Un viejo y conocido refrán expresa  que “las oportunidades las pintan calvas”.  Y tal pudiera ser ahora mismo el caso si se toma en consideración la oportuna propuesta hecha por el presidente de la Asociación de Industrias, Campos de Moya, de aprovechar las circunstancias favorables que se presentan a los sectores productivos nacionales para llenar los grandes vacíos de abastecimientos esenciales que acusan Venezuela y Cuba.

La errática estrategia de nacionalizaciones de empresas privadas llevada a cabo por el “chavismo” y continuada por el gobierno de Nicolás Maduro y, en general,  del manejo de la economía venezolana, ha creado una situación de grave carestía de productos de primera necesidad, que se ha extendido de manera persistente por espacio de varios meses. Gran parte de la creciente irritación ciudadana originada por esa crisis sin solución de continuidad, se volcó en las urnas electorales el pasado domingo, con resultados tan negativamente apabullantes para el gobierno.

A su vez, la falta de materiales de construcción mantiene virtualmente paralizado ese importante sector que, al igual que aquí o en el contexto de cualquier sistema, resulta de una importancia económica vital y una de las principales fuentes generadoras de mano de obra.

El caso de Cuba data de época muy anterior al de Venezuela.   La creciente intervención del Estado en la agropecuaria y las limitaciones impuestas a  los cosecheros privados fue reduciendo cada vez más el número de estos, impulsando su creciente deserción hacia las áreas urbanas y provocando  el consiguiente desplome de la producción, que desde entonces no ha dado señales de recuperación.

Pese a disponer de un territorio que equivale a  dos veces y media la superficie de la República Dominicana y poseer condiciones climáticas y de suelo similares, a diferencia de nuestro país que abastece el ochenta por ciento del consumo nacional de productos agropecuarios, Cuba por el contrario, debe importar esa misma proporción.

Buena parte de ese abastecimiento está siendo suplido desde hace mucho por agricultores estadounidenses, en un sostenido volumen anual  que monta a varios cientos de millones de dólares y que a despecho de diferencias políticas, convirtió a los Estados Unidos en  uno de los principales socios comerciales de la isla.  Esto así, debido a que con gran sentido de la oportunidad, las autoridades estadounidenses autorizaron la creación de  una brecha  en la política de embargo comercial impuesto al gobierno castrista a fin de poder aprovechar ese atractivo filón de negocios.

Otras actividades productivas en Cuba confrontan también serios problemas de abastecimiento de insumos para poder operar a niveles que les permitan suplir  necesidades básicas de la población, entre estas, al igual que ocurre con Venezuela, el muy contraido sector de la construcción.   Bastaría para confirmarlo un simple repaso visual panorámico por La Habana para comprobar el estado de deterioro que presenta la mayor parte de sus edificaciones y viviendas.

No obstante el acercamiento entre los gobiernos de Obama y Castro iniciado a partir de diciembre del pasado año y los efectos positivos que en el tiempo puedan reflejarse sobre la economía cubana, los expertos coinciden en señalar que se trata de un proceso complejo donde queda todavía mucho trecho a cubrir y diferencias a superar,  por lo que la recuperación de la misma demandará un período prolongado, que estiman pudiera requerir hasta diez o doce años.

De ahí que Campos de Moya llame la atención sobre las posibilidades que se abren al país para incrementar las exportaciones,  principalmente  de alimentos y de materiales de construcción,  tanto en el caso de Venezuela como en el de Cuba.

Como apunta el timonel del sector industrial, a condiciones tan propicias se suman otros factores a nuestro favor,  como es el hecho de mantener buenas relaciones con las autoridades de ambos países y la baja registrada en el precio del petróleo que debe traducirse en menores costos de energía y combustibles para producir localmente en condiciones más competitivas.

Se trata pues,  de una oportunidad que no debemos dejar pasar para lo cual es preciso no perder tiempo en coordinar esfuerzos entre el gobierno y los sectores productivos orientados a esa finalidad.   De esperar que así se haga.

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