A partir de este 28 de diciembre, todos los cargadores que se elaboren y comercialicen en la Unión Europea (UE) deberán ser USB del tipo C, y serán compatibles con todos los dispositivos móviles (celulares, consolas, tabletas, cámaras digitales, audífonos y altoparlantes), en cumplimiento de una disposición para la que los fabricantes han tenido dos años para ajustarse. Hasta este sábado, todos los Estados miembros de la UE tenían plazo para aplicar la directiva que obliga a ese cambio.

La medida del cargador universal, para el cual se adoptó como estándar el accesorio usado por los modelos Android, busca reducir el volumen de los residuos electrónicos, al permitir que los usuarios puedan gestionar todos sus dispositivos con el mismo cargador.

La medida también apunta a impedir la fragmentación del mercado de este tipo de accesorios y proteger a los consumidores de verse forzados por el fabricante a adquirir modelos específicos.

Al momento de la aprobación de la medida por parte del Parlamento Europeo, el relator sobre el Derecho Común de Carga de la UE, Alex Agius Saliba, aseguró que la medida permitiría ahorrar “miles de toneladas de residuos electrónicos”, además de facilitar “la reutilización de productos electrónicos viejos, mejorar la comodidad del consumidor, reducir los costes innecesarios y ayudar a ahorrar millones de euros".

De momento, solo los relojes inteligentes, las pulseras de medición de actividad y los ordenadores portátiles quedan exentos de esta disposición, pero mientras que los dos primeros, por sus características específicas, pueden mantener sus formatos actuales de recarga, los fabricantes de computadoras tienen plazo hasta el 28 de abril de 2026 para ajustar la manufactura de todos sus modelos al cargador universal.

Con este nuevo reglamento, los compradores tendrán la última palabra sobre si desean o no recibir un cargador con cada nuevo dispositivo que adquieran y estarán empoderados para tomar decisiones que contribuyan a reducir el impacto ambiental de sus hábitos de consumo.

La disposición final sobre el cargador universal representa un alivio para el planeta. La amplia elaboración de esos artefactos afecta al medio ambiente por la extracción de las materias primas para su fabricación y, por otra parte, generan emisiones de carbono que derivan de su producción y transporte.

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Forzados por la evidencia

El Derecho Común de Carga de la UE combate el llamado “bloqueo tecnológico”, por el que los usuarios quedan atados a un fabricante específico una vez que adquieren uno de sus productos.

Apple fue el fabricante que más objetó el nuevo reglamento. Mientras otras marcas coindicen en el cargador USB tipo C, en los diversos dispositivos de la firma de Cupertino conviven cargadores Micro B, tipo C y Lightning, que es exclusivo de Apple.

Sin embargo, los redactores del instrumento legal lograron demostrar que ese abanico de accesorios contribuía a generar 11.000 toneladas anuales de residuos electrónicos, e incrementaba en 250 millones de euros al año el gasto de los usuarios de la UE en cargadores.

Finalmente, Apple aceptó unirse al estándar y desde hace un año fabrica dispositivos compatibles con el nuevo cargador universal.

El tamaño del mercado de la UE tendrá seguramente un impacto en el resto del mundo y expertos y redactores de este reglamento coindicen en augurar que tarde o temprano otras legislaciones nacionales y regionales adoptarán medidas similares.

Con Reuters y medios locales