Que la instalación del fallecido artista Jorge Pineda, Maniquí de adolescente embarazada, en el marco de la 30ª Bienal Nacional de Artes Visuales 2023, haya tenido en diferentes espectadores interpretaciones encontradas, trae a colación que la representación “objetiva”, tanto de las cosas como de los acontecimientos, existe, indudablemente, en el entramado ideológico de la lengua y la multiplicidad de sus referentes. De ahí que las categorías conceptuales utilizadas por el público en sus comentarios y por los expertos críticos o analistas de una obra, se correspondan, consciente o inconscientemente, con sus posicionamientos en el vasto mundo de las ideas.

Bien visto el punto, que los científicos se disputen un mismo experimento, los historiadores sostengan diferentes narrativas sobre idénticos sucesos, o que los lectores califiquen “la noche buena se viene”, frase expuesta en mi novela Voces de Tomasina Rosario, como un trozo pornográfico, conlleva a preguntarnos lo siguiente: ¿acaso la realidad es multifacética a partir de la realidad en sí, o la es a partir de la interpretación que le atribuye el sujeto? En tal sentido, ¿por qué para una franja del conglomerado social, la muestra artística de una adolescente embarazada con su uniforme escolar deviene en una propuesta censurable?

Dada la imposibilidad de un acto “puro” de la percepción, tanto el artista como el observador recurren a la construcción de un determinado discurso que va más allá, trasciende, lo que material o físicamente vemos. De ahí que la obra de Pineda haya sido interpretada por un colectivo social en términos de una denuncia respecto al embarazo adolescente, mientras que para otro la propuesta contribuye a incentivarlo. No obstante, a pesar de la disimilitud de las dos versiones, ambas apuntalan el trasfondo social y cultural de nuestro tiempo.

Instalación de Jorge Pineda.

Ahora bien, en el contexto de las desigualdades sociales y la pobreza integral, ¿cuál de las dos interpretaciones sería, en términos del objeto ideológicamente construido, la de mayor discernimiento relativo al diagnóstico de un país avasallado por el embarazo temprano? De hecho, la narrativa liberal podría  deconstruir la narrativa conservadora que ha cuestionado la susodicha instalación. Pero de igual manera la narrativa conservadora podría  deconstruir la narrativa liberal que ha ponderado la misma creación artística.

Pero si proclamamos que la realidad es multifacética a partir de la interpretación diferenciada que le atribuye el sujeto, social o colectivo, tendríamos que apelar, forzosamente, a los múltiples referentes ideológicos a que está sometido dicho sujeto. En todo caso, ¿cuál sería de las dos versiones en conflicto la única a escoger en el caso Pineda? Obviamente, la circularidad del método deconstructivista no alcanza para solucionar conceptualmente el problema. Y ello así, en virtud de que las antípodas José Francisco Peña Gómez y el Abogado del Diablo, en Voces de Tomasina Rosario, convendrían, ambos, en héroes o villanos.

 

Luis Ernesto Mejía en Acento.com.do