El caso de la escuela de El Gramazo, Padre Las Casas, llegó a la Cámara de Diputados este martes de la mano del diputado Juan Dionicio Rodríguez Restituyo, quien en su turno leyó una carta enviada en enero al ministro de Educación, Ángel Hernández,  por una estudiante de ese centro.

“Hoy no voy a hablar yo, hoy va a hablar la estudiante Odalisa Santos de la Cruz, quien expuso las condiciones de la escuela de El Gramazo, Padre Casas, en una comunicación que le envió al ministro de Educación a inicio de este año y de la que no recibió respuesta”, expresó Rodríguez Restituyo antes de dar lectura al documento.

El congresista pidió a la Comisión de Educación de la Cámara Baja que dirige Norberto Ortiz que visite el lugar para constatar las difíciles condiciones en que se encuentra el centro escolar y las vicisitudes que enfrentan los niños de la zona para ejercer su derecho a la educación.

Rodríguez Restituyo informó que visitó esa comunidad recientemente y constató las difíciles condiciones de vida de la comunidad en general. “Yo tuve la oportunidad de llegar a El Gramazo y me costó varias horas llegar desde Padre Las Casas. Hay que ver las condiciones en que están el puente y esa escuela.”

Y dirigiéndose al doctor Ángel Hernández, agregó: “Señor ministro, esa carta se le depositó el 24 de enero de este año. Por favor, resuelva el tema de El Gramazo.”

La carta de la alumna está fechada el 23 de enero de este año y, según consta en acuse de recibo, fue entregada en el antedespacho del ministro de Educación el día 24 de ese mes, pero nunca recibió respuesta.

La misiva da cuenta de que la escuela de su comunidad “no sirve, los estudiantes no caben y que solo hay tres maestros para cubrir todos los grados”.

“En la capital y en las demás ciudades –agrega- hay de todo, pero nuestra escuela ni siquiera tiene luz, y cuando se nubla o llueve hay que suspender las clases y perder el día. Aquí estudiar da mucha dificultad. Muchos niños tienen que recorrer grandes distancias, atravesar caminos solitarios y llenos de peligro y generalmente bajo la lluvia para poder ir a una escuela, que ni siquiera es una escuela de verdad, sino una simulación de escuela, un lugar sin ninguna condición.”

“Esta carta, señor ministro, no es una súplica ni un ruego. Es una exigencia a las autoridades a que reconozcan nuestro derecho a la educación, que en El Gramazo hace tiempo que está rodando montaña abajo. ¿A usted no le parece que estamos hablando de mucha injusticia, señor ministro?”, le preguntó la alumna al ministro Hernández.

A continuación, el texto íntegro de la carta:

 

El Gramazo, Padre Las Casas,

Lunes 23 de enero de 2023

 

Señor Ángel Hernández

Ministro de Educación

Su Despacho

 

Soy Odalisa Santos de la Cruz, estudiante del segundo año del bachillerato. Soy de un pueblito de la cordillera Central que quizás usted nunca ha oído mencionar. Se llama El Gramazo. Está situado en un lugar muy alto en la cadena de montañas que va de Constanza a Padres Casas y pertenece a la sección Las Cañitas, municipio Padre Las Casas, Azua.

Le escribo para hablarle de las condiciones en que se encuentra la escuela de nuestra comunidad. Fue construida hace treinta años por la propia comunidad y sin ningún apoyo de los gobiernos; solo con la ayuda de la Iglesia Católica.

A pesar de nuestra voluntad de estudiar y salir adelante, nunca hemos recibido atención de ningún gobierno. Todos los gobiernos se han olvidado de nosotros, unos detrás de otros, y este va por el mismo camino. El resultado ha sido este: que la escuela no sirve, que los estudiantes, unos cien actualmente, no caben, y que solo hay tres maestros para cubrir todos los grados.

La escuela solo llega hasta sexto. Una vez la pusieron hasta a octavo, pero eso casi fue de boca. Como no dispusieron de maestros suficientes, se tuvo que volver atrás. Usted no me va creer, pero cuando los estudiantes llegan a sexto sus padres deciden que repitan ese curso para que no pierdan la costumbre de estudiar por si un día las cosas mejoran nos encuentren sentados en un pupitre.

Le solicito, señor ministro que visite nuestra escuela. Es más, lo invito formalmente. Ustedes, allá en la capital y en sus oficinas, hablan mucho de la educación y pronuncian muchos discursos sobre los avances que dicen que tiene la República Dominicana en la educación. Pero tiene que venir a El Gramazo y ver nuestra realidad, para que se dé cuenta de que todos esos discursos que se dicen en la capital, aquí no funcionan. Aquí lo único que funciona es el olvido y el desprecio con que los gobiernos, todos sin excepción, nos han tratado siempre.

En la capital y en las demás ciudades hay de todo, pero nuestra escuela ni siquiera tiene luz, y cuando se nubla o llueve hay que suspender las clases y perder el día. Aquí estudiar da mucha dificultad. Muchos niños tienen que recorrer grandes distancias, atravesar caminos solitarios y llenos de peligro y generalmente bajo la lluvia para poder ir a una escuela, que ni siquiera es una escuela de verdad, sino una simulación de escuela, un lugar sin ninguna condición.

Para llegar desde Constanza hay que pasar por el puente de Arroyo Hondo, luego por Los Corralitos, después por La Paila y el puente de La Unión, más tarde por Fundo Viejo y después por un último puente de palos que tuvimos que hacer y que casi siempre se lo lleva el rio cuando crece.

Yo estudié en esa escuela y pasé todas las dificultades del mundo. El último grado que hice fue el 6° de primaria. Sólo había tres profesores y dos aulas, cada una con 70 estudiantes en un espacio que estaba hecho para unas 30. Teníamos que sentarnos de a tres y cuatro en un pupitre y teníamos que turnarnos para sentarnos por ratos. Y lo lamentable, señor ministro, que eso aun continua así.

Mis padres han hecho un sacrificio muy grande para que yo y mis hermanos sigamos estudiando y nos mandaron a Constanza. Y aquí estamos, añorando nuestra tierra y viendo cómo los estudiantes de El Gramazo tenemos que quedarnos atrasados mientras en otros lugares del país se avanza.

Los que terminan y no tienen ingresos para seguir estudiando, repiten de curso esperando que alguien los ayude a ver si los cursos avanzan. Algunos, muy poco, tienen oportunidad de venir a Constanza a estudiar los sábados. En tiempos de lluvia los que estudian los sábados no siempre pueden llegar debido a que el puente se derrumba y se quedan sin poder pasar para ningún lado.

Antes, una parte de los estudiantes recibía clases en la pequeña iglesia de la comunidad. La iglesia era una casita normal de cemento y madera que nos protegía del agua. Pero se fue desgastando y hace poco se derrumbó. Y ahora no hay donde meter esa parte de estudiantes. Ahora, la pregunta es ¿Qué harán es que harán ahora esos estudiantes, que no caben en la casita que sirve de escuela?

¿A usted no le parece que estamos hablando de mucha injusticia, señor ministro?

Nuestros padres no pudieron estudiar y eso nos hizo más pobres. Pero ahora aquí hay una nueva generación de estudiantes que quiere hacerlo. ¡Pero como lo vamos a hacer si ni siquiera tenemos una escuela de verdad!

La comunidad del Gramazo ha pedido sin descanso una escuela y una iglesia, pero de nada ha valido porque nadie nos ha hecho caso. Una vez nos engañaron, les dijeron a nuestros padres que compraran block y varilla e hicieran una zanja, ellos lo hicieron y aun así nadie se ha dignado en aparecer.

Eso es lo que han hecho los gobiernos, uno detrás de otros, allantarnos, vendernos sueños y hacer promesas que nunca han cumplido y que siempre se las lleva el viento.

Y es bueno que usted se, señor ministro, que la situación de la escuela de El Gramazo no es la única en malas condiciones. En esta franja de la cordillera hay 18 comunidades y no hay escuelas suficientes. La mayoría está en muy malas condiciones y otras han resultado muy pequeñas para alojar a la cantidad de estudiantes que hay. Y esto tiene que ser constatado por usted mismo, señor ministro.

Yo tengo un gran sueño, y es que cuando termine el bachillerato ir a la universidad y graduarme en Educación para volver a mi comunidad como maestra y ayudar a los niños a salir adelante; y para devolverle a mi comunidad todo lo que me ha dado.

Esta carta, señor ministro, no es una súplica ni un ruego. Es una exigencia a las autoridades a que se reconozcan nuestro derecho a la educación, que en El Gramazo hace tiempo que está rodando montaña abajo.

Esperando que cuando lea esta carta ponga su mirada en nuestra comunidad, y con la confianza que nos visite, queda de usted

 

Odalisa Santos de la Cruz

Estudiante del 2do. año del bachillerato

Escuela Eugenio María de Hostos

Constanza