De las tantas definiciones de poesía que presenta el texto, Orbe Per Verso sin poesía, de Rannel Báez, particularmente seleccioné esta: “Es la poesía sencillamente una vía de escape de la mente sencilla hacia la luz y hacia la oscuridad del pensamiento blanco, furia y magia letal. Lo absurdo abriendo posibilidades en la ranura de la verdad” (pág. 20). Algunos elementos claves podemos extraer de los versos anteriores: la poesía es una vía de escape de la mente, que se dirige hacia la luz, pero también a la oscuridad. Es la poesía lo absurdo que abre caminos hacia la verdad. La poesía no es la verdad. En verdad el autor presenta como un conflicto de relación entre la poesía y el poeta o pseudopoeta, es la plataforma de donde se lanza para explicar no solo la existencia de la poesía misma, sino lo que le da sentido. Por eso descarta las palabras, el lenguaje y el poeta, para encontrar la “ranura de la verdad”.

En esta última parte del enfoque no puede dejarse de nombrar que el concepto de poesía en el libro a veces no es de ente subliminal, sino que el autor la bombardea de forma inmisericorde, en amplia contradicción, que tendría validez desde su macrocosmos poético: “La poesía es un bicho arbitrario / microbio vital / clorofila sectaria / fuego trashumante / fiebre furtiva / hielo estival” (pág. 23). Ahonda en su ontogénesis y nos remite a su propia versión del origen de la poesía: “Cuando se habló / surgió el universo corrugado. / La poesía de palabras en un breviario de lenguarajes / mecánicos / habladores…” (pág. 23). Y al crearse el logos, el verbo; al multiplicarse los idiomas, según el relato de la Torre de Babel se crucificó la poesía: “Con babel / la maldición / con ropas y perfumes / multiplicó los idiomas / y crucificó la poesía / con piel pobre y canción de fiera” (pág. 23). El lenguaje de las palabras no le hizo bien a la poesía, porque “Antes de la palabra / criada zoológica vulnerable / está la poesía verdadera, limpia / sin lapiceros endrogados…” (pág. 14).

Soy de los que piensan que, el poemario de Rannel Báez, Orbe Per Verso sin poesía, no salió pensado de su mente gota a gota, que se generó en algunos momentos el acto de automatismo de los surrealistas con influencias de los dadaístas. Da la impresión en algunos momentos que se juega con las palabras. Pero el autor, sabe de dónde parte y hacia dónde se dirige. Posee la capacidad macroestructural de su pensamiento, pero deja que las palabras fluyan con cierta libertad creativa. El arsenal de vocablos que maneja, los utiliza, no importa como salgan, con cohesión lingüística o sin ella. Eso no importa. Aunque “satanice” el mundo de las palabras se vale de ellas para expresarse. Recordamos que el lenguaje de las palabras para él es incapaz de alcanzar los páramos de la poesía.

Tampoco quedó claro en este primer movimiento qué en verdad es un poeta, pero existen muchas descripciones o rotulaciones que dicen lo que no es un poeta. Es lo que más le ha importado al autor. También, las definiciones de poesía son limitadas ante lo que no es poesía.

La poesía y su identidad en el Movimiento de aliteración 

El segundo movimiento, como lo ha estructurado el autor, es el de aliteración que es una figura retórica de dicción que consiste en la repetición de uno o varios sonidos dentro de una misma palabra o frase, como por ejemplo esta de Rubén Darío: “Con el ala aleve del leve abanico” o el de José Zorrilla: “El ruido con que rueda la ronca tempestad”. Se espera que en este movimiento aparezcan algunos ejemplos de aliteraciones, y en efecto, les brindamos algunos de ellos: “Un plato de sopa sopeteado” (pág. 26), “La poesía es letra iletrada y alítera letra de plomo” (pág. 29), “… en la simplicidad de la vida lamiendo hilachas de hambre” (pág. 25), “La poesía revolotea en un trompo de subterfugios refrigerados, templando su artritis de alteridad, rasgando témpanos y cartílagos…”  (pág. 25), “La poesía no es un sanador cenando con las leyes bajo el sobaco” (pág. 49), y esta última (a la poesía): “No es un diputado que disputa la puta circunstancial del bulevar de la bolita del mundo” (pág. 45). Se sabe cuál es la función de la figura de aliteración en la composición poética, no solo le imprime un ritmo que suele ser entretenido o un tipo de “bonita cacofonía” como lo denominan algunos, sino que más allá se encuentran registros semánticos que sondean un tipo de metalenguaje.

A lo largo de todos los momentos que componen el Movimiento de aliteración encontramos versos, frases, palabras que juegan con un tipo de sonoridad y que el sentido se convierte en diáspora para la elaboración de otras ideas sobre el tema mismo que viene tratando el autor.  Se puede argumentar una exageración de los adjetivos, una sobre carga de imágenes y figuras literarias, y una ansiedad manifiesta de definir la poesía, sondeando todas las aristas posibles de lo inefable, pero sin dejar de criticarla desde las trincheras de mundos absurdos, incrédulos, realistas y delirantes.

Se insiste en definir la poesía, en darle identidad, esa que se resiste a ser definida por poeta alguno, que sea precisamente que se enfrente en un duelo con la propia poesía, aquel que la opone. (CONTINUARÁ).

 

10 de septiembre de 2023

 

Virgilio López Azuán en Acento.com.do