Críticas de cine

La Boya

Dos jóvenes, en esa edad de revelaciones y desarraigos, y un hombre adulto con un pesado fardo de contradicciones, son los elementos que Maler juega para involucrar al público en un plano en que las apariencias son precisamente apariencias, puesto que nada puede juzgarse a priori en esta historia.

Escena de La Boya.

Título original: La Boya. Año: 2019. Género: Drama/Thriller. País: República Dominicana. Dirección: David Maler. Guion: David Maler. Elenco: Eduardo Noriega, Camila Issa, Inti Santana. Duración: 1 hora 33 minutos

Dos adolescentes frecuentan una casa de playa abandonada y allí conocen a un vecino que guarda cierto misterio con su pasado y su identidad. El juego entre los tres se complica cada vez más, hasta el punto de desdibujar líneas confusas de sus anhelos y descubrimientos.

Esta es la propuesta argumental que David Maler (Reinbou, 2017) propone sobre un delicado tamiz de expresiones, matices y sorpresas colocando su historia dentro de un espectro psicológico cambiante.

Dos jóvenes, en esa edad de revelaciones y desarraigos, y un hombre adulto con un pesado fardo de contradicciones, son los elementos que Maler juega para involucrar al público en un plano en que las apariencias son precisamente apariencias, puesto que nada puede juzgarse a priori en esta historia.

Inti Santana como Clara, con una soltura orgánica muy favorable para su personaje, destila una personalidad que busca entre los amasijos de la adolescencia un punto de equilibrio que le ayude a interpretar su amistad con su amiga Alessia (Camila Issa), sus revelaciones y sus reclamaciones.

Mientras que la presencia del personaje de realizado por el actor español Eduardo Noriega, quien tuvo sus primeros éxitos bajo la dirección de Alejandro Amenábar en cintas como “Tesis” (1996) y “Abre los ojos” (1997), desarrolla su personaje convirtiéndolo en una pieza clave para enfrentar a estas dos amigas, pero también para encontrarse con su dolor y miedo, a través de ese constante sonar del teléfono que él rehúye y evita.

La dirección de Maler es de una delicada composición donde la cámara se mueve en un constante pulso como esa boya que perdura en el mar, haciendo invisible lo visible y, a algunas veces, lo contrario.

Esa es su misión, visualizar el entorno, sin olvidarse a quien le está narrando.  Por eso el trabajo de cámara de Marc Miró tiende a ese cometido, mostrar ese espacio y ese tiempo determinado en los personajes sin declarar nada fuera del contexto dramático.

Y es aquí que la idea se transmuta en un perfil que transversa los estados de ánimo de los personajes, dejándolos vulnerables, sin ese sabor a sorpresa que le pueden a encontrar la oportunidad para el autoconocimiento.

Es evidente que Maler se dedicó a justificar todo su empeño en crear una obra que transmite delicadeza y rigor, pero más aún en mostrar una historia de carente de subterfugios baratos y dispuesta a plantear una excelente idea simbólica sobre la pérdida y la compasión

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