El 21 de octubre se celebra en el país el Día Nacional de la Poesía, en conmemoración del nacimiento de Salomé Ureña de Henríquez, a quien se le llama la poeta de la patria porque su obra poética posee un profundo amor a su terruño y a los hechos históricos que ha tenido que trajinar. Vivió una vida de abandono y soledad, producto de los múltiples viajes de su esposo Francisco Henríquez y Carvajal, reconocido médico e intelectual dominicano (1880-1897).

Su amor a su indómita Quisqueya, lo encontramos en el emblemático poema Ruinas. Su acongojada pena se puede ver y sentir en dos de sus poemas: Melancolía y Amor y anhelo. Esta tierra tuvo la virtud, que naciera un 21 de octubre de 1850, pero lamentablemente falleció el 6 de marzo de 1898. Ella se puede considerar la Sor Juana Inés de la Cruz, de la poesía social y melancólica de la República Dominicana. Fue la que tuvo que tomar la educación y la crianza de cuatro hijos: Pedro Henríquez Ureña, Max Henríquez Ureña, Camila Henríquez Ureña y Francisco Henríquez Ureña. Ha sido la mujer que más intelectuales y humanistas ha dado a la nación, como fueron los tres primeros, gloria y patrimonio de las letras dominicanas y caribeñas.

Cada año se realizan varias actividades en Santiago de los Caballeros, para festejar la fecha y la más alta consagración de la creación poética: la poesía. Tuvimos la oportunidad de estar y leer en cuatro de ellas: «Decir con magia lo invisible», en el recinto Santiago de la UASD (viernes 20: 10:00 a.m.), dedicada al poeta Ramón Peralta y organizado por el maestro y aeda Pablo Reyes. Exposición y recital poético «Me hallará transparente como el agua con cielo», dedicado a Manuel del Cabral, Gran Teatro Cibao (sábado 21: 5:30 p.m.). Semana Internacional de la Poesía, recital en Santiago, Centro León (domingo 22: 10:00 a.m.). Tertulia del Balcón con la poeta Daniela Cruz, hubo un conversatorio y un recital entre canciones, luego se le reconoció. El año pasado le fue otorgado a quien suscribe, es un evento que la Sociedad Cultural Amantes de la Luz, realiza desde hace varios años.

Salomé Ureña.

He querido hacer este introito, para referirme al evento más trascendental que tuvimos por estos predios, ideado por la gestora cultural y periodista Arelis Albino, acompañada de la cofradía del aeda y periodista Martín Almengó. Confieso que un mes atrás ella me había hablado del proyecto, pero le dije que faltaba muy poco tiempo, entonces no podíamos conseguir patrocinio, tal y como paso. Sin embargo, su insistencia perseveró haciendo algo nunca visto en nuestra ciudad y el país. Con el autofinanciamiento de los propios poetas participantes, ambos pudieron realizar primero, la exposición en gran formato en la verja perimetral del Teatro, con la incorporación de 39 vates de diferentes partes del país. Es la primera vez, que algo tan innovador e importante se efectúa. La muestra podrá ser disfrutada por los transeúntes, visitantes del Teatro y el Monumento, igual que los estudiantes que serán llevado al lugar. También será itinerante en otras instituciones y ciudades, con el fin de promover a los poetas expuestos, a través de sus creaciones literarias. Después se ejecutó el recital, de aproximadamente tres horas en el bar del Teatro, entre poesías y canciones; pero nadie quería irse. Con motivo de difundir y dar a conocer, dicha innovadora iniciativa, comenzaremos a publicar algunos de los aedas de Santiago, cada uno escribe desde su temática preferida y su impronta creativa y personal:

José Enrique García

José Enrique García. Foto Mery Ann Escolástico. Acento.com.do

Teorema 

En el silencio

Hay un espacio

Que no lo ocupa nada.

En el espacio

Esta la nada como un huésped

Perpetuo de la casa.

Y más allá

De la nada y del espacio

Nosotros

Hacemos el espacio y la nada.

 

Poemas de José Acosta

 

El relámpago

 

El relámpago nace y no tiene tiempo

de recordarse a sí mismo.

Rasga el rostro del cielo, y no llega a comprender

que es la única herida de la nada.

¡Quién pudiera escalar

su esquelética forma de raíz

para mirar por sus rendijas

el escondite de Dios!

 

Enciendo un fósforo

 

Enciendo un fósforo y nace mi mano.

Sobre el fondo una moneda flota o quizá

la redondez luminosa del ojo de un gato.

Hago ascender mi mirada arañando las tinieblas

y se hace libre allá, a lo lejos, en la cima

de todos los quejidos.

Es que estás a mi lado y aún no lo sabía

es que viajan en mí todos los pueblos

y ahora, precisamente, llaman a mi puerta.

Enciendo un fósforo y nace

tu cuerpo tejido con la noche.

Todo está tan cerca a veces, a un frágil dolor

de distancia

pero en verdad tememos horriblemente

saberlo.

 

Ramón Peralta

 

¿Quién es?

 

Este hombre abre la puerta y entra a otra cárcel.

Va de una celda a otra celda

sin darse cuenta que los siete días tienen el mismo color.

Va de la a a la b, de la b a la c y viceversa.

Este hombre está atrapado

–pero no lo sabe o no le importa-

en una cárcel gigante que está dentro de su libertad.

 

Esa transparencia

 

Morir no es un verbo negro.

Morir es un verbo transparente.

Un dibujo del vacío.

Por eso, por más que lo intento,

no te veo, papá.

 

Enegildo Peña

 

La sombra de mi cuerpo*

 

Tengo que seguir

hacia la sombra de mi cuerpo.

 

La misma que me persigue antes de nacer.

Nadie podrá venir a detenerla en su maldición divina.

 

Tal vez solo veré el rostro de la muerte

de mi madre en ese instante

de angustia eterna.

 

Los ojos de mi cuerpo

se cierran para siempre.

 

Solo espero encontrar a mi madre

en su luz y tocar sus brazos

en las cenizas de mi cuerpo.

 

*A la muerte de mi madre: Alicia Peña.

 

Carmen Pérez Valerio

 

Desvistiéndome

 

El sonido de un tambor

corre calle abajo.

Olor a ron y sudor

llega de los cuerpos

desnudos de la noche.

Desde aquí,

un gato maúlla,

y puedo ser yo desvistiéndome

adentrándome a tus rincones

de luces artificiales.

Algún borracho en el contén

recuerda su miseria

precipitándose a la nada.

Camino sin prisa

esta calle podría terminar

en cualquier esquina

o continuar infinitamente

hacia otro día

y ya no escucharía al gato

que continúa maullando.

 

Presencia

 

Una gota te contiene

y me contiene

multiplicada en el rocío.

¿Dónde te has ido? ¡Oh, mar!

tu clamor me abarca

en eterna presencia.

Sendero de olvido

 

Oh barro que me acoges

qué extraño vínculo nos une.

A veces me siento profunda en ti

y otras

lanzada al vacío de tu soledad.

Oh manantial

que late en mi sangre

no sé si me recorres

o si deambulo

por senderos de olvido.

Todo nace en ti

y todo muere

en este latir constante

en esta quietud inquieta de la tarde

en la incertidumbre de un amanecer

que no sabemos si llegará.

Oh extraño juego de la memoria

que muere cada día

que crece desde mis entrañas

y desciende tras la huella de pasos borrados.

En algún lugar me habitas y te habito

dispersa

diluida

descendiendo por tus abismos

o navegando el azul

entre dos cuencas de llanto.

 

Daniela Cruz Gil

 

Lluvia de noviembre

Se nos van los días entre cables

nombres y dolores postergados

el color de la rabia nos cubre las heridas

el agua cae con dulzura

amortigua los besos ausentes

este noviembre con devoción inmensa

se agota en voces que niegan y confiesan

tirando las pieles que se extrañan

y se buscaron en otro tiempo inverosímil

guardado con alcohol en las costillas

hay fríos que nos esperarán

calles que nunca existirán para nosotros

paredes que nunca delatarán nuestras sombras

todo quedará sepultado

con rosas amarillas bajo cualquier nombre

serán dichas las palabras

que siempre sumarán inalterables nuestro destino

ese día noviembre y su lluvia volverán

promesa de cenizas que hago en el imposible

 

Arelis Albino

Virtualidad

Este silencio recorre lejanía.

El tiempo lleva prisa.

Sorbo a sorbo consume el encuentro anhelado.

El calor de los cuerpos solitarios.

Los abrazos dibujados en los muros cotidianos.

Neblina que se desliza al tacto de las horas cotidianas.

 

Eterna obsesión

Ahí está, ¡quieta! Me mira y la miro,

desde la estreché del balcón,

por las negras rejas forjadas,

en complicidad con la noche clara.

Por el túnel luminoso me lleva, a tientas,

ir tras las estrellas escondidas, apagadas.

Levanto la mirada y escribo, espejo que se refleja en mí,

con destellos de luz plateada.

Yo humana, ella diosa.