Podríamos iniciar estas notas con una frase real: este libro y este artículo son frutos de la pandemia. Porque si es verdad que teníamos desde hace años una Antología de poesía popular de todos los tiempos, a la que dábamos diversos nombres, cuando empezamos a trabajar en ella, pensando en los estudiantes y profesores, y las gentes de nuestros tiempos de los  cuales quedamos pocos. y de más acá: De pronto tuvimos una iluminación: Y si en vez de solo poemas populares hacemos un libro más completo, de poemas románticos de todos los tiempos, incluyendo a los llamados “clásicos”, una mala palabra para las enseñanzas de estos tiempos, por terror, por miedo a no entenderlos, por viejos, por pasados, por lo que sea, y entonces pensamos que es responsabilidad de nosotros, los viejos, la de educar y enseñar a los jóvenes que serán los viejos del futuro.

Recordamos el encuentro en nuestra adolescencia pueblerina con los libros originales de la primera edición de “El Tesoro de la Juventud” en la biblioteca del Club Pimentel, donde, además había una pequeña victrola con discos clásicos: Sin ellos ¿qué hubiera sido de nosotros sin esos tesoros que empezaron a formarnos en un pueblo sin bibliotecas si no lo hubiésemos tenido y disfrutado? Los otros sitios donde había libros públicos era en el ayuntamiento, en un armarito los que tenían que adquirir por ley, la mayoría viejas novelas que gustaban al Secretario y en el Partido Dominicano, pero ahí no íbamos, no sé por qué, ya que los que habían eran de autores criollos y en especial la revista del gobierno, Cuadernos Dominicanos de Cultura.   

Gracias a la desgracia de estos tiempos, de enclaustramiento obligatorio por terror o por exceso de cuidado de nuestros familiares, decidimos aprovechar las facilidades de la Web, algo impensado en el siglo pasado, de he aquí, que decidiéramos ofrecerlo para el disfrute de todos, porque, como bien dijo Rubén Darío:

Alegoría de Dante y Beatriz en el paraíso de la Divina Comedia

Románticos somos… ¿Quién que És, no es romántico?

Aquel que no sienta ni amor ni dolor,

aquel que no sepa de beso y de cántico,

que se ahorque de un pino: será lo mejor…

Escogiendo poemas para todas las edades, es decir, sin salacidades de ningún género, aprovechando unos versos del más romántico de todos los poetas de nuestra lengua: Gustavo Adolfo Bécquer, lo hemos titulado “Siempre habrá poesía… romántica”.

He aquí algunos párrafos de la introducción:

No importa que admiremos, como admiramos, a los poetas modernos y estemos conscientes de que los tiempos de las serenatas pasaron a la historia, por lo menos en las ciudades. Ahora hay tantas y tan sutiles maneras de comunicarnos, de enviar señales a la persona por quien estemos apasionados, que la poesía amorosa nos parece ridícula y pasada de moda como las más viejas canciones. Sin embargo, cuando escuchamos las de María Grever: Júrame, Te quiero dijiste o Alma mía o de Consuelo Velásquez: Bésame mucho, Franqueza o Verdad amarga, para citar tres hits de esas dos féminas inolvidables, o cualquier bolero o balada que exprese nuestros sentimientos más recónditos, no solo de amor pasional, también de protesta política o cuando el tema son la vida o la muerte, las madres o los hijos, por ejemplo.

Indudablemente, las relaciones entre las parejas de hoy, no guardan parecido con las que vivimos, disfrutamos o padecimos en nuestra juventud, y mucho menos en la época de los clásicos que hemos escogido, para demostrar que los humanos hemos amado intensamente en todos los tiempos, incluso, de dos poetas geniales que produjeron obras que hoy son preciosos dones de los dioses: especialmente sonetos, a mujeres amadas sin correspondencia posible alguna, ejerciendo el llamado amor platónico.

Más materialista fue nuestro platonismo, hoy ridículo, de estar enamorados en una esquina, o aprovechando las retretas en los parques para mirarnos dando vueltas, o enviando papelitos con amigos o amigas, o llevando serenatas con letras de canciones que expresaran lo que no nos atrevíamos a decirles ni por cartas, parecería ridículo a quienes pueden ¡Ay! ¡Dichosos ellos que tienen amores tan consentidos que les permiten dormir juntos para empezar rimando en pareados el verbo amar en presente indicativo!

Aunque, quizás, algo está faltando, o sobrando.

Las noticias de acciones de hecho, no de palabras poéticas o cantadas, de heridas mortales, de golpes provocados a veces por celos o quién sabe por qué, el caso es que ocurren con más frecuencia que en nuestros tiempos, y por eso podríamos entender que para llegar al crimen por pasión, del orden que fuese, ahora sin distingos de sexos, estas dos cosas: O hay una corrupción tremenda en las almas, o no se ha dejado de amar. Sin embargo, las letras de las burradas que oye la juventud, sobre todo en los barrios y en los pueblos y campos, donde ocurren con más frecuencia estos acontecimientos delictuales, no los elevan, no los sacan de ese territorio del crimen, y es que, a lo mejor, nunca en su vida oyeron un hermoso poema que les llegara hondo y los salvara de la desesperación.

Y algo más doloroso: Los suicidios de jóvenes sin problemas económicos ni afectivos en sus hogares, o la horrible melancolía que lleva a la depresión mortal, nos parecen también que son el producto de un vacío espiritual que antes llenaban las artes, especialmente, la poesía.

Los boleros, los tangos, las rancheras, hasta los ritmos bailables, tenían letras que eran inspiradas y que inspiraban a los que la escuchaban y a los que las escuchan hoy; la fama de muchos cantantes se debe a la interpretación de esas baladas hermosas, al extremo de que los confundimos con los autores.

Pensando que hemos educado de mal modo el gusto de nuestra gente joven, estos sean los resultados; por eso hemos pensado, siguiendo a Bécquer, mezclar del mismo modo que va la gente en una multitud, poemas de poetas cultos tenidos como clásicos, sin importar el tiempo en la cual vivieran o escribieran, y poemas populares, sin menospreciar estos, ya que los sentimientos humanos son los mismos en todas las épocas, y si hay uno que es común a todos, es el amor.

Poemas de poetas cuyos nombres parecerían de otras galaxias para el lector a quien va dirigido este libro, que se creería que eran solo para personas muy cultas, pero al leerlos, sin importar su fama o nombradía, se dará cuenta de que a la hora de escribir de amor, todos los poetas expresan con palabras comunes sus sentimientos, que al poder entenderlos, podrán decir o repetir con cierto orgullo, que conocen versos de glorias universales como Lope de Vega, Francisco Quevedo,  Johann Wolfgang Goethe,  Dante Allighieri, Francesco  Petrarca, Víctor Hugo, Charles Baudelaire, Paul Verlaine, europeos y americanos y criollos como Rubén Darío, José Martí, José Gautier Benítez, o José Joaquín Pérez, y una cantidad de figuras de las que solo han escuchado los nombres.

Esta es una selección democrática de literatura. La persona que la lea podrá ir en cada país escogiendo a las estrellas más fulgurantes del mundo de la cultura o a los más humildes y queridos poetas populares”.

He aquí el índice:

DE EUROPA: ESPAÑA: Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Gustavo Adolfo Bécquer,  Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael de León, Blanco Rafael Blanco Belmonte, Miguel Ramos Contreras, Julio Sesto, Eduardo Marquina, Ramón de Campoamor y Eusebio Blanco. ALEMANIA: Johann Wolfgang Goethe, Friederich Shiller, Heinrich Heine y Heinrich Neuman; FRANCIA: Víctor Hugo, Charles Baudelaire, Paul Verlaine y Paul Geraldy. ITALIA: Dante Alighiri, Francesco Petrarca, Giovanni Boccaccio y Gabrielle D’Annunzio. DE HISPANOAMÉRICA: ARGENTINA: Jorge Luis Borges, Leopoldo Lugones, Evaristo Carriego, Alfonsina Storni, Francisco Luis Bernárdez, José Pedroni, Miguel Murotti, Boris Elkin y Antonio Comas, El Indio Duarte. CHILE: Gabriela Mistral y Pablo Neruda. COLOMBIA: José Asunción Silva, Eduardo Carranza, Gabriel García Márquez, Ismael Enrique Arciniegas, Epifanio Mejía y Julio Flores o Flórez. CUBA: José Martí, Julián del Casal, Hilarión Cabrisas, Gertrudys Gómez de Avellaneda, José Ángel Buesa y Carilda Oliver Labra. REPÚBLICA DOMINICANA: José Joaquin Pérez, Fabio Fiallo, Osvaldo Bazil, Domingo Moreno Jimenes, Federico Bermúdez, Virgilio Díaz Ordóñez (Ligio Vizardi), Francisco Domínguez Charro, Carmen Natalia, Rafael Richiez Acevedo, René del Risco Bermúdez y Héctor J. Díaz. MÉXICO: Sor Juana Inés de la Cruz, Manuel Acuña, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo,  Juan de Dios Peza, Luis G. Urbina, Guillermo Aguirre Fierro y Rosario Sansores. NICARAGUA: Rubén Darío. PERÚ: José Santos Chocano, y César Vallejo. PUERTO RICO: José Gautier Benítez, José de Diego, Luis Llorens Torres, Luis Palés Matos y Julia de Burgos. URUGUAY: Juana de Ibarborou, Delmira Agustini, Mario Benedetti y  Ramón de Santiago.

Poco a poco iremos ofreciendo muestras de poemas breves. En nuestro libro, todos los poemas están completos. Detestamos los fragmentos. Por hoy cerramos con este que lo inicia:                                        

Esto es amar

Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.