Título original: Perejil. Año: 2022. Género: Drama histórico. País: República Dominicana. Dirección: José María Cabral. Guion: Arturo Arango, José María Cabral, Nurielis Duarte, Joaquín Octavio González, Alán González, Xenia Rivery. Elenco: Cyndie Lundi, Ramón Emilio Candelario, Gerardo Mercedes, Pavel Marcano, Lia Briones y Attabeyra Encarnación. Duración: 1 hora 18 minutos

El compromiso que puede tener, dentro de cinematografía de un país, el género del drama con el subtema histórico, es que se revelen aquellos acontecimientos importantes que revisten un espacio de escrutinio y análisis que el medio puede ofrecer dentro de su campo.

Entre los vaivenes que ha ofrecido este género en la cinematografía local es que este ha intentado situar su discurso según la perspectiva que cada director. Así, los temas explorados se encuentran dentro de un marco más de exposición que de análisis.

El tema tratado ahora por José María Cabral con relación a la matanza de haitianos ocurrida en el año de 1937 en los pueblos limítrofes entre la República Dominicana y Haití y en algunas regiones del Cibao, ha formado parte durante mucho tiempo del imaginario colectivo tanto haitiano como dominicano, y es hoy un tema que gravita en las relaciones entre ambos países.

Bautizada como la “Masacre del Perejil”, porque los soldados dominicanos llevaban una rama de perejil y les pedían a quienes creían que eran haitianos que pronunciasen dicha palabra, -lo cual para ellos les era de difícil pronunciación-, fue el mecanismo de detección, en que el manejo de la propia lengua materna, se convertía en arma de condena.

Tema tratado anteriormente en otros filmes dominicanos como “La isla rota” (Félix Germán, 2018) y de manera tangencial en “Del color de la noche” (Agliberto Meléndez, 2015).

Entonces, “Perejil” se desarrolla en este contexto histórico durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la que una joven haitiana llamada Marie (Cyndie Lundi), que está esperando su primer hijo con su esposo dominicano Frank (Ramón Candelario), se enfrenta a la desesperación de este acontecimiento sanguinario.

Con un guion escrito a seis manos, incluyendo al propio realizador, la historia toma como personaje conductor, como línea principal de la historia, al personaje de Marie, embarazada y a punto de dar a luz. Su periplo inicia en la misma noche que se desata la masacre que por demás tiene que embarcarse en la búsqueda de su esposo.

Cabral toma la decisión de lanzar el acontecimiento de golpe, sin contextualizar los motivos, sin dejar espacios para el razonamiento histórico del porqué y cómo se desprende dicho proyecto, evadiendo su panorama sociopolítico que es vital para entender lo que está pasando. Aunque Frank es advertido por su amigo de infancia Germán (Pavel Marcano), militar que le cuenta sobre la masacre que se avecina contra los haitianos, no existen más detalles.

De esta manera la travesía de Marie es la justificación para presentar su odisea, haciendo que estas perduren durante toda la película y dejando caer, en su trayecto, migajas maniqueísta donde la actitud sanguinaria de los soldados dominicanos es lo prevaleciente frente a la actitud pasiva y de victimización de los haitianos.

Un juego de poco balance que Cabral no define hacia qué público va dirigido el filme, saltando las dudas entre el propio espectador. De hecho, existen diálogos completos en creole entre los personajes haitianos que no se especifica para el público de habla hispana. O no son relevantes o más bien son meros complementos coloquiales.

Otro detalle es la disposición de Cabral de reducir la proporción de la pantalla a partir del inicio del conflicto, quizás con la supuesta idea de centrar más el drama hacia la figura principal, pero lo que desata en una reacción adversa de la lectura que está haciendo el espectador, puesto que le restringe los márgenes apreciativos de información visual. Inclusive reduce la buena dirección artística y fotografía que posee la película y sus valores de producción que alcanzan niveles por encima de muchas otras producciones del género.

Estas y otras decisiones van minando un posible discurso que hubiera permitido la revalorización de lo histórico y lo cinematográfico. Lastre que todavía arrastra el realizador al momento de establecer sus posiciones y desarrollo de personajes como fue el caso también de “Hotel Coppelia” en el tratamiento y situaciones de sus personajes.

“Perejil”, con todo y ese simbólico colofón de un nuevo principio en ese río Masacre, será un filme que transitará como una aproximación histórica, un ensayo de motivación para continuar en la exploración más justa y proporcionada de los acontecimientos que han marcado el devenir social de la República Dominicana.