Desconstruyendo

Un mundo mágico

El BC tiene un equipo técnico de muchas luces y altísima capacidad del que forma parte mi querido amigo Ramón González, pero la anquilosada dirección del gobernador crea un mundo ficticio y detiene el progreso de esta institución que podría ser de mayor provecho para el país.

Por Apolinar Veloz

Mi artículo de la semana pasada, titulado Siguiendo la Tradición, fue comentado por mi amigo y colega Ramón Antonio González Hernández, subgerente de Cuentas Nacionales y Estadísticas Económicas del Banco Central (BC), mediante carta dirigida al director del diario digital Acento, señor Fausto Rosario Adames, publicada el lunes 11 de octubre del año en curso.

Antes de responder a sus consideraciones, debo agradecer que haya sido mi querido amigo y colega quien firmara esa carta ya que me permite una conversación no sólo sobre aspectos técnicos de la contabilidad nacional sino también y más importante sobre su uso. Y, de paso, dilucidar nuestras coincidencias y diferencias. De otra manera, este rico intercambio de ideas se hubiese convertido en un aburrido monólogo de conveniencias y justificaciones políticas con poco valor para el interés del público. Como sabes, de esa área normalmente me sustraigo, ya que la misma está dominada por negocios e intereses que me apartarían de una reflexión útil, impidiéndome un diálogo interesante sobre nuestra economía.

Hecha esta aclaración, discuto los cuatro aspectos señalados en la carta de González Hernández. El primero de ellos se refiere a la preocupación externada sobre el uso que le da el gobernador a la tasa de crecimiento acumulada de la economía dominicana para el período enero-agosto del 2021, en su última comparecencia ante la prensa nacional. El segundo, comenta sobre el rol de la inversión en el crecimiento económico. Igualmente se refiere a la tendencia que presenta actualmente la inflación a la que hice referencia tangencialmente para referirme a otro tema y, finalmente, menciona, pero no discute, la relación del crecimiento económico y el peso que sobre éste tiene la enorme deuda pública dominicana, por lo que no hace falta referirse a esto.

Mi artículo, Siguiendo la Tradición, trata sobre el Informe Preliminar de la Economía Dominicana, enero-agosto del 2021, cuyos resultados fueron presentados en rueda de prensa por el gobernador del BC, donde anunció que la tasa de crecimiento acumulada de la economía en ese período fue de 13.0%, medido a través del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE). Este dato resulta de comparar el período enero-agosto del 2021 con el mismo período del 2020, que corresponde al año de la pandemia que contrajo la economía dominicana en un 6.7%, año evidentemente anormal. En ese informe el gobernador afirmó: “En este tenor, el indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE) muestra una variación acumulada a agosto de 13.0%, manteniendo el dinamismo que ha venido registrando durante el presente año”. De manera particular, en el mes de agosto se verificó un incremento de 11.7% con respecto del mismo mes del año anterior, (BC, Informe Economía Dominicana, enero-agosto, 2021).

En dicho artículo, argumenté que si se hubiesen tomado los índices de volumen del PIB trimestral y se hubiesen calculado sus tasas de crecimiento, tal y como lo plantea el mismo González Hernández en su carta, los resultados hubiesen sido tasas de crecimiento menos espectaculares de la que hace referencia el gobernador y más cercanas a los valores de la tendencia del PIB, tal y como los calcula González Hernández y que cita en su carta “3.3% en abril, 4.8% en mayo, 4.7 en junio, 2.2% en julio y 3.7% en agosto”. Pero el gobernador evitó referirse a estos datos que prepara el Departamento de Cuentas Nacionales que marcan una recuperación moderada del ritmo de crecimiento de la economía; por el contrario, decidió magnificar la tasa de crecimiento, comparando el período de enero-agosto del 2021 con el mismo período del 2020 en lugar de escoger un año normal como el 2019. Esta metodología le permitió al gobernador aprovechar lo que se conoce como rebote estadístico que resulta de comprar el crecimiento económico de un año afectado por una crisis (como la del COVID-19) con otro más o menos normal. El 13.3% de crecimiento es por tanto un rebote estadístico que no es incorrecto, pero es a todas luces engañoso. Ramón González, advierte en su carta, que su Departamento realiza metodológicamente el cálculo correcto de las tasas de crecimiento considerando el año del 2019, de manera que la decisión de usar un método alternativo por parte del gobernador sirve para dar una impresión sobredimensionada de la realidad.

Tal y como Ramón González explica en su misiva las series del IMAE y del PIB real, así como las tasas de crecimiento trimestrales están disponibles en la red del BC, pero sólo el IMAE está disponible hasta agosto del 2021. El último Informe de la Economía Dominicana publicado en la red del BC corresponde al período enero-junio del año en curso y el gobernador hace referencia al período de enero-agosto del 2021 utilizando el indicador temprano de actividad económica que es el IMAE en lugar de utilizar el PIB real que es la variable que se utiliza preferentemente para informar sobre el crecimiento económico.

También, el Subgerente de Cuentas Nacionales del BC comenta que la inversión neta contribuirá significativamente en el crecimiento económico. En mi artículo de la semana pasada sugiero que la inversión tendrá un impacto menor. Para arribar a esa conclusión me auxilié del Artículo IV para República Dominicana del Fondo Monetario Internacional (FMI) correspondiente al 2020 que proyecta la contribución al crecimiento de algunas variables, entre las cuales se encuentra la inversión. El FMI proyectó que su contribución al crecimiento sería de 4.7% para el 2021. Afirmé en mi artículo que esa contribución me parecía elevada, toda vez que la inversión pública (que es fundamentalmente construcción) se había contraído sustancialmente durante el 2021 y que alcanza el 4% del gasto del gobierno central (GC).

No obstante, Ramón González sugiere que la inversión total aumentó durante enero-junio del 2021 comparándolo con el mismo período del 2020, justamente el año de la pandemia, tal vez olvidando involuntariamente el método que utilizó para el producto y que el gobernador utiliza deliberadamente para alcanzar la cifra del crecimiento de su preferencia. La inversión calculada de esta manera está influenciada por el rebote estadístico de comparar los resultados del año 2021 con el año de la pandemia. Por eso, según su proyección, la inversión contribuye a explicar en 8.7% el crecimiento acumulado de 13.3%, con lo cual magnifica la contribución de la inversión al crecimiento. Si se hubiera cuestionado el tamaño de la inversión considerando su costo (la tasa de interés), no hubiera llegado a esa conclusión.

La tasa de interés activa en la banca comercial dominicana siguen siendo elevada y considerando la relación inversa que las mismas tienen con la inversión, cabría esperar que fluctuara en una u otra dirección dependiendo del cambio de la tasa de interés. En el contexto centroamericano, la economía dominicana tiene una tasa de interés activa similar a Costa Rica, Nicaragua y Guatemala; quedando por encima de la de El Salvador y Panamá, pero por debajo de Honduras, tal y como puede observarse en la Figura 1.

En el 2020, la tasa de interés activa en el país era alrededor del 14% en el mercado financiero doméstico y se redujo durante el año siguiente a cerca del 10% en el 2021. Este comportamiento podría deberse a dos factores: primero, a la elevación de la circulación monetaria, afectando a la baja la tasa de interés o a que se haya deprimido la demanda de crédito para inversión debido a la contracción de la demanda interna.

De acuerdo con el Artículo IV del FMI del 2020, la expansión monetaria (que persiguió reducir el impacto de la pandemia) fue usada por los bancos locales para re-estructurar los préstamos vencidos, lo que ya había advertido ese organismo en el 2019, cuando recomendó a los bancos locales no repartir dividendos y utilizarlos para fortalecer el capital de sus instituciones, lo que indicaba el deterioro de su cartera de crédito. Por consiguiente, la expansión monetaria del BC no circuló en la economía y los aumentos de crédito que se registraron corresponden a asientos contables en los bancos comerciales.

Por tanto, la política monetaria no fue responsable de la caída de la tasa de interés. A mi juicio, la caída de la tasa de interés resulta de la contracción de la demanda agregada interna que afectó la demanda de crédito, contribuyendo a la reducción de la tasa de interés. Los inversionistas fueron cautelosos, ya que su inversión no produciría los beneficios esperados dada la debilidad de la demanda interna. Por lo que sugería en mi artículo que la inversión debió crecer a una tasa menor a la sugerida por el FMI, lo que se muestra en la Figura 2 para el primer trimestre del 2021.

Finalmente, me refiero a una mención de soslayo que hice sobre la tasa de inflación en el artículo de la semana pasada. Si la expansión del PIB ha sido de la magnitud que dice el gobernador del BC, entonces, este incremento de la oferta de bienes y servicios debería redundar en una reducción del nivel de precios y en un aumento de la demanda real de bienes y servicios. En efecto, según la réplica de Ramón González, la tasa de inflación subyacente que mide el BC se ha ido reduciendo y se espera que converja con el rango meta de la inflación del BC al concluir este año. Lo que planteé es que la tasa de inflación ha afectado sensiblemente el poder adquisitivo de los consumidores, no la tasa de inflación subyacente que usa el BC para medir su éxito en la política monetaria.

En este sentido, cabe aclarar, que la inflación subyacente excluye de la canasta de consumo aquellos bienes que exhiben elevada variabilidad de precios, estacionalidad o cuyos precios están sujetos a decisiones administrativas. De manera que excluye los precios de los combustibles (gasolina, gas licuado de petróleo, gas natural, carbón y otras materias primas) y, por tanto, los precios de esos bienes no tienen incidencia en el cálculo de la tasa de inflación. Aunque el uso de la tasa de inflación subyacente corresponde a una convención internacional, a la que se acogió el BC dominicano, esta decisión ofrece una idea clara de la ilusión de estabilidad (estadística) de precios que calcula y anuncia el BC.

Por esta razón, el BC espera que la tasa de inflación se acerque al rango meta de 4.0% con una desviación del 1.0% por encima o por debajo de ese valor. Pero la inflación subyacente es una convención que adoptan los bancos centrales que tienen programas de metas de inflación y, por tanto, divorciada en alguna medida del costo real de la canasta de consumo; lo que hace buena propaganda de la gobernación sin que mejore las condiciones de vida de los dominicanos.

Estas reflexiones conducen incontrovertiblemente a que el BC no debe ser juez y parte en la producción de estadísticas económicas, particularmente de las que se relacionan con sus objetivos, ya que, como se ha comprobado, las usa en provecho propio. El BC tiene un equipo técnico de muchas luces y altísima capacidad del que forma parte mi querido amigo Ramón González, pero la anquilosada dirección del gobernador crea un mundo ficticio y detiene el progreso de esta institución que podría ser de mayor provecho para el país. Albergamos la esperanza de que esta situación no se prolongue por más tiempo

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