Helena, novela del brasileño Joaquim Machado de Assis (1839-1908), se publicó en 1876 fecha que coincide con el reinado del portugués Pedro II, que gobernó el país desde 1825 hasta 1891. En ese largo periodo, en que la monarquía afrontó guerras civiles, sancionó la Ley de tierras que dejaba sin medios de vida a los más pobres, ya fueran blancos, mulatos, negros o esclavos, y llegó a abolir la esclavitud. Este régimen que, precisamente, había basado su economía en la esclavitud, permitió mantener el control del país a la antigua oligarquía rural.

Machado de Assis nos sitúa en 1850. Se vivía entonces un periodo de tensión en el que las clases privilegiadas de hacendados y funcionarios, con el apoyo de la Iglesia, pretendían ascender socialmente. Su propósito, como se pone en evidencia en la ficción, era consolidar la nación invitando a los hijos de las élites a implicarse en las decisiones políticas y afianzar así una institucionalidad. El matrimonio sería uno de esos vínculos entre familias para consolidar los lazos y medrar entre los círculos de poder.

En ese escenario surge Helena, hija ilegítima del consejero Vale, que fallece precisamente en 1850, dejándole en herencia gran parte de su fortuna. La aparición inesperada de esta joven de diecisiete años pone alerta a las amistades del difunto, como el doctor Camargo, quien desea formalizar la relación entre su hija Eugenia y Estacio, el hijo legítimo de Vale.

Joaquim Machado de Assis.

Lo que se aborda en esta novela, alimentada por el espíritu romántico, son las fuerzas de la naturaleza que conspiran contra costumbres que pretenden fijar un orden social. A la ilegitimidad de Helena se suma la oscuridad sobre sus orígenes, ya que nada se sabe de la madre, como tampoco se comprenden algunas de sus actitudes. La tensión narrativa se intensifica con las misteriosas visitas de Helena a una casa humilde y con sus silencios sobre ciertas cartas que recibe. Así, a medida que transcurre la historia, caen sobre ella sombras de duda. Si, en principio, su belleza, su inteligencia y sus cualidades morales iluminan la casa que la acoge, al final sus secretos la ponen bajo sospecha.

El tópico del incesto y la oscuridad del deseo, alrededor del cual gira la trama de esta obra, es un tema romántico. Pensemos en Mathilda, de Mary Shelley, donde nace una relación tabú entre el padre y la hija, o en la propia María, de Jorge Isaacs, cuyos enamorados se enfrentan al obstáculo de haber crecido como hermanos. Sin embargo, el autor da una vuelta de tuerca a la historia de amor, ofreciendo un análisis de la situación y de los personajes con una agudeza sorprendente. La voz narrativa cuestiona, enfrenta posturas, matiza las situaciones dramáticas y marca distancia con respecto a los protagonistas. El medio que los rodea apenas se insinúa, ofreciendo detalles sobre la forma de vida, el sistema político, o las ambiciones personales. De los esclavos llegan melancólicos acordes, que perturban, pero no invitan a la rebelión. Entendemos, sin embargo, los abismos entre las clases sociales: por un lado miseria, donde las gentes deben renunciar a lo que más aman; por otro lado, riqueza de quienes se resisten a admitir a una criatura de oscuros orígenes.

El amor que podría redimir a los seres humanos y permitir la unión entre distintas clases, se convierte en Helena en un obstáculo. Estos abismos fomentan las relaciones clandestinas y crean situaciones confusas. La oscuridad que persigue a la joven emana de las dudas de su hermano Estacio, quien se acaba enamorando de ella. A juicio del cura, este atroz sentimiento desvía al joven de la ley social y religiosa. Pero Helena, por sus cualidades, sería una digna hija de familia, capacitada para cumplir un papel en cualquier hogar de elevados valores morales. Su hermano Estacio, por el contrario, se convierte en un ser ruin, que lleva al límite a la joven, hasta arrancarle el misterio de sus orígenes. Machado de Assis enfrenta así lo legítimo y lo ilegítimo para concluir que la ilegitimidad no reside en la muchacha, sino en el amor que siente su hermano por ella.

Helena, de Joaquim Machado de Assis.

Pero de lo que se trata aquí es de la consolidación del país y de la marcha de la sociedad, acorde con la religión y las fórmulas sociales que proscriben las relaciones clandestinas y los hijos ilegítimos. La balanza no se equilibra ni siquiera cuando se revelan los verdaderos orígenes de la joven, quien no es realmente hermana de Estacio. El problema es la miseria del padre real de Helena que tuvo que renunciar al amor de la hija para protegerla. No es una cuestión de índole moral, sino económica, ya que la familia del médico Camargo necesita casar a su hija con Estacio para ascender en la escala social.

Como tantas veces en la novela Latinoamérica, la alegoría de la patria se encarna en una mujer de altas cualidades morales pero que, en este caso, es ilegítima. La heroína, pese a ser aceptada al final por la familia, mantiene su dignidad, renunciando a la limosna que le ofrece una sociedad construida, contra natura, sobre la esclavitud y que condena a la miseria a quienes sólo pretenden trabajar, como su verdadero padre.

Consuelo Triviño Anzola en Acento.com.do

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