Opinión

Vianela María Landrón Núñez

Inteligentes, detallistas, responsables, comprometidas, entregadas. Así las tres. Pero en este caso, Vianela me llenó de orgullo cuando vi que llegó a las últimas listas de un total de 396 personas que participaron.

Por Elsa Guzmán Rincón

Cuando estuve leyendo sobre el listado de las personas que iban a participar en el escrutinio para ser miembros de la Junta Central Electoral, hubo un nombre que llamó mucho mi atención, que me trajo gratos recuerdos y sacaron de mí una sonrisa. Se trata de Vianela María Landrón Núñez.

Me remonté a tantos años atrás en que fue mi alumnita de tercero de primaria. No quería creer que había crecido. Me pasó como les pasa a la mayoría de los padres, que aunque sus hijos ya tengan hijos, siempre los ven diría yo, como niños.

De Vianela niña podría decir muchas cosas. Por ejemplo, de inocente mirada, con sus ojitos color café y sus cabellos castaño enmarañados. Con una sonrisa tierna. Responsable, tranquila, educada, en fin, yo diría, una niña encantadora.

Al mencionar a Vianela no puedo olvidarme de sus hermanas, Ivelisse, su hermana mayor, quien también fue mi alumnita y Scarlett, la menor, a ésta última yo no le di clases. Pero las tres formaban ese grupo de hermanas únicas. Con una educación inigualable, con el respeto hacia los demás muy marcado.

Recuerdo una frase que decía la bisabuela de mis hijos por parte paterna, “que a las mujeres había que buscarla como las vacas, por raza”. Doña Dolores era una señora mayor, estaba ciega, pero cuando íbamos a verla era capaz sin ni siquiera escucharnos hablar, de reconocer a cada uno de nosotros. Tenía esa sabiduría que da la experiencia y que tiene el campesino dominicano.

Pensando en esa frase de Doña Dolores es que pienso en Vianela. En calidad de maestra tuve una gran cercanía con sus padres. Recuerdo a Federico con una mirada tierna, cálida y cercana, que fue heredada por sus tres hijas. Lidia, con una paz y una sonrisa que siempre le llegaba a los ojos. Unas personas con un hermoso hogar, con una ternura para sus hijas, con un cariño para todos los que les conocíamos.

Las hijas de Federico y Lidia, tienen que ser buenas, excelentes, intachables. De pequeñas ya lo eran, pero la formación de hogar cuando es firme, nunca se pierde. Así las vi crecer.

Inteligentes, detallistas, responsables, comprometidas, entregadas. Así las tres. Pero en este caso, Vianela me llenó de orgullo cuando vi que llegó a las últimas listas de un total de 396 personas que participaron.

Pienso que si las personas que fueron elegidas superaban a Vianela, deben ser extraterrestres, porque a esta niña creo no hay quien la supere y es una lástima que alguien con las condiciones suyas no fuera seleccionada para ocupar un cargo en que se requiere no solo preparación, sino también la calidad humana, la seriedad, la honradez, la entereza.

Con las cualidades que posee Vianela es un lujo tenerla dentro de cualquier empresa, sea pública o privada.

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