Nunca como hoy se había importantizado tanto el conocimiento, aunque siempre han existido las ansias de la posesión de saberes porque los mismos han estado ligado a las acciones del poder, de la grandeza. “En tierra de ciegos el que tiene un ojo es el rey”, reza un dicho popular de nuestros ancestros. No obstante, ese mismo ejercicio del poder en diferentes periodos ha limitado el acceso a los saberes por razones religiosas, culturales, y por temor al desplazamiento de sectores que ejercían dominación.

En las culturas actuales conviene que el individuo humano esté capacitado y al servicio de la autoridad instaurada. El tener conocimientos suele producir placer, pero lo hace porque genera poder. Una de las fuerzas ancestrales de la conformación vital humana es el poder, porque da conciencia de fuerza como diría Frederick Nietzsche, “porque en esta lucha con la verdad el hombre sale vencedor y nos sentimos poseedores de la verdad”. La revolución de saberes se hizo más intensiva cuando se elaboraron métodos que dieron origen y desarrollo a las ciencias. La gran mayoría de los seres humanos era analfabeta hasta la era moderna.

El mismo Nietzsche en su obra Humano demasiado humano cuando hablaba del porvenir de la ciencia decía que esta daba mucho placer y que esa satisfacción se perdía cuando las verdades se hacían vulgares, dando consuelo a la metafísica y al arte. En ese contexto existía el auge metafísico y artístico como generadores de placer. Ahora, ¿La obtención del placer a través del conocimiento no está interesando a la gente? En estos últimos tiempos se han generado conocimientos como nunca en la historia de la humanidad; desacralizaciones de mitos, disrupciones de paradigmas, desentrañamiento de misterios…  Muchas “verdades se han hecho vulgares”, lo que ha inducido a que nuestro cerebro busque otras maneras de activar los placeres.

De cierta manera se ha democratizado la información y el saber; también, el uso del poder producto de los auges de las democracias, aunque persistan prácticas de gobernanzas tradicionales y ortodoxas. Al mismo tiempo existe una desidia o cierta apatía de importantes sectores hacia el ejercicio del pensamiento y el conocimiento para responder a las necesidades actuales. El automatismo producido por las nuevas tecnologías viene a sustituir acciones humanas. Todas las tendencias hacia el desarrollo de la robótica e inteligencias artificiales conducen a un replanteamiento de esas acciones. Por eso muchas formas de trabajo están siendo modificadas o suplantadas. Muchas empresas, en países desarrollados, entre ellas hoteles, fábricas e industrias, han reducido la mano de obra humana y la están sustituyendo por robots.

¿Qué hará la gente cuando las nuevas tecnologías desplacen la mano de obra humana? La respuesta la tiene la historia: en la dinámica de la vida se generarán otras formas de trabajos, otras fuentes de empleos y se crearán otras ficciones sobre el progreso. Siempre será así, aunque se inventen mil maneras de automatizar el mundo. Tampoco hay que preocuparse mucho en ese sentido, siempre existirán los dualismos, que es un fenómeno de las culturas humanas ligado a la atemporalidad del desarrollo. Quizá este ejemplo ilustre: en una esquina de la ciudad una tienda vende los zapatos italianos más finos, y a unos escasos metros, un zapatero estaría reparando calzados colocando medias suelas.

Las naciones en sus mancomunidades como la Organización de las Naciones Unidas –ONU- apuestan a un desarrollo global y crearon la utopía que llamaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio para que fueran alcanzados en el 2015. Después de las evaluaciones de los logros obtenidos fueron llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible, hasta el 2030. Una de las metas planteadas por estos países era “asegurar que en 2021, los adultos de cualquier parte, sean capaces de completar un ciclo completo de enseñanza”. Aunque no se ha podido lograr esa meta en el espíritu de las naciones está presente que nadie se quede sin educar porque el mundo global debe estar preparado para asumir el futuro intersubjetivo que han concebido las naciones. ¿Cómo enfrentaría la humanidad un futuro donde predominen la robótica, la mecatrónica, las inteligencias artificiales?

Escucho decir: “Es que los jóvenes de hoy no les gusta estudiar”. ¡Claro! Se prefiere una conducta hedonista que genere placeres intensos, ligado esto a una ruptura de la tradición moral instaurada por las religiones y las costumbres, las cuales han entrado en crisis desde hace algún tiempo, manifestándose mucho más en esta modernidad maquillada por el post.

Es necesario, más que nunca, la preparación de la gente de forma masiva, por eso la agenda de grandes corporaciones como Google que lo facilita. Hacia el futuro las universidades podrían ser financiadas por las grandes corporaciones y se pararán en una esquina con un megáfono a clamar para que la gente estudie.

Lo que insta a escribir estas líneas no es solo lo popular que es el acceso a los contenidos o el estudio del placer que este puede generar en término de recompensa cerebral, sino, el dualismo que en ciertos casos se viene produciendo, y es que el individuo humano se canse de tanto conocimiento dispuesto que pierda el interés por los mismos.

El autor es escritor y académico.

Domingo 26 de julio de 2022

Virgilio López Azuán en Acento.com.do