Hoy martes, 3 de octubre de 2023, celebra su XX aniversario el Centro León y me complace reproducir el artículo que escribí, en este mismo medio, hace cinco años, cuando cumplió el XV aniversario:

Hoy miércoles, 3 de octubre, es un día de regocijo en la cultura dominicana, pues cumple 15 años el Centro León, definido por sus fundadores como “un espacio concebido para la creatividad, la investigación, el encuentro y el disfrute de todos los públicos, dominicanos y extranjeros. Su misión es la de preservar, fortalecer y difundir los múltiples valores y elementos que se conjugan en el arte y la cultura de la República Dominicana y el Caribe”.

Inaugurado el día del centenario de La Aurora (empresa embrionaria del Grupo León Jimenes, establecida el 3 de octubre de 1903), en sus tres lustros de operaciones, el Centro León ha articulado programas educativos, de animación sociocultural, investigativos, informativos y expositivos en torno a la dominicanidad dentro de su contexto caribeño, orientados a convertir al arte, la cultura y el medio ambiente, en componentes esenciales del desarrollo comunitario y del fortalecimiento de la creatividad, la identidad y la habitabilidad.

El mismo día en que inauguró el Centro León, la Fundación Eduardo León Jimenes inició las transmisiones de su radiodifusora cultural Raíces, que, por tanto, también está cumpliendo 15 años.

El origen del Centro León se remonta al deseo manifestado por los hermanos León Asensio de construir un museo que albergara la colección que iría conformándose con las obras premiadas en el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes desde su primera edición en 1964, el cual ya tiene 54 años y 27 ediciones, constituyendo el certamen artístico de iniciativa privada de más larga data en América Latina.

Me gustaría resaltar uno de los aciertos que, a través de su historia, ha tenido el concurso, como lo fue ampliar su abanico de categorías, que en sus primeras diecisiete ediciones eran solamente pintura, dibujo y escultura, pero que a partir de la edición XVIII, celebrada en 2000, se abrió a otras categorías, como la fotografía. En las tres primeras ediciones de esta nueva etapa (años 2000, 2002 y 2004), había un Gran Premio y siete premios igualitarios sin distinción de categoría. En esas tres ediciones, recibieron premios 10 fotografías, 5 dibujos, 3 instalaciones, 2 esculturas, 2 pinturas y un video. Algunos pintores, dibujantes y escultores no estuvieron contentos con esta primacía de la fotografía, pero parece que olvidaron que, en sus primeras diecisiete ediciones (de 1964 a 1998, inclusive), cuando el concurso sólo aceptaba las tres categorías tradicionales con las que se inició, los premios fueron otorgados a 62 pinturas, 44 dibujos y 35 esculturas.

Para su edición XXIII (celebrada en 2010), el concurso cambió radicalmente su estructura, al establecer nuevas bases, entre cuyos avances podemos recordar (tal como le declaré a José Rafael Sosa en El Nacional el 24 de octubre de 2009) los siguientes:

  • Se evitará que siga descendiendo la cantidad de artistas participantes, descenso que se atribuye, entre otras razones, a que los artistas tenían que invertir dinero y tiempo en realizar obras que, en su mayoría, no eran admitidas al concurso por el jurado de selección, y si eran admitidas, no eran premiadas (lo que además implicaba dos viajes a Santiago: uno para llevar las obras y otro para ir a buscarlas). Ahora los artistas presentarán un dossier que puede contener fichas de obras ya terminadas (pero inéditas) y/o propuestas de proyectos de obras por ejecutar.
  • Con el dossier el jurado podrá tener un mejor conocimiento del trabajo y la trayectoria del artista y podrá hacer una mejor evaluación de su propuesta.
  • El dossier puede ser entregado en Santo Domingo sin que el artista tenga que dar un viaje a Santiago, como antes.
  • Al unificar en un solo jurado los procesos de selección y de premiación, se evitarían las quejas de anteriores ediciones del concurso de que el jurado de premiación estaba limitado por una previa imposición del jurado de selección y lo desconsideraba al declarar desiertos premios en categorías donde el jurado de selección había admitido obras.  
  • Los artistas seleccionados recibirán del jurado recomendaciones para la realización de los proyectos de obras por ejecutar. A los proyectos se les dará seguimiento curatorial y ayuda financiera para su realización.  
  • Los premios serán igualitarios, sin distinción de categorías, teniendo los artistas la libertad de expresarse en cualquiera de las manifestaciones artísticas contemporáneas, o cualquier combinación de estas, sin distinción de técnicas ni medios.
  • Se incorpora el performance junto a las demás manifestaciones artísticas.
  • El concurso enfatiza como sus tres objetivos primordiales:
  1. Estimular las expresiones y prácticas artísticas contemporáneas.
  1. Potenciar el rol del arte como articulador de relaciones sociales.
  1. Fomentar el arte como herramienta del pensamiento crítico en los artistas y sus públicos

En la presente XXVII edición, el concurso comprende cuatro dimensiones:

Dimensión Crítica e Investigación: Promueve la realización de textos críticos sobre los procesos de producción de los artistas y sobre el concurso y su historia.

Dimensión Curaduría: Proceso de acompañamiento curatorial a los artistas seleccionados, apoyándolos en la producción y montaje de las obras, a fin de alcanzar su máximo potencial.

Dimensión Caribe: Otorga una residencia a un artista de la región para producir obras en el Centro León, que serán expuestas fuera de competencia.

Dimensión Móvil: Creación de proyectos de arte público realizados por artistas fuera de competencia.

Como dato histórico y anecdótico, se recuerda que, después de celebrar sus primeras siete ediciones con periodicidad anual entre 1964 y 1971 (con excepción de 1965 a causa de la Revolución de Abril), la octava edición, convocada para celebrarse en noviembre de 1972, se suspendió debido a la pobre participación de artistas, “producto de un boicot artístico que le sustrajo la participación de los creadores consagrados”, según apunta Jeannette Miller en la página 86 de su libro Historia de la pintura dominicana (Amigo del Hogar, Santo Domingo, 1979), como consecuencia de lo ocurrido el año anterior, cuando, en la apertura de la VII edición del concurso, “durante la lectura del veredicto, se produjo un clima de agitación provocado por la mayoría de los jóvenes participantes, quienes pretendieron desordenar la muestra, descolgando las obras en señal de protesta”, según relata Danilo de los Santos en la página 318 de su libro La pintura en la sociedad dominicana (Colección Estudios, Universidad Católica Madre y Maestra, impreso por Editora del Caribe, Santo Domingo, 1979).

A raíz de la VII edición del concurso, según cita Danilo de los Santos en su mencionado libro, Fernando Peña Defilló (quien había sido premiado en las ediciones II y III, de 1966 y 1967), escribió, en un artículo titulado Réquiem para un concurso de arte (suplemento cultural de El Caribe, 23 de octubre de 1971, página 5), lo siguiente: “Al través de sus siete años de institución, entre altas y bajas, ha llegado este concurso a una crisis que tiene todos los visos de una lamentable culminación. Año tras año, un mayor número de artistas reconocidos ha dejado de concurrir por absoluto desacuerdo con sus bases y organización… Si se limita la creación y la experimentación de los artistas con cláusulas absurdas y arcaicas, tanto de índole sociopolítica como estética, no puede quedar gran cosa sustancial de mensaje artístico ni humano. La anulación de su concurso por parte de los únicos patrocinadores de estímulo al arte nacional actualmente no puede ser la aspiración de ninguno de los artistas dominicanos. Tampoco su decadencia por indiferencia y falta de vitalidad… Una clarificación de propósitos y un más firme criterio se imponen para proseguir el trayecto de estos enfrentamientos de arte, orientándolos por vías más amplias de conceptos más actualizantes y de identificación más justa con el acontecer artístico del país. De lo contrario y por la reacción causada por este último concurso, se ve claramente un definitivo y dolido E.P.D., por la mayoría de los artistas maduros y jóvenes de una definida profesionalidad para dicho evento”.

Diez años después de que Fernando Peña Defilló escribiera en El Caribe el citado Réquiem para un concurso de arte, y dos años después de publicarse los sendos libros de Jeannette Miller y Danilo de los Santos arriba referidos, afortunadamente se produjo el milagro de la resurrección, para beneficio del arte y los artistas de nuestro país. Otras dieciocho ediciones del concurso (de la IX a la XXVII) se han celebrado entre 1981 y 2018. En esta última participan 21 artistas (19 individuales y un colectivo de 2), que fueron seleccionados por el jurado entre las 251 propuestas recibidas (241 de artistas individuales y 10 de colectivos). Este 25 de octubre se inaugura la exposición que permanecerá abierta al público durante tres meses en el Centro León, de 10:00 a.m. a 7:00 p.m. de martes a domingo. La premiación será el 17 de enero.

El mismo año que se inauguró el Centro León colapsaron varios bancos, entre ellos el Banco Nacional de Crédito (Bancrédito) que terminó siendo rescatado por la familia León, pasando a llamarse Banco León (y años más tarde Banco BHD León al fusionarse con el Banco BHD). El Bancrédito poseía una valiosa colección de arte que incluía importantes obras de Fernando Peña Defilló (quien era cuñado del presidente del Bancrédito, Máximo Pellerano Romano). Por lo tanto, dichas obras pasaron a pertenecer al Banco León.

Esa circunstancia propició felizmente un acercamiento o reconciliación que trajo como consecuencia muy positiva la gran exposición en homenaje en vida a Fernando Peña Defilló, titulada “El eterno retorno”, que el Centro León se esmeró en presentar del 5 de noviembre de 2009 al 7 de febrero de 2010, ocasión en que Fernando Casanova publicó la entrevista contenida en este enlace:

https://www.diariolibre.com/opinion/lecturas/el-arte-desde-una-inteligencia-serena-NIDL222483

Poco tiempo después, al maestro le fue otorgado el Premio Nacional de Artes Plásticas 2010, y años más tarde, también en vida del artista, se le volvió a rendir homenaje con las exposiciones “Fernando Peña Defilló: Real Imaginario”, en el Museo de Arte Moderno en el marco de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo en 2011; y “Fernando Peña Defilló: Diálogo Insular”, en el Palacio de Bellas Artes en el marco de la 28va. Bienal Nacional de Artes Visuales en 2015 (Bienal que le fue dedicada).

En el mismo 2015, también en vida del artista, la Fundación Fernando Peña Defilló (presidida por su sobrino, George Manuel Hazoury Peña) inauguró el Museo Fernando Peña Defilló, que está abierto al público de 2:00 a 7:00 p.m. de miércoles a domingo, en la esquina de las calles José Reyes y Padre Billini, en la Ciudad Colonial, cuya página web tiene este enlace:

http://www.museofernandopenadefillo.com/

Autor del libro Lógica de lo imperfecto y otros textos (2006), el maestro tiene una presencia significativa en la bibliografía dominicana que le ha dedicado por lo menos ocho libros: Tres son de la autoría de Jeannette Miller: Fernando Peña Defilló: desde el origen hacia la libertad (1983), Fernando Peña Defilló: Mundos Paralelos (1985) y  Fernando Peña Defilló (2000); uno es de la autoría de Ricardo Ramón Jarne y Laura Gil:  Fernando Peña Defilló: La Naturaleza Mística (2005); otro contiene textos de Rafael Emilio Yunén, María Ugarte, Yolanda Wood, Danilo de los Santos y el propio maestro, que es el catálogo publicado por el Centro León de la exposición Fernando Peña Defilló. El eterno retorno (2009); y tres son de la autoría de Cándido Gerón: Fernando Peña Defilló y la memoria de los instintos (2009), Fernando Peña Defilló, una interpretación a su corpus imaginario (2011) y Fernando Peña Defilló. El mundo maravilloso de su arte (2015).

Además, obras del maestro ilustran las portadas de varios libros de Jeannette Miller publicados en el presente siglo (Cuentos de mujeresLa vida es otra cosaA mí no me gustan los boleros Textos sobre arte, literatura e identidad).

No puedo dejar de resaltar el homenaje que le rindió al maestro, en 2017, la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, dirigida por Marianela Boin, con el espectáculo “Defilló” en la Sala Máximo Avilés Blonda del Palacio de Bellas Artes, cuya grabación se televisa con cierta frecuencia por el estatal canal 4. Otro registro visual del mismo lo constituyen las fotografías tomadas por Karoline Becker y Elianne Mena que actualmente se exponen (hasta el domingo 14 de octubre) en el Museo Fernando Peña Defilló. Estos enlaces contienen la opinión de Marianne de Tolentino sobre dicha exposición fotográfica, titulada “Defilló: De la pintura a la danza”, y una crónica sobre eventos relacionados:

 

http://www.museofernandopenadefillo.com/defill-de-la-pintura-a-la-danza/

http://hoy.com.do/museo-fernando-pena-defillo-un-ejemplo-a-seguir/