Un síndrome es una enfermedad, un síntoma, constituye indicios de algo, una determinada situación o análisis de un determinado fenómeno o condiciones determinadas, referido a algo concreto, específico. El síndrome de Acuario es el pez o tiburón que se encuentra en una pecera. El agua puede ser fría, caliente o tibia. El pez o el tiburón creen que ese mundo en que están es el mundo de todos los peces y tiburones en los diferentes mares u océanos.
Resulta que no es así en este mundo caracterizado por la vastedad y la inmensa complejidad. La cultura del chauvinismo y de la autocomplacencia no tiene lugar en la Aldea Global. Hay la necesidad de desmitificar el modo de vida del mito del “ombligo”. El referente de que “mi ombligo es el mejor” sin haber mirado los demás.
Es lo que sucede con los actores políticos que nos gobiernan en los últimos 20 años. Cuando hablan, lo hacen desde una perspectiva como si la sociedad no hubiese existido previamente. Asumen su discurso desde una tautología trémula, con un talante que no guarda relación con la verdadera realidad. Taladran su miseria hoyando la virtualidad de la telenovela. La visibilidad mediática crea el paralelismo, sin analogía, entre el telepresidente y la teleserie.
Es lo que nos retrata el enjundioso Estudio del Banco Mundial “Para construir un mejor Futuro juntos. Notas de política de República Dominicana”. Es una inmensa radiografía en lo económico y lo social de la sociedad dominicana. Resalta, aún más, el maravilloso Informe, por la cultura xenocentrista de los dominicanos. ¡Lo que viene de fuera es mejor, es mejor valorado!
Desde el 2003 que reputados académicos e intelectuales auscultaron y diagnosticaron a través del PNUD, venimos leyendo acerca del grueso contentivo de la formación social dominicana: Una sociedad que crece económicamente de manera sostenida; empero, lo hace con exclusión y no genera los empleos suficientes y decentes que se requiere en el mundo de la Sociedad del Conocimiento.
El Banco Mundial nos dice que uno de cada 3 dominicanos permanece por debajo de la línea de la pobreza. Nos señala de manera gráfica la necesidad de “entender el enigma de rápido crecimiento con reducción de pobreza limitada”. Nos urge a la necesidad de construir un “crecimiento económico inclusivo”.
El panorama abordado por el Estudio del Banco Mundial, si lo miramos a mediano y largo plazo y no se revierten esos indicadores, la poca civilidad que tenemos, no encontrará ecos resonantes positivos. Allí, donde desde el 2000 – 2015 solo el 7% ha tenido una movilidad social vertical ascendente y un 8% descendió socialmente y el 85% se quedó congelado en el tiempo, nos está diciendo que la pobreza intergeneracional se mantendrá.
Esto es, si una persona nació pobre, lo que se espera para los hijos es que se mantengan en la misma pobreza o peor aún, en la indigencia (pobreza ultra extrema y extrema). Es como una especie de casta negativa acuñada con varias frases lapidarias “El que nació conconete de piñonate no pasa” “El que nació barrigón no le vale faja”. “El que nació zapatero del cielo le caen los clavos”. ¡No hay entonces nada de esperanza! El síndrome de la desesperanza aprendida se instala en el corazón y el alma de esas generaciones. La mirada se trunca en el sobrevivir, sin nada de sueños, de ilusiones, de visión de futuro.
Lo grave es que somos una Nación que crece, que crea riqueza. Es como un padre que gana RD$500,000.00 mil pesos mensuales y en su casa no hay de nada. El padre lo dispendia, juega, tiene segunda y tercera base. Mientras, el promedio de la Región es una movilidad social ascendente de 41% y apenas un 2% descendió en el escalón de la estratificación social y solo un 56% quedó “frizado”. Allí hay base para luchar, para empujar el carro de la historia, para el cumplimiento de la autoprofecía de la realización personal.
Lo que venimos diciendo, allí donde no hay una reducción del desempleo significativo (15% ampliado), un aumento del Salario Real y un mejoramiento en el empleo informal y una disminución del subempleo, la pobreza no cede de manera visible y objetivamente. Es claro el Estudio, el empleo contribuyó entre el 2005 – 2015 con una reducción de la pobreza de 40% con respecto a la proporción que trajo consigo en ese interregno.
¿Qué es lo que explica entonces, que países que crecen menos hayan reducido más la pobreza y algunos han escalado al peldaño de Índice de Desarrollo Humano alto? ¿Cómo se explica que creciendo en los últimos 25 años a una tasa de 6% en los años 90 y 5% desde el 2000, tengamos el 73.7% entre pobreza ultra extrema y vulnerable?
Varias hipótesis develan esta insensata realidad:
- La poca calidad de los actores políticos claves de los últimos 20 años. La visión que tienen de la política como negocio.
- La pésima distribución de la riqueza que se verifica en el bajo gasto social. A pesar de ser un país con ingresos medios tenemos una tasa de Mortalidad Infantil de menores de 5 años de 31/1000. 93/100,000 Mortalidad Materna y el promedio en cambio de la Región, es de 71/100,000.
- La apropiación de lo público para beneficios privados: La corrupción. Desde el 2005 para acá la cultura de la corrupción se entronizó en el Estado y con ello en la sociedad de manera sistémica, estructural e institucional. El diseño del Estado desde una perspectiva mental está construido para hacer negocios, para la delincuencia política. Desde la más alta instancia del Poder Político se fragua y configura la corrupción haciendo de ella no una afrenta para sus hacedores, sino un espacio de “status, de simbología social, de parafernalia de poder. La expresión del lujo y del boato a través del Estado. El Estado es la alcancía de su dimensión “social y política”. La carrera de la política es la plutocracia y la cleptocracia. La competencia de ellos en la delincuencia política es lo que explica los datos “Para construir un mejor Futuro juntos” del Banco Mundial.
- El desconocimiento del marco institucional es lo que produce este estado de exclusión y marginación, ya que la clase política gobernante no ha tomado en cuenta el Artículo 217 de la Constitución, que reza “Del Régimen Económico y Financiero: “Orientación y fundamento. El régimen económico se orienta hacia la búsqueda del desarrollo humano. Se fundamenta en el crecimiento económico, la redistribución de la riqueza, la justicia social, la equidad, la cohesión social y territorial y la sostenibilidad ambiental, en un marco de libre competencia, igualdad de oportunidades, responsabilidad social, participación y solidaridad””.
Parafraseando a Manuel Castells “… Porque pese a la decadencia, corrupción y falta de representatividad del Sistema Político, mientras todo siga atado no hay problema fundamental ni necesidad de cambiar un orden de cosas que perpetua su poder y su impunidad. O sea, mientras no haya una penetración institucional que conlleve el cambio de las reglas del juego político sin ser cooptados por las múltiples trampas preparadas para tal eventualidad…”. Es el desafío de hoy para trascender esos indicadores y datos del Banco Mundial.