Cine

“Nuevo orden”: distopía banal

Su tratado distópico interroga el amplio margen de desigualdad entre las clases sociales que componen la sociedad mexicana del presente.

Por Yasser Medina


Nuevo orden es una película del cineasta mexicano Michel Franco que, a mi parecer, se encuadra en esa corriente de cine arte en la que la narrativa queda subordinada de inmediato a una especie de imagen-texto, donde los personajes se convierten en autómatas y cada fragmento que ocupa un lugar en el encuadre ejerce la función, infinitamente banal, de responder de manera soterrada a un discurso sociopolítico servido para la progresía más izquierdosa. Su tratado distópico interroga el amplio margen de desigualdad entre las clases sociales que componen la sociedad mexicana del presente, pero me temo que su ejercicio nunca escapa de la inercia tautológica ni de las pretensiones estéticas de primer orden que solo me provocan serios efectos dormitivos. No plantea nada que no se haya visto antes con mejores resultados.

Su argumento se sitúa en una distopía orwelliana, en la que los invitados de una boda de alta sociedad son recibidos a tiro limpio y tomados como rehenes por un grupo de gente de clase trabajadora desesperada y muy violenta que se ha levantado con el fin de vengarse de las élites que los oprimen todos los días a cambio de nada, mientras de paso el ejército se aprovecha del desorden y de la anarquía instaurada por los pobres para instalar una dictadura militar de panfleto totalitario.

La visión de Franco examina la brecha de desigualdad entre las clases sociales entendida como una sociedad profundamente dividida, primero, por los desfavorecidos condenados a la falta de oportunidad y a la pobreza que genera resentimiento y, segundo, por el peso aplastante de una burguesía clasista consumida por la corrupción y los privilegios del dinero sucio. Habla sobre el clasismo, el racismo, la inequidad y, además, lanza advertencias metafóricas que recuperan la memoria histórica del pasado totalitario en el que las dictaduras militares representan el poder de la máxima autoridad. Pero en su distopía, ampliamente maniquea, hay poco espacio para un razonamiento que no sea ambivalente cuando mantiene a los ricos como víctimas y a los pobres como zombis rencorosos, encarcelados sin términos medios en la misma condena capital del castigo planificado, en la que todos reciben el mismo trato del disparo a la cabeza para no ensuciarse las manos ni comprometerse con una doctrina determinada al servicio del Estado.

Desde luego, destaco esa estética de Franco que captura el panorama de brutalidad habitualmente con unas atmósferas urbanas desoladoras, un uso constante del encuadre móvil, el fuera de campo que comunica las amenazas exteriores y la psicología del color verde que acentúa la prosperidad de los enriquecidos y el rencor tóxico de los desamparados, a veces con apuntes visuales interesantes que solo se ven lastrados por la insistencia de incorporar en su narrativa las mismas secuencias redundantes sobre las ejecuciones que esconden parábolas sociológicas. En sus cambios de tono, no hay ni siquiera un diálogo que se rescate porque todo avanza a un ritmo caótico y, los personajes, dicho sea de paso, apenas abandonan el rastro visible de las descripciones estereotipadas. Su hora y media pasa ante mis ojos sin pena ni gloria, sin nada que me provoque alguna emoción significativa.

 

Ficha técnica

Título original: Nuevo orden

Año: 2020

Duración: 1 hr 25 min

País: México

Director: Michel Franco

Guion: Michel Franco

Música: Dmitri Shostakovich

Fotografía: Yves Cape

Reparto: Naian González Norvind, Diego Boneta, Mónica del Carmen,

Calificación: 5/10

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