Nunca como ahora se está hablando en todo el mundo del silencio de los intelectuales. Y aquí en nuestro país habremos de volver la mirada a este tema y sus consecuencias. Deberemos hablar de su silencio pero también de su retorno.
Hoy más que nunca nuestro país necesita de la unión, la “reunión”, el retorno de sus intelectuales para despertar las verdades dormidas y encadenadas, para hacer visibles las ansias de justicia y libertad de los ciudadanos, para develar las mentiras políticas y económicas, diseñadas aquí y allá para generar un miedo que conduce a la incertidumbre, que genera para unos beneficios perversos.
En momentos el discurso de la sensatez ha caído en desuso, hacen faltan voces impregnadas de la vehemencia de la verdad “para levantar acta de sus solidaridades y afirmarlas conscientemente para organizar mejor la resistencia”.
Aquí y ahora, cuando hace falta explicar lo que todo el mundo sospecha y que nadie sabe verdaderamente, cuando los políticos tienen un discurso que se mueve entre lo falso y lo trivial, hace falta escuchar la voz de los intelectuales: la voz de los hombres y mujeres que desde la fidelidad a la verdad despiertan rebeldías que crean “revoluciones” y emancipaciones políticas y sociales.
El país necesita de voces que ameriten ser identificadas como la de Octavio Paz, el gran poeta y ensayista mexicano, de quien se dijera: “Es la voz más clara, nítida, equivocada a veces, tal vez, pero honesta y valiente, que no escribía para ganar aplausos, sino para revelar la verdad”.
Voces –como dirá Pierre Bourdieu- “que en estos momentos en que las grandes utopías del pasado han entregado toda su perversión, se atrevan a gritar que urge crear las condiciones de un trabajo colectivo de reconstrucción de un universo de ideales realistas, capaces de movilizar las voluntades sin mistificar las conciencias”.
En momentos en que el país es víctima de nefastos “apandillamientos políticos y económicos” los intelectuales deben vigorizar su presencia colectiva y dejar oir su voz lúcida, desafiante y valiente y asumir el “compromiso ético” y el “compromiso crítico” generando y fomentando el debate nacional sobre los grandes y problemas del país, debate que siempre es necesario en situaciones de crisis sociales.
No hay opción para no participación en este desafío nacional. Y aquellos que por alguna razón se nieguen a asumirlo se convierten en desertores o traidores de la condición misma de intelectual. Sólo existe el intelectual públicamente comprometido con la realidad social cercana sin perder de vista la solidaridad internacional.
En Puerto Rico existe la Comunidad Intelectual que reconoce y examina críticamente las culturas, costumbres y tradiciones latinas, caribeñas y latinoamericanas y que además nutre la diversidad intelectual, la inclusión y el activismo social.
Desde el 2015 más ciencuenta intelectuales mexicanos, nucleados en torno a la idea de la Carta de los Deberes y Oglicaciones del ser Humano, propuesta `por José de Saramago, han asumido el compromiso ciudadano ético del debate público de los problemas cruciales de ese país y del mundo, como la necesidad de justicia, educación, cultura, desarrollo sustentable, salud, nutrición, financiamiento económico, desarrollo científico, atención a las migraciones y a los derechos de seres vivos no humanos.
De la misma manera en el 2016, un grupo de intelectuales, empresarios, académicos y periodistas colombianos escribieron una carta abierta al país ante el panorama de polarización que sentían se estaba viviendo en la discusión política alrededor de los procesos de paz con las guerrillas de las Farc y del Eln.
Aquí en nuestro país, hagamos lo que nos corresponde. Los intelectuales dominicanos habremos de iniciar una “batalla intelectual” vinculada a la necesidad de hacer frente a las luchas del poder político, económico y mediático alejadas de los intereses, necesidades y derechos del pueblo, contribuir a poner sobre el tapete las intenciones ocultas de esas voces , cuestionando e interpelando su poder hegemónico y colocándolo en el debate público.
Romper el silencio, inciar el retorno es el llamado. Hay que hacerlo y hacerlo ahora. La respuesta pone en el horizonte del intelectual dominicano lo que dijera José Martí: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”.