Economía

Emisión de US$1,822 millones en bonos reafirma política de endeudamiento, señala Rijo Presbot

Por Marisela Gutiérrez

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Los US$1,822 millones en bonos que emitió ayer jueves el Gobierno, acción por la cual se autofelicitó al colocar bonos en pesos ‘‘por primera vez en el mercado de Nueva York’’, no es más que una reafirmación de la política de endeudamiento sin garantía de retorno que mantienen los gestores de las finanzas públicas.

Esa es la lectura del especialista presupuestal José Rijo Presbot, quien explica lo mismo que cada año advierten los economistas: los bonos ‘‘son buenos’’ si se utilizan como instrumentos financieros para inversión pública y ‘‘malos’’ cuando se destinan principalmente para el pago de intereses a la deuda.

‘‘El 72 % de la deuda dominicana ya está en bonos, y eso es altamente preocupante porque el bono entra dentro de un mercado especulativo’’, continúa.

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Rijo Presbot recuerda que el 86 % de los bonos soberanos están destinados al reenganche de la deuda. Con voz de alerta dice que la administración pública no tiene el propósito de disminuirla, sino que la incrementa. Una evidencia de esto es que en el presupuesto actual cerca del 60 % del pago de los intereses a la deuda pública se efectuará con bonos internos y externos, aduce.

Aunque esta decisión de emisión de bonos se efectúa en conformidad con la Ley de Presupuesto para este año, continúa el esquema de ‘‘deuda mala’’ al que se apega el oficialismo desde 2008.

Otro aspecto negativo de la decisión reciente que anunció el Ministerio de Hacienda, es que los bonos de US$822 millones de dólares solo tendrán un plazo de cinco años. Desde la mirada económica de Rijo Presbot, esto aumentará más la carga financiera que a corto tiempo pudiera ser impagable. ‘‘Es decir, para 2023 tendremos que estar buscando esos 855 millones de dólares más los que se van a vencer. Por lo tanto, para ese año habrá que colocar una cantidad de bonos que será casi imposible si no hay un cambio de modelo’’, apunta.

Si bien resulta positivo que los US$1,000 millones sean a un plazo de 30 años, es negativo que su destino último no sea la inversión. ‘‘Si fueran invertido en gasto de capital, en 30 años lo tendríamos más que pagado ese préstamo porque ha sido invertido en infraestructura y, por tanto, tendríamos retorno’’, reitera.


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