Aporofobía: miedo y rechazo a la pobreza y las personas pobres. Xenofobia: es el rechazo u odio al extranjero o inmigrante, cuyas manifestaciones pueden ir desde el simple rechazo, pasando por diversos tipos de agresiones y, en algunos casos, desembocar en un asesinato. La mayoría de las veces la xenofobia se basa en el sentimiento exacerbado de protección de una nación, aunque también puede ir unida al racismo, o discriminación ejercida en función de la etnia. En nuestro país hay una evidente campaña de rechazo a los haitianos por parte de los grupos ultras y nazi-onalistas. No me refiero a la política del gobierno, sino a grupos de exaltados que atizan al odio. ¿Será porque son pobres o porque son negros, o ambas cosas a la vez?

Se les declara como “enemigos de la Nación dominicana”, como peligro a la seguridad nacional, como invasores silentes –hasta invasores por la vagina se ha llegado a decir- portadores de todos los males y enfermedades existentes. En realidad es que Haití es una historia de fracasos y pobreza extrema, siendo el único País Menos Avanzado (PMA) del continente americano, según la ONU. Y la RD ha sido en los últimos 40 años un país en crecimiento geométrico. El Producto dominicano es diez (10) veces mayor que el haitiano. He ahí el imán de la migración que es aprovechado por los empresarios de la construcción, del agrobusiness, del turismo, de los servicios y muchos otros sectores. Es evidente que el modelo económico sin la mano de obra haitiana colapsaría. Y que la relación histórica de ambos países es compleja y difícil. También hay un rechazo a los dominicanos en Haití –una campaña de odio hacia los dominicanos- que no puede desconocerse. Pero lo que nos ocupa ahora es el de dominicanos hacia haitianos.

Recientemente un sobrino brasileño me cuestionaba cómo en una isla de apenas 77 mil kilómetros cuadrados –la número 22 en orden de tamaño en la tierra- habían dos países tan distintos. Las respuestas mías, tratando de ser sencillo y didáctico, se extendieron por varios correos electrónicos, mensajes de whatsapp y varios artículos especializados. Al final la respuesta sencilla, terminó siendo muy compleja. Porque la realidad de la relación entre ambos países es así. Compleja y abigarrada. Aún islas divididas en dos o más estados, como el caso de la isla de Borneo en el archipiélago indonesio en el sudeste de Asia, compartida por 3 diferentes estados –Indonesia, Malasia y el Sultanato de Brunei; o la situación de Gran Bretaña, compartida por tres distintas naciones –Inglaterra, Escocia y Gales-; el caso de la isla mediterránea de Chipre, con un lado griego y otro turco, son menos complejos que el caso de la división de la Isla de Santo Domingo entre haitianos y dominicanos.

Pero hay algo evidente. Los haitianos son mucho más pobres que los dominicanos. La economía dominicana es mucho más desarrollada y rica que la economía haitiana. Pero no siempre fue así. Hasta la revolución de los esclavos en 1804 y durante todo el siglo XIX, tanto Saint-Domingue como Haití a partir de la independencia fue mucho más rico que la pobre y despoblada parte española de Santo Domingo español, que a partir de 1844 es la República Dominicana. La razones para comprender el empobrecimiento de la parte occidental de la isla, hoy Haití puede ser objeto de otra reflexión en esta columna. Pero desde l920, que los ingenios norteamericanos comienzan a utilizar la mano de obra haitiana muy abundante y se sigue durante toda la dictadura de Trujillo, ambos países eran igualmente pobres. Según el historiador británico de los grandes ciclos económicos, Angus Madison, el Producto Per Cápita y total de Haití era ligeramente mayor que el de la República Dominicana hasta 1950. Es a partir de 1960 que la economía y la demografía dominicanas, comienzas a despegarse y Haití a estancarse con la dictadura de los Duvalier y a partir de 1990 después de la caída del régimen, se impone el caos.

Concomitantemente se produce un trasvase de mano de obra barata haitiana hacia las principales actividades de la economía dominicana: agrobusiness más allá del azúcar, construcción, turismo y servicios. La República Dominicana comenzó a ser desde la década de los 90 “la salida a la sobrepoblación y la pobreza de Haití” con el aprovechamiento de los empresarios dominicanos. Es una realidad de más de 30 años y me produce mucha risa cuando los pseudos intelectuales nazi-onalistas dicen muy orondos que “no existe una solución dominicana para la crisis de Haití”. ¡¡¡Pero es que la “solución” dominicana la impusieron los Clinton y los empresarios dominicanos  de la agricultura, la construcción y el turismo hace más de 30 años!!! La inmigración de mano de obra para el azúcar, inició a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Estuvo compuesta por los llamados “cocolos” negros de las islas de barlovento inglesas, los puertorriqueños y los cubanos. Después se agregó por los intereses azucareros de Estados Unidos, la mano de obra haitiana, no solo en Santo Domingo, sino también en Cuba, incluso más masivamente que en Dominicana (Ver “La caña  da para todo” Arturo Martinez Moya). A todo ello se agregaron inmigrantes de las Antillas neerlandesas, de otras posesiones coloniales inglesas del Caribe, árabes huyendo a la persecución religiosa de las guerras de Medio Oriente, chinos, españoles, italianos y otros más.

Los dominicanos no han sido xenófobos a lo largo de la historia. No odian al extranjero por ser extranjero. Al contrario, es conocido el llamado “complejo de  Guacanagarix” que entiende que los extranjeros y las cosas extranjeras son “mejores”. Pero recientemente, en los últimos 30 años se ha desarrollado de forma evidente la aporofobía, el odio al pobre, primero por pobre a lo que se le agrega la salsa del racismo antihaitiano y un nazi-onalismo patriotero falso, porque cuando fue necesario defender la patria de la intervención extranjera en 1916-1924 o en 1965-1966, esos mismos patrioteros brillaron por su ausencia. Es odio al pobre, no al negro, no al haitiano, no diferente lo que se está estimulando actualmente en nuestro país por fuerzas política ultras. Como establece la Convención de la Naciones Unidas contra toda forma de discriminación racial de 1965

“Conforme a la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial aprobada por la Asamblea General de la ONU el 21 de diciembre de 1965:

«la doctrina de la superioridad basada en diferenciación racial es científicamente falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa, y […] nada en la teoría o en la práctica permite justificar, en ninguna parte, la discriminación racial».

https://www.youtube.com/watch?v=Kc92s05D8L8