Recientemente vi un video de Narciso Isa Conde y asistí a la puesta en circulación de tres libros del profesor e intelectual Faustino Collado; ambos coinciden en refutar y rechazar lo que denominan la esencia y ambivalencia del progresismo y el izquierdismo. No es nada extraño, son rama del mismo tronco y palo de las mismas ardillas.

Narciso Isa Conde critica a Guillermo Moreno, al Frente Amplio y al Partido Comunista del Trabajo (PCT) por haber hecho acuerdos puntuales en las elecciones del 2020 en candidaturas congresionales y municipales con el Partido Revolucionario Moderno (PRM), como si eso fuera negativo desde el punto de vista táctico.

Narciso Isa Conde es de los dirigentes políticos de izquierda más “prolífico en el movimiento revolucionario” dominicano, “considerado como la espuela izquierda del gallo colorao.” También fue la flor y nata de la juventud en el régimen de terror del presidente Joaquín Balaguer durante los doce años. En aquel entonces llegó a descalificar el “socialismo”, porque suprimía la democracia y la voluntad de las mayorías. ¿Pero cómo Narciso Isa Conde critica lo que él llama alianzas puntuales si el duró 8 años aliado a Balaguer durante el régimen de terror trujillista-balaguerista?

Narciso participó en las elecciones 1982 y obtuvo 11 mil votos, en 1986 16 mil y en 1990 40 mil. Ahora, en este contexto, quiere irse a la guerra popular, a la guerra de guerrilla.

Supongo que Narciso se leyó el libro: “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo;” que es una de las más importantes obras de Vladimir I Lenin.

Lenin empieza por destacar, en esta obra, el carácter internacional de la Revolución Rusa, no por la incidencia política que esta tuvo en la coyuntura mundial de la época, sino porque “todos los rasgos fundamentales, y muchos secundarios, de nuestra revolución(….) tienen importancia desde el punto de vista de la influencia de aquella en todos los países(…) es decir, entendiendo por importancia internacional su trascendencia mundial o la inevitabilidad histórica de que se repita a escala universal lo ocurrido en ese  país”.

En otro ámbito, Lenin pone en evidencia cómo el Partido Bolchevique combatió en el movimiento revolucionario y en sus propias filas las posiciones oportunistas de derecha y actitudes y puntos de vistas sectarios de “izquierda”. “Sin derrotar ideológica y políticamente esas posiciones, decía Lenin, no es posible elevar a la clase obrera a la condición de fuerza revolucionaria ni el partido puede cumplir el papel de vanguardia.

“En el extranjero se sabe todavía, dice Lenin, en medida demasiado insuficiente que el bolchevismo ha crecido, se ha formado y se ha templado en largos años de lucha contra el “revolucionarismo pequeñoburgués, parecido al anarquismo o que toma algo de él y se aparta en todo lo esencial de las condiciones y exigencias de una consecuente lucha de clase del proletariado”.

Las posiciones “doctrinaritas e izquierdistas”, de las que Narciso Isa Conde y Faustino Collado son portadores, causan daños al movimiento de izquierda porque son levantadas sobre criterios “subjetivos y voluntaristas” que subestiman las posibilidades revolucionarias de las masas.

“En el actual contexto político, el partido de izquierda y de los sectores progresistas debe aprender a dirigir a las grandes masas de trabajadores para la vía electoral, porque es lo posible en este momento. Un movimiento político en el que las masas de trabajadores están ausentes de sus acciones y estas recaen en un núcleo reducido de personas está destinada al fracaso.  “Actual sin falta allá donde estén las masas”, dice Lenin. Estos son, digo yo, en los sindicatos, la sociedad civil, los estudiantes, grupos culturales, grupos de jóvenes, la sociedad política y más, pero hay que ir con una política correcta, acertada, una política que recoja los intereses de las grandes masas, que tome en cuenta la experiencia y el nivel de conciencia política y defina con claridad los blancos que el análisis coyuntural político-social determinen.

Esa visión “doctrinaritas e izquierdistas” de Narciso Isa Conde y Faustino Callado de “que no hay que contaminarse estableciendo acuerdos y alianzas políticas con otros sectores que no sean parte del campo revolucionario, es una visión errada y estrecha, y vamos a decir por qué.  “Hay compromisos y compromisos”, decía Lenin, y advierte que se debe analizar la situación y las condiciones concretas de cada compromiso o de cada variedad de compromiso; la primera condición para resolver acertadamente este importante problema para la táctica del partido marxista es el enfoque concreto histórico de cada compromiso, de cada acuerdo, teniendo en cuenta la correlación de fuerzas y las posibilidades reales de la lucha”.

Una cosa son los compromisos que afectan los intereses de la clase obrera, como los que generalmente establece el oportunismo, el revisionismo y el reformismo; pero son distintos los compromisos que refuerzan las posiciones revolucionarias de la clase obrera, que ayudan al desarrollo del movimiento de masas en la lucha en contra de sus enemigos de clase: “Los marxista leninistas no pueden renunciar a este último tipo de compromisos”.

“Aceptar el combate cuando es ventajoso a todas luces para el enemigo, y no para los revolucionarios, constituye un crimen”. “Y los políticos de la clase revolucionaria que no saben “maniobrar”, que no saben “concertar acuerdos y compromisos” a fin de rehuir un combate desfavorable a ciencia cierta, no sirven para nada”, manifiesta Lenin al finalizar el capítulo VIII del libro en cuestión, que tiene como subtítulo ¿Ningún Compromiso?