«Cría cuervos y te sacarán los ojos», eso dicen cuando un amigo o algún familiar te traiciona. Esto se hace evidente en el libro de cuentos Cuervos sentimentales, del narrador, poeta y educaro Pedro Antonio Valdez, donde encontramos un sinnúmero de actitudes en personajes que son movidos por emociones, resultando en acontecimientos que se vuelven impredecibles para el lector.

Pedro Antonio Valdez.

Cuervos sentimentales es una narrativa que, automáticamente, nos sitúa en un contexto cultural dominicano, ya que a través de distintas técnicas el escritor permea en nosotros la idea de la riqueza cultural pueblerina que nos caracteriza. Esto, no solo en el contexto del entorno, sino más internamente en las actitudes, creencias y acciones que nos caracterizan, y que, de alguna manera, también caracterizan al ser humano en general; como es el caso de “El Primo”, en el primer cuento titulado “Hans”, o el personaje de Canario, en el segundo cuento “La espiral de caracol”, los cuales se caracterizan justo por sus comportamientos dentro de la historia. Este último que, al leer la trama, esperamos el más y mejor desenlace probable, pero que no termina siendo como hemos imaginado.

Otro aspecto que pone de manifiesto Valdez en este impredecible libro es la fusión entre lo lineal al junto de la cámara fotográfica como dos elementos que completan el aspecto imaginativo en el lector. Tal es el caso de “Carretera en el polvo”. Este cuento lineal nos mantiene pegados a las páginas como nos pegamos al televisor para no perdernos ni un segundo lo que sabemos terminará en algo, -sin saber qué, exactamente- y eso, justo eso, le da la pisca de suspenso que hace que no abandonemos la lectura hasta el final inesperado.

Por otro lado, todo lo que el escritor narra lo podemos imaginar sin esfuerzo en nuestra mente. Tal cosa me recuerda a la forma de describir del profesor Juan Bosch, en su cuento La mujer, cuando dice: La carretera muerta, totalmente muerta, está ahí, desenterrada, gris. La mujer se veía, primero, como un punto negro, después, como una piedra que hubieran dejado sobre la momia larga. Estaba allí tirada sin que la brisa le moviera los harapos. No la quemaba el sol; tan sólo sentía dolor por los gritos del niño. En palabras de Pedro Valdez, en su libro, sería: La mujer abre la puerta. La veo ver el retrovisor y quedarse levemente pasmada. Musita unas breves palabras que se disuelven en el aire polvoriento de la tarde; se persigna. Entonces me doy cuenta de que su reacción fue provocada por una virgencita de plástico que cuelga del retrovisor. Muevo la palanca de los cambios, apachurro suavemente el acelerador y el acatarrado motor responde arrastrando la camioneta sobre el descarnado y polvoriento espinazo de la carretera.

Portada de Cuervos sentimentales.

Finalmente, es imposible dejar pasar por alto un aspecto que es muy característico de Pedro: su gran sentido del humor. Este se ve manifiesto en el cuarto cuento “Todo fue por amor”. Cuando lo leemos intentamos darle la sobriedad descrita página por página, hasta que nos vemos ya dentro de una caricaturización novelesca, de la cual no podemos salir, y nos venimos a dar cuenta cuando ya casi el cuento termina, por lo que solo nos resta sonreír ante tal grandísima trampa: “Yo sé, no me lo recuerdes. Pero no puedo seguir callando por más tiempo. Es hora de que te enteres de la verdad” (…). “¡Tendrán que casarse mañana mismo! O “Soy tu verdadero padre”.

Personalmente recomiendo leer esta excelente narrativa ya que, a pesar de su cantidad de suspenso, es muy "desestresante" e ideal para leer cuando estamos de camino a algún lugar, sea en bus o en Metro, cuando estamos esperando algo, mientras cocinamos o simplemente cuando queremos leer algo que nos mantenga bien entretenidos.

Te invito a leer Cuervos sentimentales, en él encontrarás 99 páginas de mucha capacidad narrativa y directa comunión con el lector.

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Ruth Vera, autora de este artículo es estudiante de Educación orientada a la Literatura en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Pertenece al Taller Literario PUCMM.