Perspectiva educativa

La docencia: ¿profesión u oficio?

Por Emilio Vargas Santiago

En las últimas décadas, se ha estudiado la actividad docente para ubicarla como una profesión como tantas otras que se reconocen como tales. Sin embargo, aún no hay unanimidad en ubicar la enseñanza como una profesión. Para algunos autores la docencia no entraría dentro de una profesión,aunque sea contítulo de licenciado. Musgrave (1983) expresa que parecería más acertado considerar que la enseñanza es una ocupación con cierto estatus.

Según Ghilardi (1993), el análisis de la actividad docente muestra claramente por qué con mucha frecuencia se define la enseñanza como una semi-profesión. Porque respecto a otras actividades, la enseñanza solo cumple parcialmente, y en un grado seguramente inferior, los requisitos que se han establecido.

También se dice que el magisterio comenzó a notar que el hecho de que la docencia no fuera una profesión hacía que disminuyera su estatus social. Por lo cual, se propuso para elevar la condición social formalizar su formación profesional. Aunque se reconoce que el Estado es uno de los responsables de que el estatus docente haya decaído en forma constante desde hace muchos años.

Para otros autores considerar el ejercicio docente como una profesión y no como un oficio sigue siendo la meta a cumplir por las reformas educativas ocurridas en Latinoamérica.Entre los argumentos que se plantean para negarlo se dice que los profesionales tienen asociaciones para reglamentar el acceso y el ejercicio académico de sus miembros, siempre con el objetivo de mejorar el nivel de la profesión para cumplir más plenamente sus obligaciones con la sociedad. En cambio, los docentes han desarrollado más que asociaciones, sindicatos, que declaran huelgas y luchan fundamentalmente por cuestiones económicas. Paralelamente se debería haber desarrollado una corriente de pensamiento pedagógico lo suficientemente fuerte como para definir un código ético, que elaborara temáticas concretas de la profesión Musgrave (1983).

El término profesión procede del latín professio, que significa acción y efecto de profesar o ejercer un oficio, una ciencia  o un arte. Por tanto, en principio la profesión es el empleo o trabajo que alguien ejerce y por el que percibe una retribución económica; quien la ejerce se conoce como profesional. En sus orígenes, el concepto se relacionaba con la profesión clerical. El concepto moderno surge a partir del siglo XVII, vinculado al desarrollo de la ciencia y la tecnología.

Según especialistas, esa concepción fue el detonante del auge de la Ingeniería y la Medicina como saberes prácticos, eficaces y capaces de explicar por qué y cómo.Por el contrario, los trabajos que no cumplían con esa racionalidad tecnológica se vieron poco a poco rechazados como oficios, trabajos o artes, que requieren habilidad, pero sin base científica.                                                     

Desde hace tiempo se observa en la cotidianidad que cuando se hace alusión a profesión, se le relaciona exclusivamente con estudiar una licenciatura o equivalente, enfocándose básicamente al proceso de formación en una institución de educación superior, y la profesión va más allá del ámbito escolar, pues su desarrollo está ligado a la evolución de las sociedades. Al respecto, Gorrochotegui (2011)  aclara: “la formación no puede solo ser vista como un oficio o profesión, sino que hay que agregarle el verdadero valor de trascendencia que los docentes deben tener, la vocación,  asociada  al compromiso y máxima responsabilidad de lo que significa educar”.                                       

Asociados a profesión existen otros términos, como profesionalidad, profesionalización, profesionalismo... Según el diccionario de la RAE, profesionalidad es la cualidad de la persona que ejerce su actividad con capacidad y aplicación relevantes. En una segunda acepción, es la actividad que se ejerce como una profesión. Mientras que profesionalización es el proceso por el cual una ocupación llega a ser una profesión y el profesionalismo describe la cualidad de la práctica. Y como elemento inherente desde el punto de vista individual y colectivo resalta Ia función de desarrollo profesional, proceso que permite mediante el trabajo colaborativo hacer una revisión constante para diagnosticar necesidades que pueden ser atendidas a través de Ia formación permanente.

En forma inseparable a la definición de una profesión, existe un código de ética que dirige las actividades de cada una de ellas. Este código requiere de una conducta y práctica más allá de las obligaciones morales personales de un individuo. Quienes practican una profesión definen y demandan parámetros elevados de comportamiento con respecto a los servicios proporcionados al público y en el trato con los colegios profesionales. Estos códigos, impuestos por la profesión son reconocidos y aceptados por la comunidad.

La sociología cuando estudia la profesionalización de una ocupación trata de comprobar si cumple con una serie de características que se le atribuyen al modelo tradicional de profesión liberal. Así, desde el punto de vista de la autonomía pueden darse casos de auténtica profesionalización, de semiprofesionalización y de desprofesionalización. Las semiprofesionesrepresentan un grado menor de profesionalización porque solo alcanzan la autonomía en algunas de las características típicas, como sería para algunos el caso de los maestros y profesores. Los obreros serían dentro de este esquema el extremo opuesto de los profesionales, con menor nivel de conocimientos académicos, muy bajos niveles de control sobre sus procesos de trabajo y muy escasa capacidad de autonomía.

Los autores suelen proponer una lista de características propias de la profesionalidad, resumiendo en cuatro los criterios que dan forma a la visión tradicional de una profesión: remuneración, estatus social, poder autónomo o autorizado y servicio. Aunque Imbernón (1994) expresa que, “parece razonable pensar que la profesión no consiste tanto en una lista precisa de rasgos que cumple un trabajo de forma fija e inmutable, sino un proceso continuo de búsqueda y perfeccionamiento para el logro de una serie de objetivos”.    

Un profesional es, según Popkewitz (1985) “una persona con elevada preparación, competencia y especialización que presta un servicio público. Además, Ia denominación profesional proporciona privilegio, autoridad y reconocimiento social a Ias personas que las asume”. Y para Torres Santomé (2009)                  “La enseñanza es considerada un trabajo profesional, pues requiere un gran bagaje de conocimientos teóricos y prácticos que se enriquecen en medida en la que se reflexiona sobre su actuación para comprender y resolver los problemas con los que esas personas se encuentran. Son esos conocimientos los que permiten realizar valoraciones acerca de la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje que se llevan a cabo en las instituciones escolares”.

La identidad de una profesión, más allá de un mero oficio, se caracteriza por la capacidad de sus expertos de trabajar para resolver los problemas específicos de su área de conocimiento, basada en conocimientos propios y organizados, puede ser transmitido y reconocido entre sus pares, tanto el marco conceptual y teórico, como en el empírico y práctico. Por tanto, se puede concluir que todas las profesiones son oficios, pero no todo oficio puede ser considerado una profesión.

Los enseñantes en general, y los dominicanos en particular, deben asimilar que la educación actual, y sobre todo la del futuro, se hará cada vez más compleja y, por tanto, la profesión de enseñar también se irá convirtiendo en más dificultosa y ha de variar profundamente respecto a prácticas educativas pasadas que aún perviven.

El verdadero educador es aquel que debe ejercer de una manera profesional la enseñanza, la mediación, la actividad educativa en sí misma. Para Saviani (2008), la educación se encuentra en la categoría de trabajo no-material. Por eso, lo fundamental primero es conocer el educador que existe hoy en día para construir el profesional que se desea. Esta es la gran responsabilidad, todavía pendiente, del Ministerio de Educación, la Asociación Dominicana de Profesores y las instituciones formadoras de maestros y profesores para la educación preuniversitaria.

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