SANTO DOMINGO, República Dominicana.-La Junta Central Electoral (JCE) es la institución que está en mejor condición para administrar y abritrar los procesos de elecciones internas en los partidos políticos, tanto para escoger a los directivos como a los candidatos, a juicio del abogado y dirigente político Guido Gómez Mazara.
Gómez Mazara, dirigente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), al comentar las recientes declaraciones del vicepresidente ejecutivo de la Fundación Institucionalidad y Justicia (FINJUS), Servio Tulio Castaños Guzmán, consideró que en los partidos se ha perdido la confianza en sus propias instancias de arbitraje interno, lo que ha devenido en conflictos cada vez que se celebrean elecciones internas, como ha ocurrido en el PRD, en el PLD y en el PRSC. Sobre los partidos pequeños, Gómez Mazara sostiene que repiten en su propia dimensión los mismos vicios que los partidos grandes.
A continuación la comunicación de Guido Gómez Mazara:
10 de julio del 2018
Santo Domingo, D.N. 
Doctor
Servio Tulio Castaños
Vicepresidente de FINJUS            

Distinguido Doctor Castaños:

Aprecio tanto la labor que desarrollas frente a FINJUS que estoy convencido del necesario contrapeso ejercido desde una función indispensable en una sociedad con excesiva vocación autoritaria y un liderzazgo resistido a ceder espacios para el ejercicio de privilegios irritantes. Y como de costumbre, colocas en el centro del debate un tema vital para la salud del modelo democrático: el riesgo que la Junta Central Electoral organice primarias.

Estimado Servio Tulio, si el fundamento de tus preocupaciones reside en el hecho de que el órgano electoral pierda credibilidad ante el desenfreno de los sectores que compiten internamente, creo saludable su intervención. En el orden práctico, las organizaciones partidarias disolvieron el rol arbitral. Es decir, que las figuras distantes de los ajetreos y grupos no aparecen en el panorama de los partidos porque la intensidad de las corrientes que pujan por candidaturas y control del aparato se llevaron de encuentro todo exponente de la institucionalidad real. Así andan las cosas, y es por eso, que ante la incapacidad de mediación efectiva se debe conseguir el auxilio externo que goza del nivel de credibilidad capaz de liquidar cualquier sospecha de los sectores que compiten hacia lo interno de las organizaciones.

Desde mi punto de vista, la instancia que está en mejor capacidad para orquestar los procesos, tanto de elección de las autoridades institucionales como las candidaturas municipales, congresionales y el candidato presidencial, es la Junta Central Electoral (JCE). Podría comprar el argumento de que en el orden de los gastos, sean las mismas organizaciones que, por recibir fondos públicos, sostengan todo el proceso convencional. Ahora bien, el ojo que valida la elección, los procedimientos, la transparencia y la legitimidad de los agraciados por el voto de la mayoría no puede ser exclusivo de los actores interesados del proceso porque el deterioro institucional que afecta a los partidos en el país ha ido construyendo intereses capaces de convencer a exponentes de las organizaciones de que pueden burlar las reglas elementales de decencia, y con trampas imponerse al resto de la sociedad.

Resulta necesario recordar que en los llamados partidos mayoritarios, los procesos internos expresan las perturbaciones y ausencia de una verdadera cultura democrática. En el PLD mataron dos dirigentes, Miguel Vargas Maldonado falsificó todo un proceso de “elección” y hasta modificó estatutos sin celebrar convención, pero afortunadamente el Tribunal Superior Electoral dió marcha atrás, lo del PRSC parece una carrera hacia la disminución y en el PRM no disimulan el disgusto. Además, los llamados partidos emergentes reproducen en pequeño las mañas de las organizaciones de mayor representación electoral.

Un aspecto que puede escapar a la reflexión juiciosa al momento de analizar la realidad del sistema de partidos en el país tiene que relacionarse con el hecho de que la etapa de descreimiento ciudadano respecto de las organizaciones obedece a una mezcla de ausencia del distintivo ideológico que por años caracterizó el sentido de las militancias y la irrupción del modelo clientelar. Y el triunfo del clientelismo instaló como norma partidaria el desarrollo de actividades comerciales y empresariales que, activadas desde las plataformas organizacionales, dificultan los desplazamientos democráticos de los mandos directivos porque una red de situaciones alejadas de la política impiden los cambios debido a la amplia gama de intereses que retienen y/o preservan a “dirigentes” en sus puestos de control institucional.

Instancias que como FINJUS reflexionan constantemente sobre las reformas y el país que deseamos, corren el riesgo, en el marco de un sano ejercicio académico e intelectual, de abrir las compuertas a una franja de políticos retorcidos que obstruyen todo intento de transparencia porque para ellos, la actividad partidaria representa el refugio por excelencia de modelos indecentes y acumulaciones que representan pieza de escarnio para la clase política. También, ustedes deben observan los procesos y crear las condiciones para que la marrullería no siga derrotando a la decencia.

Como actor partidario, reitero mi anhelo de que la JCE intervenga en los procesos de elección de los partidos. De paso, ante el próximo compromiso para elegir las autoridades dentro de mi organización, depositaremos ante todo el espectro de la sociedad civil la solicitud de observacion porque un verdadero demócrata no puede temer a la fiscalización efectiva de los procesos. 

Con el cariño de siempre,

Guido Gómez Mazara