La literatura ha sido considerada desde sus inicios, como la mímesis de la realidad plasmada a través de la pluma de sus escritores. Este factor le otorga la posibilidad de denunciar un fenómeno social, entretener al lector y también dar  un consejo de vida a través de la interpretación que haga el lector.

En este punto es conveniente hablar del escritor, Decano de Letras y profesor por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Gerardo Roa Ogando, autor de numerosos ensayos, la obra literaria “El regreso de Justin” considerada por la crítica, como un avance en la forma de narrar el diario vivir de la zona rural y una colección de cuentos donde destacaremos “ La última gota” como la pieza clave para rescatar este comentario.

En esta narración el autor nos pone en contacto con dos sujetos de mundos muy distintos, pero con un elemento en común; la soledad. Por un lado tenemos a Orondo, una garrapata que habita en un toro negro, que casualmente pertenece a nuestro segundo personaje. Por otro lado tenemos a Don Aquilino Roa, quien no tiene más en el mundo que su viejo y negro animal. Por desdicha para ambos, el toro resulta ser una víctima de la peste que reinaba siete meses antes, lo que afecta de manera directa y trágica a ambos personajes.

En lo alusivo a la literalidad, vemos como Roa utiliza estos recursos estilísticos para enfatizar ciertos puntos y hacer posible que el lector pueda imaginar con claridad el ambiente que rodea a los personajes e inclusive las características que componen su descripción.

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Del mismo modo y en lo que respecta a los personajes, podemos decir que tanto la garrapata como Don Aquilino son los personajes principales de la historia. Estos seres comparten su soledad, comparten el bovino de negra piel, pero difieren en algo y es su forma de querer y percibir el animal. En Orondo, vemos un claro ejemplo del tipo de persona que tiene todo cuando puede necesitar, pero nunca está conforme y se mantiene demostrando su inconformidad. Por su parte Don Aquilino representa a la persona preocupada por quienes están a su lado y aún perdiendo mucho en la vida, pone a un lado su salud para ocuparse de los demás.

En lo referente a la voz narradora utilizada por el autor, para ponernos en contacto con la historia, se puede aseverar que ha utilizado el narrador externo heterodiegético, ya que cuenta los hechos desde la posición de espectador, sin mezclarse en la historia, ni en los pensamientos o los  sentimientos de los personajes.  Este tipo de narrador que nos ofrece la pluma de Roa, nos otorga un espacio como lectores, para poder analizar el comportamiento de los personajes desde nuestra percepción.

La forma en que un autor redacta sus escritos es un tema de gran importancia y es por ello que no puede ser pasada por alto en este comentario. En ese sentido se puede argumentar que el autor se ha valido de oraciones compuestas y frases para redactar en la mayor parte de este relato.

En lo concerniente al estilo de la narración, a simple vista podría decirse que es lineal, pero más adelante se evidencia que no es así. El autor juega con el orden temporal de la narración trasladándonos del presente al pasado y nuevamente al presente, con el objetivo de captar toda la atención del lector a través de la misteriosa escena, lo que convierte el texto en catafórico- anafórico. Otro punto importante a destacar y también con el objetivo de captar toda la atención del lector son las técnicas que utiliza el autor. En un primer momento vemos cómo utiliza la técnica de anticipación, para contarnos que la vida y suerte de Orondo no están a salvo. Con esta técnica el autor logra que el lector se mantenga alerta ante cualquier circunstancia que pueda manifestarse en contra de Orondo y con esto asegura toda su atención en los párrafos siguientes.

Más adelante utiliza la técnica de omisión cuando presenta de manera esporádica la muerte de la garrapata, pero omitiendo qué la asesinó. Con esta técnica introduce el misterio a la narración y aumenta la curiosidad del lector por descifrar los hechos. Finalmente utiliza la técnica de ampliación para explicar el cómo y porqué de los hechos, lo que da al lector la oportunidad de conocer lo realmente sucedido y a la vez la oportunidad de analizar qué tan cierta o errada estuvo la idea que tenía del final de la historia y el desenlace que proporciona el autor.

A mí entender el mensaje es muy reflexivo y nos invita a valorar lo poco o mucho que tenemos. También considero que nos hace un llamado a reflexionar si el tipo de amigos que nos rodea es como Don aquilino Roa  o estamos rodeados de Orondo que está feliz, mientras lo extraen, pero una vez que el beneficio se agota, la amistad se esfuma y termina por ser el culpable de sus desgracias.

Un punto que llamó mucho mi atención y que quisiera resaltar, es la utilización irónica del número siete en relación a lo que cuenta la narración y lo que establecen las tradiciones. En diversas zonas del mundo incluyendo la República Dominicana, el siete es considerado como un símbolo de buena suerte, más en la historia que nos presenta Gerardo Roa Ogando podemos verlo en la mayoría de las ocasiones como elemento en común que tienen los hechos tristes de la historia; siete golpes en el pecho para confirmar que estaba vivo, siete meses antes del nuevo ataque ocurrió la gran catástrofe que acabó con los animales, que curiosamente eran siete y la familia de Don aquilino, que constituían siete integrantes con él. Por si todo esto fuese poco, los hechos acontecieron un siete de junio. Además se mencionan los siete pies de altura del caballero, las siete gotas de sangre que salían de su nariz y los siete minutos que tardó en morir, lo que nos lleva a preguntarnos; ¿Será realmente el número siete un símbolo de la buena suerte o será que tras esta tradición se esconde algún misterio?