A Rayuela la leí cinco veces. Como Oliveira buscaba a alguien en cada uno de los encuentros con la Maga. No sé por qué, no sabía qué buscaba. Sí quería encontrarme con los dos y verlos llegar por su cuenta. Encontrarse sin querer encontrar a nadie, a nada. Creo que así funcionan las relaciones. Pasión y muerte, cero resurrección.

Las cinco veces sufría por no poder participar en las reuniones del Club de La Serpiente, en aquella  sucia buhardilla de vinilos de jazz por el suelo, de  la leche de Rocamador desparramada en su cuna, las inteligentes y extrañísimas conversaciones entre el pintor Étienne y Babs y los gatos, siempre los gatos por todas partes.

Sí, el deseo de no ser un lector, traspasar las páginas y estar allí para ver cómo me recibirían en el Club.

Dicen por ahí que Rayuela es “literatura para adolescentes”. Creo que le presumen cierta edad de la inocencia y le envidian una juvenil arrogancia literaria. Además, no importa  lo del tufo “adolescente” , lo que estoy seguro es que más de 50 años después sigue siendo lo que es: un juego de genialidad sin desperdicios.

Rayuela.

Nunca te llevé a que madame Léonie te mirara la palma de la mano, a lo mejor tuve miedo de que leyera en tu mano alguna verdad sobre mí, porque fuiste siempre un espejo terrible, una espantosa máquina de repeticiones, y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro- 

Y para terminar debo decir que La Maga sufre por algún lado. Acaba de morir Oliveira y  ya  Rocamadour llora insufrible en su cuna. Étienne, Babs y Ronald ya no volverán, seguro que no. Ha muerto Oliveira.   Se acabó acariciar al jodío gatito en el Boulevard Sant Denis, libar  vinos  malos  y ya los del Club no les interesa encontrar el saxo del Perseguidor, perdido en algún tren de cercanías de París. La Maga  y  Oliveira ya no se encontrarán sin querer queriendo  a mitad de los puentes y es que Cortázar decidió largarse a otro lugar . Dudo que vuelva.