Que un diputado ponga huevos es cosa común. Obsérvelos: primero se arrellanan en la mullida curul, hacen gárgaras verbales, pujan fuerte y… ¡Ahí está el huevo! (que es largamente cacareado). Pero en esa rutina de estulticia hay que imaginar lo que ha sido para Víctor Gómez Casanova poner un huevo, pero no de gallina, sino…¡De avestruz! (con eso de proponer cambiar el sentido de lo único que ha aportado este país a las efemérides mundiales: El Día de la No Violencia Contra la Mujer, inspirado en la inmolación de las Mirabal). Ahora, por Víctor, sería bueno promover el Día Mundial del Huevo de Avestruz.