La violencia psicológica también es analizada por Webster en la narrativa de Arturo Uslar Pietri y expresa que “el personaje uslariano acude a la violencia psicológica con el propósito de intimidar al otro, de humillarlo y así poder establecer una especie de hegemonía” (pág. 69). En Lanzas Coloradas la violencia psicológica aparece en todos los capítulos como hilo común. El personaje Presentación Campos actúa con prepotencia ante los demás y cuando se haya en situación de peligro da a entender que no teme a nada. Es así como los esclavos se sienten intimidados y su presencia los induce a un estado de pánico colectivo.

En la novela El camino del Dorado también aparece la violencia psicológica en Lope Aguirre, personaje de la obra, que construye toda una atmósfera de temor por medio de palabras hirientes y de insultos, intimidando a los soldados sin que tenga que usar la fuerza.

Webster se adentra más en su análisis cuando describe los contextos de los personajes en Lanzas Coloradas: Presentación Campos, Fernando Fonta, Inés Fonta, Jorge David, La Carvajala; y en El Camino del Dorado, a Lope Aguirre, de cual nos habla León González (2012) de la manera siguiente: “La muerte que ofrece Aguirre a sus traidores la más de las veces es a garrote, para que el sufrimiento se alargue y la vida se vaya perdiendo en cada golpe”.

Ahora bien, en  espacios de violencia como los que se verifican en Latinoamérica, la creación literaria a manera de reivindicación personal y social, no puede soslayar el tema que cada vez suele ser más común, más real. Describir un cuchillo preparado para cortar una garganta como en el cuento “Espuma y nada más” de Hernando Téllez (1908-1966) donde se afeita a un presidente dictador, para acabar de un tajo con todas las maldades y atrocidades, como acto de venganza y cambiar los paradigmas, suele ser emocionantemente telúrico. O en aquel cuento de Juan Rulfo (1917-1986), “No oyes ladrar los perros”, que el padre carga a su hijo rebelde que fue herido y caminan toda la noche en busca de un lugar para curarlo. Poniéndose aquí de manifiesto el valor de la paternidad, pero que son personajes atrapados en espacios de violencia y desintegración del núcleo familiar.

Webster con su obra circunnavega el pensamiento crítico de los autores que tratan el fenómeno de la violencia como génesis de una construcción social y como resultado de una reacción natural en tanto como respuesta a un estado de dominación. El autor hace uso de las citas bibliográficas para sustentar su tesis y siguiendo la narrativa uslariana, explica cómo en los personajes, tanto de Lanzas Coloradas, como los de El Camino del Dorado, se caracteriza la violencia. Se aborda el fenómeno de la deshumanización como proceso epistémico en la novelística de Uslar Pietri, así como la transfiguración de las cosas.

Johnny Webster, quizá sin proponérselo nos coloca frente a un tema reflexivo y de singular importancia para crear un concepto epistemológico de la caracterización de los espacios de violencia, espacios céntricos, donde personajes luchan por subvertir el estado de cosas, muchas veces sin poder lograr sus objetivos, cayendo víctimas del mismo estado hegemónico que lo subyuga y que los conmina a actuar en consecuencia.

En el análisis percibimos como los creadores literarios, en este caso Uslar Pietri, hacen una radiografía de la vida, quizá con el propósito ulterior de incentivar estados de conciencia que incidan en la subversión contra los estados centristas que acogotan a entes y sociedades.

Si analizamos el fenómeno de la violencia en la literatura dominicana del siglo XX, por ejemplo, tendremos importantes exponentes del tema, pues en el devenir histórico de nuestro pueblo, muchos creadores en sus cuentos, poemas y novelas han plasmado a seres oprimidos, a sociedades socavadas, hambreadas y marginadas. En nuestro contexto los caldos de cultivo para encender zonas de violencia están dados y se manifiestan implosionando en los grupos familiares, en manifestaciones populares o irrumpiendo en el crimen y estados de demandas sociales generadoras de violencias callejeras. Nuestro espacio no escapa de los poderes hegemónicos y ha sido regido y sometido por cientos de años de luchas. La violencia forma parte de nuestro ambiente social, por algo dijo el poeta Pedro Mir en su celebrado poema “Hay un país en el mundo” que ese país está “sencillamente triste”, “sinceramente tórrido y pateado”.

En fin, la obra de Johnny Webster De la Cultura de desigualdad al espacio de violencia en la novelística de Arturo Uslar Pietri, es un importante aporte a la bibliografía no sólo hispanoamericana sino angloamericana, y nos pone ante nuestra realidad para que iniciemos un proceso de reflexión en el pensamiento actual latinoamericano y nos enrumben por senderos de concordia y paz.

 

El autor es escritor y educador

Domingo 7 de febrero de 2023.

Virgilio López Azuán en Acento.com.do