato de lo elementos y la constitución especifica del poema:

Bajo esas fatales cejas que incapacitan la sonda

De aquella pupila igual que en el océano profundo,

Lo que se distinguirá, cual espejismo movible,

Es un vuelo de bajeles dispersados por el viento,

Y en la espuma, bajo estrellas, con el pliegue de las olas,

El inmenso retemblor de una armada a toda vela…”

(p.267).

Y más adelante, la comparación por contraste se enuncia en el tejido estrófico mediante el verso o narratema taxativo:

"Carlos fue el buitre, Felipe el búho”.

(p.269).

Victor Hugo justifica el anclaje y el relevo de una política de la historia, el personaje y el foco temático. Pero el rey:

“¿Acaso no es el señor al que nadie contradice?

(p.270).

El ritual y la cardinal de sentido sufren la impostación que refiere y remite al foco de comienzo como crítica del mito y sus elementos expresivos:

“La infanta sigue teniendo su rosa con gravedad…

De repente sopla el viento…

Cual céfiro tumultuoso rozando en el horizonte,

Perturba el agua, estremece los juncos y hace vibrar

A los lejanos macizos de los mirtos y gamones,

Llega a la niña tranquila, y, de un aletazo brusco,

Rápido, y sacudiendo incluso el árbol cercano,

Deshoja sin miramientos sobre el estanque la flor…”

(p.271).

Así pues, podemos decir mucho más sobre esta poética fluida del gran poeta francés, habida cuenta de sus valores poéticos nucleares y sugerentes de su lenguaje poético.

Diana_of_Versailles

Diana of Versailles.

JUPITER-2

Júpiter.

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Neptuno, dios del mar.