Las diferencias entre lo real y la realidad han sido objeto de múltiples estudios, (ver Platón, Aristóteles, Parménides, San Agustín, Kuhn, Hegel, Kant, Lacan…). Las discusiones parten del objeto y del sujeto. El objeto como tal y en sus cualidades, en su esencia, en su tiempo…, y el sujeto como el que la percibe.

El conocimiento de lo real para Platón no se adquiere a través de la experiencia sensorial, sino que existe una realidad más allá de lo que podemos percibir a través de los sentidos. Plantea que la verdadera realidad está compuesta por ideas o formas; que son eternas, perfectas e inmutables. Aristóteles sostiene que la realidad es radicalmente sustancia y la esencia en un momento de ésta. Para Emmanuel Kant, es una construcción de la mente humana, una interpretación subjetiva de la percepción sensorial. Por su lado, Jean-Paul Sartre define la realidad como compleja, con marcada subjetividad y la permanente creación de significados a través de nuestras elecciones. Lacan define la realidad como el conjunto de cosas tal cual son percibidas por el ser humano. Dice que es un acto fenomenológico. Mientras que lo real es un conjunto de cosas, independientemente de que sean percibidas por el ser humano.

El concepto de lo real y la percepción de la realidad difieren de persona a persona y de colectivo a colectivo. En su artículo “La realidad precaria” de Rose-Marie Marriaca, citando a Lacan, dice: “La realidad implica la integración del sujeto a un cierto juego de significantes”. Esa integración define en cierta forma el mundo en que vivimos. Pero ¿de qué manera se inserta? Sigue diciendo la autora: “Resulta, por lo tanto, fundamental, buscar la perspectiva, el plan, la dimensión determinada por esa red significante, esto es, la estructura que nos hace ver y entender las cosas de cierta manera”.

Esta cita habla bien de la estructura de las mentalidades. Como una reiteración, el “mundo es mundo” a partir de la percepción de lo real, de la realidad y las acciones que de ellas se desprenden. No es lo mismo la percepción de la realidad de una persona sensible que la de una persona de escasa sensibilidad. Ambas actuarán de manera diferente; la estructura del consciente freudiano en cada una no es la misma. De ahí las diferencias, los enfrentamientos, los desencuentros. Y ¡qué bueno que sea así! De no serlo, no hubiera diálogo de los opuestos. No existieran las disrupciones, las nuevas ideas que contraponen modelos para ser superados. Las ideas “nacen, crecen, se multiplican y mueren”, lo mismo que los modelos de pensamientos y las mentalidades… La percepción de la realidad, por ejemplo, en lo social, y la acción sobre lo real, es lo que modifica, es lo que hace evolucionar o involucionar.

El lenguaje de la realidad es multívoco, como el lenguaje de la poesía. Algunos destacados narradores y poetas dicen que encuentran más motivos para escribir sobre hechos reales —haciendo uso de su percepción de lo real— que de hechos fantásticos, ilusorios u oníricos. A medida que se desarrolla el conocimiento, se desarrolla la percepción de la realidad. Se forman los ortodoxos, los conservadores, los liberales, los revolucionarios, los caóticos, etc. 

El cuerpo de la realidad

Todo el cuerpo de la realidad es amorfo, quien le da forma es el sujeto que la percibe. Se lucha por el objeto real a partir de la construcción de la realidad. Cuando se pretende obtener la posesión de lo real, en este caso del objeto o cosa, se despiertan las pasiones, los intereses, los desencuentros, las demencias, y los más avanzados estados poéticos. El objeto real, de por sí, está revestido de poder, del poder de la materia y su significante en las diferentes dimensiones de su esencia y la cultura en que está situado en plena acción.

La realidad es caótica y es una cualidad de lo real. Tanto lo real como la realidad hablan, se expresan y los individuos humanos ponemos a prueba las capacidades para descifrar sus códigos. Pero la realidad es condicionada por lo real

De lo real se desprende la realidad, de la realidad la metáfora. La ficción no nace en lo real, sino de las percepciones de lo real. La ficción nace del imaginario, es la cara verdadera del imaginario. Lo fantástico es una cara invitada del imaginario y tiene la facultad de ser ficción burlesca, caricaturesca, fabulosa… La realidad es una construcción de los pensamientos y las sensaciones individuales y colectivas. Soporta una carga de imágenes, de formas y tendencias. Puede ser manipulada, compuesta y descompuesta; está atravesada por guiones metafísicos, filosóficos, ideológicos, científicos, emocionales, etc.

La percepción de la realidad es fragmentaria, nos llega en trozos, los cuales resisten innumerables interpretaciones. Nunca jamás la realidad será aquilatada en un todo, ni por los individuos y mucho menos por los colectivos. Si se habla de percepciones, se habla de inteligencias que funcionan incluso como antenas de direcciones múltiples y captan diversas formas del lenguaje de lo real y la realidad, las cuales emanan de la sustancia, esencia y el universo.

Eso nos hace actuar. Por ejemplo: “El acto de la creación artística es un impulso, es una radiofrecuencia que viene de dentro y que genera una conexión con unos patrones de datos de una inspiración que viene del universo y que se plasma y materializa en algo”. (Entrevista Rafael López-Guerrero, 2010).

Esta es una definición que tiene que ver con la interpretación del acto de creación artística. En ese contexto, todo lo que está en el universo obedece a cierta inteligencia superior que interpreta y ejecuta mandatos cuánticos. El desarrollo de los individuos, de las plantas, de todo ser vivo, obedece a ese patrón. También aquí se define al individuo humano como un ente comunicante, como una compleja antena de percepciones que obedece a los códigos que emanan de lo real, la realidad y el universo en el sentido más complejo.

Comprensión, magnitud y conceptualización

Comprender lo real y la realidad parte del sujeto que la mira, ve, observa y la percibe en sus presentes dimensiones. Ese sujeto debe comprenderse primero a sí mismo, debe tener desarrollada la conciencia, el mapa de la conciencia donde encajarán los códigos constitutivos de lo real y la realidad. De hecho, el individuo humano posee todo ese potencial en ciernes, pero ve los códigos del “yo”, con su carga de deseos y primitivismo, primero que el mapa de su conciencia.

Lo real puede estar cerca de uno o lejos, ocupa un lugar y tiempo o (lugares-tiempos) determinados. La realidad no tiene ni lugar ni tiempo. No existe realidad sin individuo humano, sería otra cosa. Si existe la conciencia de forma fragmentada (Krishnamurti, J.), la realidad también será fragmentada por nuestras percepciones.

Como todo está en movimiento, como todo vibra, la percepción del movimiento puede ser real, aparente e inducida. El movimiento real se produce con el desplazamiento del objeto, el aparente e inducido, son ilusiones ópticas o creaciones neurológicas y mentales. El inducido se puede producir con el desplazamiento del objeto por parte del sujeto.

La magnitud de la percepción de los estímulos físicos y sensitivos fue determinada por medio de las matemáticas y el logaritmo por Weber-Fechner y su ley de la psicofísica, lo que dio pie a que los actos humanos sean explicados mediante los principios físico-químicos. Weber-Fechner aseguraban que la sensación de un estímulo está relacionada con el logaritmo del estímulo. O sea, “la percepción de un cambio en un estímulo no es proporcional al cambio mismo, sino al logaritmo del cambio”.

Entonces, ¿se puede inferir que la realidad puede ser conceptualizada utilizando los principios matemáticos?

La educación, la instrucción y la cultura, hacen que el individuo humano se ponga de acuerdo para conceptualizar lo real y la realidad. Lo hacen con la aceptación de patrones y códigos previamente pautados, los cuales se transmiten entre los individuos y las sociedades en su contexto histórico.

Creación de otra realidad

La desrealización es la creación de otra realidad, no es una subrealidad, y aunque se puede originar por trastornos neurológicos, también es la resultante de las percepciones superficiales del objeto por parte del sujeto. Esas percepciones pueden ser “horrendas o poéticas”, pero siempre se alejarán de lo real del objeto, porque la desrealización no parte del objeto, parte del sujeto, aunque sea el objeto quien la provoque. En el caso de la desrealización poética, se puede alcanzar un estado poético de contemplación. En otro artículo nombré, como ejemplo de desrealización, la contemplación del Cristo de San Juan de la Cruz, obra pictórica de Salvador Dalí. Decía que al hacerlo, el observador se olvida del sufrimiento que pudo haber estado pasando Cristo en esa cruz, para sentir cierto placer estético. Otro ejemplo es cuando se observa a la Venus de Milo en Louvre; esta aparece sin brazos. Aunque originalmente no fue hecha de ese modo, pues en la historia del descubrimiento de la estatua de Jules Dumont D’Urville el 8 de abril de 1820 en la isla egea de Melos, se habla de que tenía los brazos y, al ser observada, asalta el placer estético que esa imagen puede provocar. Nadie se le ocurrirá pensar en el drama horrendo de una persona con sus dos brazos amputados. Si así fuera, no podría percibirse un placer estético. La desrealización poética es uno de los fenómenos de percepción más importantes en las bellas artes. La música es capaz de producir los estados de ansiedad y placer emocionales de altos calibres por el fenómeno de la desrealización. Lo horrendo se puede tornar en sublime y lo sublime en horrendo. Cada individuo humano o colectivo vive sus propias experiencias y los límites vienen dados por las capacidades de percibir que tienen.

La realidad tiene diversos planos y dimensiones. Las diferencias entre los individuos se generan ineludiblemente por las maneras de percibir lo real y construir realidades.

Existe un límite bien claro entre lo real y la realidad. Lo real existe, independientemente de quién lo perciba. La realidad será, entonces, una figura, una imagen de complejidades múltiples, de similitudes y paradojas.

La inteligencia mental mira parte del mapa de lo real y actúa en consecuencia. Si se actúa sobre una realidad construida por otro u otros, el margen de captar la esencia de lo real se amplía y se hace más complejo conocerla.

La realidad es producto de la fragmentación humana que forman mapas amorfos y polimorfos con el lenguaje de lo real.

Las percepciones producen las definiciones de lo real dando salida a conceptos de realidad. Aunque hayamos tomado como apoyo la opinión de Lacan sobre lo real y la realidad, no es menos cierto que esos conceptos del filósofo moderno siempre serán reduccionistas. Resiste entonces otros niveles de comprensión de lo real y de la realidad. Siempre habrá que seguir indagando, y mucho más cuando los estudios teóricos sobre partículas apuntan en la Teoría M (Edward Witten, 1995), a la existencia de once dimensiones o grados de libertad en el tiempo donde pueden “existir” esas partículas.

Escritura utilizando otras dimensiones

Cuando los escritores componen sus historias en tiempo lineal, lo hacen utilizando las coordenadas del mundo tridimensional. Se pusieron a inventar con el tiempo, a darle formas y grados de libertad y ya las historias se desarrollaban en diferentes tiempos, incluso el de forma circular. Ahora, después de todo el avance de la física cuántica, y tenemos escritos, conscientemente elaborados, donde los personajes actúan como si habitaran una cuarta o quinta dimensión en el espacio-tiempo. Esto no quiere decir que antes los personajes no eran colocados por el autor en dimensiones semejantes. Existen historias antiguas, mitos, pasajes bíblicos y sabiduría hermética que ya habían planteado la existencia de múltiples dimensiones espacio-temporal. Pero después de la formulación de la teoría de cuerdas y la Teoría M, los creadores tienen más oportunidad de coquetear con el espacio-tiempo para dar más grado de libertad a sus personajes. Dicho esto, el lenguaje de lo real y la realidad presentan múltiples desafíos de articulación conceptual. En ese sentido, no intentamos solucionar el problema, transitarlo y reflexionarlo; meditarlo o dejarlo fluir, serían salidas de cualquier pensador. Eso sería transitar el camino que conduce a la filosofía, sería filosofar, no escribir sobre filosofía, que sería algo diferente.

En fin, el filósofo tendría que prepararse para la búsqueda de la verdad, si fuera necesario. Esto se haría solo como una meta, porque lo bueno de filosofar es el tránsito, la metodología, no la meta. En el caso metafísico, el objetivo sería auscultar la realidad trascendente. Eso de trascendencia sería objeto de otro estudio, debido a las diferentes concepciones sobre el tema, que desembocaría en la autorrealización, en la ascensión, quizá a estadios poéticos del ser.

Domingo 10 de marzo de 2024

Virgilio López Azuán en Acento.com.do