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Conocí a Gustavo Olivo Peña en la sala de redacción del periódico Hoy, cuando él era jefe de redacción, y nosotros ayudábamos a Manuel Rueda con Isla Abierta, primer periodo, luego, junto con Andrés Blanco, nos hicimos cargo del suplemento. En ese trajinar él era parte del equipo que hacía el periódico y nosotros a Isla Abierta.

Y en Hoy, en ese entonces, entre trajín y trajín ordinario, sin que fuera propósito de nadie, impuesto por el tiempo adormecido por la espera, la Sala de Redacción se hacía espacio para el conversar, y así agotar las horas que se mueven entre muy temprano de la tarde y muy tarde de la madrugada, a veces al apuntar la claridad de otro día.

Y entonces, la Redacción se convierte en una zona de intercambio de opiniones en las áreas de común interés. Ideas y esbozos de proyectos, en lo que se imponía lo literario.

Ángel Barriuso, que también tiene una buena cantidad de cuentos. Bienvenido Álvarez Vega, Nelson Marrero, Antonio Gil, José Goudy Pratt, Rafael Núñez Grassals, Augusto Obando, Francisco Ortega… éramos, de una manera u otra, escritores en la espera.

De modo que estas historias, que dan soporte a los cuentos de este libro, que celebramos su nacer hoy, ya venía de lejos con él, y es producto de una conciencia del acto poético, la creación literaria, y también de una necesidad que se gestó desde mucho tiempo y que se acurrucó en su adentro, en lo muy adentro, y se trasformaron en otros elementos de su estructura humana, como la sangre, y luego comenzó a sacarlos, a echarlos fuera, y este es el justo momento que nos los entrega.

"Un hombre discreto y otras historias", el libro de cuentos de Gustavo Olivo Peña.

Un hombre discreto y otras historias, el libro, está integrado, además del que asume el título, por estos otros títulos: La profesora Campos, Esa mujer, El monumento, La bailarina Aidyn, Y, ellas dos, Decisiones, El encargo, Resurrección, El expediente diez y El reino del silencio.

Once cuentos. Pues, cuentos son. En este sentido, que le dan esa categoría, y como se insertan en la tradición del cuento dominicano.

Veamos, el cuento nació adulto. De todos los géneros, avistamos, el cuento nació con todas sus partes: es una realidad de la oralidad. Nació cuando dos caminantes, dos personas… y hablamos de persona porque ellas asumen el papel de narratorio y narrador.

El que cuenta y el que oye, el lector ideal, que se hará, a su vez, narrador añadiéndole su naturaleza a lo escuchado, y así, otra historia de la historia.

Estamos señalando una dirección que creo que es inequívoca: esta práctica como norma de su vida definitiva, pronto la veremos en novelas, hacia allá se dirige, sin descuidar este fundamental hacer narrativo.
Gustavo Olivo Peña.

De eso no queremos decir que el cuento se quedó estático. No, la evolución interna está. En cierto punto permanece como una entidad circular, inicia con el título y termina con el desenlace, y desde el desenlace vuelve al título.

De ahí, la semejanza con el poema donde el primer verso insinúa el último y el último invoca el primero.

En tal sentido, el cuento es adulto. Solo hay que remitirse a Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer (Veinte y cuatro cuentos escritos entre 1387 y 1400. Fruto de una competencia de narraciones entre unos peregrinos que iban desde Londres a Canterbury…) Circularidad, oralidad: raíces.

¿Qué es lo que ha perdido el cuento de su naturaleza primogénita?: primero, el concepto del desenlace. La flexibilidad adquirió carácter: el desenlace, la sorpresa puede estar, o no. Esa misma flexibilidad alcanza tiempo y espacio.

El cuento se puede ocurrir en un mínimo espacio como en una extensión. A nivel de tiempo, igual, se puede construir en un minuto como en un siglo o más.

Esas son las modificaciones experimentadas en el fluir del tiempo los otros se mantienen, o sea, un tema único, un título direcciona, unos personajes mínimos, un conflicto centralizado, un desarrollo en el que se imponga la fluctuación, esto es, la tensión, y esa indispensable circularidad que invoca al título, al asunto y a los personajes.

Gustavo Olivo Peña habla en el acto de puesta en circulación de su libro. A la izquierda, José Enrique García, y a la derecha Juan Esteban de la Rosa.

Ahora, ¿responde el libro de Gustavo Olivo Peña a esa tradición universal que bien se asume en este país y la reseña o resume Juan Bosch en Apuntes sobre el arte de escribir cuentos, que tiene aún toda su vigencia?

El cuento es el cuento, es una estructura, sobre todo. Hay narraciones, hay leyendas, pero el cuento es una circularidad cerrada.

Dado esto: ¿Cómo se ubica el libro de Gustavo?, pues dentro de esa tradición: circularidad, economía de personajes, compactación de conflictos y o, si se quiere, unicidad en los elementos compositivos. Ahora, hay unos elementos singulares que señalamos y subrayamos de esta manera:

Es propio de estos cuentos de Gustavo, una complejidad del núcleo, que se dispersa en la composición, sin que hiera la unicidad temática.

Por «complejidad del núcleo» nos referimos refiero a que hay en estas composiciones una expansión situacional que, a veces, forman, dos o tres núcleos del mismo núcleo central. Pero esa expansión, que es característica en ellos, se mantiene dentro de ese principio fundamental del cuento que procura un objetivo, o sea, la flecha de Horacio Quiroga que va hacia el preciso punto. Esa atención, que es necesaria en todo cuento.

Pero hay aquí una complejidad situacional que es muy propia de estos cuentos de Gustavo Olivo, que le imprime posibilidad expresiva a nivel temático y una identidad y naturaleza muy legítimas.

Agregamos, por otro lado, que este tipo de situación conflictiva de los cuentos de Gustavo, sumándoselas a los personajes de complejidades psicológicas muy fuertes, y más que personajes, podríamos decir que son personas los que nos encontramos en estos cuentos.

Es decir, personajes que caen en la memoria y, además de la memoria, son entidades con las que nos sentamos a diario, sin que con ello no deje de ser una realidad imaginada, como es la literatura.

Estamos señalando una dirección que creo que es inequívoca: esta práctica como norma de su vida definitiva, pronto la veremos en novelas, hacia allá se dirige, sin descuidar este fundamental hacer narrativo.

De modo que este libro de Gustavo Olivo contribuye, de manera correcta, a tensar de nuevo la soga del cuento dominicano que, a veces, su práctica se debilita.

Subrayo, ahora, un aspecto de suma importancia de este libro de Gustavo, que aparece en tres de estos cuentos: El monumento, La bailarina Aidín y El reino del silencio y también en Esa mujer.

Se trata de lo fantástico desde el ángulo estructural, no de lo fantástico que cae en el plano consabido de la imaginería, sino en la utilización de procedimientos estructurales que hacen posible que se produzca esa incisión, que resulta en otra realidad.

Lo fantástico, dominante en la contemporaneidad del siglo pasado y del que agotamos con ejemplos: Borges, Cortázar, Umberto Eco, Rulfo, Yourcenar

Lo fantástico como recurso tiene su primer impulso en El manuscrito encontrado en Zaragoza, del Conde Jan Potacki. Es el primer hecho fantástico que tenemos. Y todas esas estructuras que conocemos y que se prestigian a tantas obras, Rayuela, entre otras, tiene sus raíces en este libro.

Pero ya de manera teórica, podemos decir que lo fantástico comienza con un concepto freudiano. Es Freud quien pone el primer gesto teórico, la primera piedra que va a ser desarrollada por los teóricos franceses Roger Callaois, Tzeta Todorov, Louis Vaix, y el uruguayo, Henry Bevelan quien propuso la teoría titulada «La descritura», una especie de conjunción de teorías para analizar, específicamente, lo fantástico en Borges.

Freud acuñó al término «unheimliche», una especie de rasgón, incisión, rayón, apertura de la realidad a otra. El unheimliche trastorna la realidad.

Freud lo define como todo lo que debía quedar secreto, escondido y que se manifiesta. Definición, ya concretada, como sucede siempre, en El Manuscrito de Zaragoza. Julio Caro Barajo, en Prólogo de la edición de Alianza Editorial, 1970,2016, evidencia de esta manera:

Potocki, pues, arranca, con frecuencia, de un hecho concreto del que luego su fantasía hace algo irreal. De vez en cuando vuelve a meter una nota realista en el relato, nota alterada nuestros oídos, con frecuencia, por transcripciones extrañas de palabras, nombres propios y hasta canciones enteras.

Es con Soika de Fabio Fiallo que aparece, por vez primera, a nuestro conocer, este procedimiento aplicado en el país.

Gustavo Olivo, en este, su primer libro, ha aplicado el concepto estructural de lo fantástico en tres cuentos: La bailarina Aidín, El reino del silencio, El monumento y en Esa mujer.

En La bailarina Aidín, el personaje de la niña se desdobla en una realidad concreta, que no es más que el espejo, la visión doblada que tiene y ve de la bailarina central y que la ve danzando de una manera muy tocable, muy visible, que se queda en su memoria, que la va arrastrando y que, luego, con el primer bailador, el compañero de este personaje va a complementar la historia, la que producirá una especie de realidad espejada: la visión de ella más la visión que le narra el compañero bailarín, hace una especie de identidad.

Esa duplicidad, esa compactación siempre existe en lo fantástico y en la búsqueda del otro. Ahí está muy bien claro.

El reino del silencio, de igual modo, opera claramente el procesamiento, incisión: el personaje que se levanta y de un momento a otro su realidad cambia, la cotidiana se desborda y funda otra realidad que se conjuntea con que él lleva adentro.

Entonces, hay una especie de movilidad espejeante que se da alrededor de esta dislocación. Ese cuento con un acabado que llega a ser, prácticamente, un cuento de buena factura, bien estructurado desde el punto de vista del género y, desde luego, con una atmósfera y con unos personajes que se van deslizando y realizando en ese contexto de lo fantástico con mucha prosperidad.

El monumento se afirma en la numerología: número (22) reiterado, que se multiplica en hechos ordinarios, y sucediéndose fundando esa otra realidad que conduce al efecto primigenio de la estructura de lo fantástico, que es el unheimliche, la realización y la recreación de realidades múltiples.

Y en Esa mujer, el procedimiento se impone sobre una historia que el mayor trecho se desliza por una realidad los accidentes propios de su naturaleza, mas al final, el doblez se evidencia. Entonces, es la otra, la única identidad…Y nos remitimos a Todorov: Nosotros y los otros.

En tal sentido, Gustavo Olivo ha aplicado, a su escritura, procedimientos estructurales muy propios de esta época, la que le tocó como persona y como escritor. Una de las gracias de Un hombre discreto.

Finalizo mis palabras de presentación de este libro, que para mí ha sido un profundo agrado por la amistad que me une desde hace tiempo con su autor y, además, por la naturaleza del libro en cuestión. Un libro que, como dijimos al principio, contribuye a tensar el cáñamo de la cuentística dominicana.

(*) Presentación del libro Un hombre discreto y otras historias, en el local del digital Acento.com.do, el 18 de febrero de 2022.

José Enrique García en Acento.com.do

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