Enseñando a Platón en Palestina

Leonardo Díaz - 3 de Marzo de 2016 - 12:08 am - Deja un comentario

Es lógico suponer que un debate filosófico requiere de unas condiciones mínimas previas, como un estado de sosiego, para hacer posible la confrontación entre puntos de vista. En este sentido, puede pensarse que un lugar de conflicto bélico no es propicio para abordar cuestiones filosóficas.

Sin embargo, hacer filosofia en zonas de conflicto es lo que hace el profesor Carlos Fraenkel, autor de la obra Enseñar Platón en Palestina. Filosofía en un mundo dividido. El docente de Oxford se ha desplazado desde Palestina hasta las favelas de Brasil para practicar con jóvenes  la cultura del debate.

El Dr. Fraenkel retoma el “proyecto originario” de la filosofía como “actividad callejera”. En los comienzos de la cultura occidental, el quehacer filosófico no consistía tanto en practicar una disciplina dentro de la academia, como ejercer la reflexión y la discusión en la plaza pública.

Usualmente, se piensa que la filosofia es el privilegio de aquellos que disfrutan de una vida satisfecha y apacible. Se supone que las personas para las quienes cada día es un acto de sobrevivencia constituye un lujo reflexionar.

Es verdad que las situaciones de sobreviviencia exigen unas habilidades cognitivas tácitas que permitan actuar rápidamente, sin dejar mucho espacio a la reflexión, pero ni siquiera los seres humanos que viven en zonas de conflicto, de extrema precariedad o de barbarie extrema, quedan reducidos a las mencionadas circunstancias.

En múltiples casos, conviven también con situaciones que requieren de reflexión y estas situaciones pueden convertirse en la condición de posibilidad para trascender los entornos de barbarie o de autoexilio mediante un cambio de actitud reflexiva. En semejante circunstancia, el ejercicio de la filosofía puede contribuir a pacificar territorios, a crear una cultura del diálogo si se practica con los más jóvenes, porque estos no tienen los prejuicios, ni los intereses corporativos de los adultos. Sólo aspiran a vivir un día en una sociedad donde puedan opinar lo que crean y llevar a cabo sus proyectos existenciales.

La excusa de que debemos superar las condiciones de subdesarrollo para dedicarnos al ejercicio del filosofar constituye en muchos casos parte de una ideología que defiende el estado de cosas justificando por qué no se debe pensar.

Las situaciones de exclusión, opresión y calamidad no son producto de la casualidad, sino de instancias, estructuras e individuos que requieren de la acriticidad de la mayoría para consolidarse. Es ingenuo pensar que por sí mismas, o por una especie de desarrollo social por “inercia” surgirán las condiciones para filosofar. Estas condiciones surgen, paulatinamente, con esfuerzos como el del profesor Carlos Fraenkel.

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