Psicología y pandemia

“Sopa de Wuhan”: un libro para filosofar sobre el coronavirus

El virus no vencerá al capitalismo, no genera ningún sentimiento colectivo fuerte. Cada uno se preocupa por su propia supervivencia.

Por Héctor Rodríguez Cruz

Todos podemos filosofar. No solamente los filósofos, intelectuales y personas letradas. La invitación a filosofar sobre el coronavirus es para todos. Se trata de buscar explicaciones y respuestas bien pensadas acerca de las dudas, preocupaciones y miedos   que nos genera la pandemia. ¡Para entenderla y actuar correctamente frente a ella!

En la tarea de filosofar sobre lo que está pasando con la pandemia en el mundo resulta de mucha utilidad la lectura crítica del libro “Sopa de Wuhan”,publicado en el 2020, y que reúne opiniones, pensamientos y teorías de quince destacados filósofos contemporáneos: Slavoj Zizek; Jean-Luc Nancy; Giorgio Agamben; Franco "Bifo" Berardi; Santiago López Petit; Judith Butler; Alain Badiou; David Harvey; Byung-Chul Han; Raúl Zibechi; Markus Gabriel;  María Galindo; Gustavo Yáñez González; Paul B. Preciado y Patricia Manrique.

La antología está dedicada a Li Wenliang, el médico chino considerado un héroe por haber gritado las primeras alarmas sobre el coronavirus en los primeros días del brote y que murió por la infección. El concepto de “sopa” reviste un doble significado: la mezcla de ideas que contiene el libro y el mito del origen del virus: “una sopa de murciélagos”. Esta última idea ha generado amplias polémicas y críticas bajo la sospecha de que despierta un imaginario que pudiera culpabilizar a la ciudad china de Whuan del origen del COVID-19, y despertar también sentimientos de sinofobia.

El filósofo italiano Giorgio Agamben, propone un análisis de la pandemia a través del lente del “estado de excepción” y de  gobiernos que, queriendo o no, limitan las libertades en nombre de la seguridad de los ciudadanos. Otro filósofo italiano, Franco “Bifo” Berardi, sostiene que el miedo a la pandemia es más peligroso que el propio virus. “Podríamos salir de ella solos, agresivos, competitivos o con gran deseo de abrazar: solidaridad social, contacto e igualdad”. ¡Dependerá de lo que hagamos para que suceda!

El filósofo esloveno Slavoj Zizek, en su ensayo “El coronavirus es un golpe al capitalismo a lo Kill Bill”, considera que la propagación continua de la pandemia del COVID-19, “también ha desencadenado grandes epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades. Tal vez otro virus –dirá– más beneficioso se expandirá y es posible que nos contagiará: el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global.

En  el ensayo  “El capitalismo tiene sus límites”, Judith Butler, presenta un análisis enfocado en los Estados Unidos: “Desafortunadamente, en el momento de la pandemia, ninguno de nosotros puede esperar. El ideal ahora es mantenerse vivo en los movimientos sociales que están menos interesados en la campaña presidencial que en la lucha a largo plazo que nos espera”.

David Harvey, profesor de Antropología y Geografía en el Graduate Center de la City University of New York, CUNY, en su ensayo “Política anticapitalista en tiempos de COVID-19”,sostiene que “las repercusiones económicas y demográficas de la difusión del virus dependen de grietas y vulnerabilidades en el modelo económico hegemónico actual”. Al igual que Zizek, pone la mirada en el análisis político-global de la pandemia.

Los filósofos Alain Badiou, María Galindo y Patricia Manrique destacan la importancia   de la filosofía en momentos de emergencia como un instrumento al servicio de la verdad, la convivencia y la salud.  Badiou sostiene que “parece que la prueba epidémica disuelve en todas partes la actividad intrínseca de la Razón, y que obliga a los sujetos a regresar a los tristes efectos (misticismo, fabulación, rezos, profecías y maldiciones) propios de la Edad Media. Patricia Manrique defiende una hospitalidad e inmunidad virtuosa frente a la pandemia.  más allá de la dudosa ciudadanía europea, que constituye una medida despiadada y un “nosotros cerrado”.

En “La emergencia viral y el mundo de mañana”el filósofo coreano Byung-Chul Han declara que: “El virus nos aísla e individualiza, la solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permite soñar con una sociedad distinta, más pacífica y más justa”. El virus no vencerá al capitalismo, no genera ningún sentimiento colectivo fuerte. Cada uno se preocupa por su propia supervivencia. Agrega: “No dejemos la revolución en manos del virus. Confiemos en que después del virus venga una revolución humana”.

La lectura del libro “Sopa de Wuhan” invita a “filosofar-pensar-reflexionar” sobre el coronavirus y sus graves consecuencias. A repensar el virus para conocer la verdad libre de confusas mediatizaciones políticas, sociales y sanitarias. Sirva también el llamado para las autoridades sanitarias nacionales. El personal de servicios sanitarios.  Los gremios de salud. Las iglesias. Universidades. Investigadores y economistas. Maestros. Comunicadores. Intelectuales, empresarios, partidos y líderes políticos, legisladores y “cuidadores”.  Padres, juntas y asociaciones comunitarias, gobiernos locales, jóvenes, trabajadores, personas de a pie y otros actores sociales. ¡A todos los dominicanos!

Los aprendizajes y reflexiones analizados  en el libro “Sopa de Wuhan” constituyen un llamado ético a los gobiernos para fortalecer los correctivos sanitarios y sociales, haciéndolos más transparentes, efectivos, inclusivos y esperanzadores. En este sentido, el filósofo francés Jean-Luc Nancy sostiene una opinión vinculada al tema: “Hay una especie de excepción viral -biológica, informática, cultural- que nos pandemiza. Los gobiernos no son más que tristes ejecutores de la misma, y desquitarse con ellos es más bien una maniobra de distracción que una reflexión política”.

Con el libro abierto, comparto las palabras de la activista boliviana María Galindo: “Que la muerte no nos encuentre acurrucados de miedo obedeciendo órdenes idiotas. Que nos encuentre besándonos, haciendo el amor y no la guerra. Que nos encuentre cantando y abrazándonos, porque el contagio parece ser inminente. Porque el contagio es como respirar. No poder respirar es a lo que nos condena el coronavirus. Más que por la enfermedad por la reclusión, la prohibición y la desobediencia”.

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