SICARIATO

“Con estos, además, nació el SICARIATO, una serie de asesinos profesionales que se movilizan generalmente en moto y matan por encargo, en ocasiones por menos de 200 dólares. . .”

No cabe duda alguna de que esa voz, sicariato, tiene relación con el vocablo sicario del español que no es otra cosa que un asesino asalariado. El salario que percibe el sicario lo logra por el trabajo que ejecuta por cuenta propia que consiste en asesinar.

Hay que tener en cuenta que el asesino no es solo un homicida, sino una persona que mata con premeditación y alevosía, por una recompensa. Es quien mata a traición y sobre seguro; con cautela para asegurarse de que no haya riesgo para su persona. La acción obedece a un encargo que le hace un tercero.

La voz sicariato está registrada en el DAA como corresponde por ser una voz americana. Ella define la actividad y el conjunto; es decir, la actividad de los sicarios y el conjunto de ellos.

En Costa Rica, Colombia, Ecuador y Argentina el sicariato es la actividad criminal levada a cabo por sicarios. En Colombia y Argentina designa además el conjunto de sicarios.

A menos que estas acciones desaparezcan del mundo hispanoamericano, las acciones, así como la asociación de malhechores que designa el vil contrato para ultimar personas se labrarán un espacio en el lexicón mayor de la lengua española con el nombre de sicariato.

 

FIRMAR EL LIBRO

En la sociedad dominicana de hace más de sesenta años los novios adquirían el derecho de visitar a las novias en las casas de ellas. Por lo general el permiso para este tipo de visita se conseguía después de que el novio demostraba solvencia moral, que sus intenciones eran serias.

Para que le otorgaran el permiso el novio tenía que demostrar por ante los padres de la novia que sus intenciones eran legítimas. Este derecho de visitas les daba a los novios acceso a la casa de la novia generalmente por las tardes o las noches y siempre esto ocurría ante la presencia de una chaperona o, en casos raros, de un chaperón.

Cuando el novio acudía al domicilio de su novia para darle “pruebas de amores”, se decía que este iba a “firmar el libro”. Eso en lenguaje moderno se diría que el enamorado iba a cumplir con un protocolo establecido por las costumbres del país.

No hace falta consignarlo aquí, pero se deja constancia de ello, que no había tal libro y que el sujeto no estampaba su firma en parte alguna. Por este medio se hace constar de la costumbre así como de la denominación de la acción.

 

CONVENIMIENTO

“Creo que el intercambio es el único medio para los humanos dirimir sus diferencias. Cuando este es franco se llega a CONVENIMIENTOS aun cuando en la mesa de tratos se encuentren. . .”

La introducción de esta voz en la frase reproducida más arriba parece la obra de un periodista que tiene predilección por las palabras largas; y, mientras más largas más favorecidas.

Los genes de la voz inventada apuntan a que esta desciende del verbo convenir, verbo que a su vez significa “ser de un mismo parecer o dictamen”.  Así mismo este verbo contiene el mensaje de acudir o juntarse varias personas en un mismo lugar; es ponerse dos o más personas de acuerdo en una cosa, en el sentido de tener dos o más personas la misma opinión en un asunto.

En otro orden de ideas, el verbo antes mentado sirve para transmitir el mensaje de que algo o alguien son buenos o útiles para algo. También expresa el reconocimiento o admisión que alguien hace de algo sostenido por otra persona.

Por medio de la lectura de las acepciones tradicionales y las de uso del verbo convenir que se han enumerado aquí se constata que este tiene mayor campo semántico que el que a primera vista se le atribuye.

Cabe que uno se pregunte si el término convenio cabría en la frase para tomarlo con el sentido de “situación de conformidad o acuerdo”. Podría pensarse en conveniencia utilizado de acuerdo con el contenido que tiene en “convenio o acuerdo entre personas”. De esta suerte sería posible proponer otros vocablos con algunas modificaciones en la redacción, pero no hay que recargar la sección.

El propósito en este estudio es dejar bien claro que la creación de una voz nueva no tenía sentido en este caso porque el español cuenta con muchas opciones convenientes.

 

VÍA – POR LA VÍA DE – POR VÍA DE

“La intención del jerarca suramericano es eliminar VÍA represión judicial. . . (…) M. No avanza en la consecución de sus metas de sometimiento del pueblo VÍA el terror al comprobar. . .”

En algunas ocasiones los redactores, periodistas, columnistas, analistas, comentaristas y otros olvidan que delante de algunos sustantivos se hace necesario colocar un artículo o preposición para imprimirle claridad a lo que se redacta.

Por fortuna el escrito no pierde su significado, pero en un tipo de redacción como el que se copia para ejemplificar el uso no se cumple con las leyes no escritas de la lengua común. Se viola el espíritu de la lengua, se soslaya uno de los principios esenciales del idioma corriente. Aquí más que cualquier otro asunto se ha faltado al estilo de la lengua, al uso en esta materia.

“Por vía de” es un modismo que se utiliza para expresar el fin para que se hace cierta cosa. En literatura se suele emplear “por vía de” como sinónimo de “a modo de”.

En algunos casos es legítimo, en el uso, que se suprima la preposición DE en los casos en que la palabra vía se usa para indicar la ruta que se emplea para llegar a un sitio “pasando por” otro.

En los procedimientos judiciales con mayor frecuencia se obvian las preposiciones, como por ejemplo cuando se habla o escribe acerca de “vía ejecutiva, vía sumaria”. También existe la “vía contenciosa, vía gubernativa”.

En el caso del texto reproducido, el columnista se sirvió de “vía” para destacar el medio o procedimiento por el cual actúa la persona, la forma en que trata de conseguir sus fines. Pudo muy bien usar otros recursos de la lengua para manifestar su pensamiento.

 

EN BASE A

“Necesitan el valor de su verdad, y actuar en BASE A ella”.

Esta “base” ha dado mucho que hacer. Ha provocado muchos errores y se ha debatido en grande en los medios de la corrección de estilo en el lenguaje. Aquí se va a dejar fuera de las consideraciones los significados que “base” tiene en la lengua, a menos que sea pertinente para lo que se presenta.

En esta sección se procederá a examinar los casos en que algunas bases deben evitarse y, además, los casos en que los cultores de la lengua encuentran que el empleo es justificado. Se espera que después de estas explicaciones los lectores no decidan a toda costa prescindir de las “bases” que son aconsejables, tolerables, admitidas y hasta aplaudidas.

Tradicionalmente la Academia ha censurado el empleo de “en base a”. Tampoco es aconsejable utilizar “por la base de”. En el caso de “en base a” las preposiciones no están justificadas. Se piensa que aquí se procede por imitación del italiano.

La locución preposicional a base de ayuda a expresar que lo denotado por el sustantivo que le sigue es “el fundamento,  componente principal, o elemento constitutivo principal”. Además tiene la significación de “por medio de, valiéndose de”.  En los casos en que la locución va seguida de un verbo en infinitivo significa “a fuerza de”. En ninguno de los casos de este párrafo puede usarse “en base a”.

Cuando se utiliza con base en antes de mencionar un lugar lo que se indica, es el punto de partida de lo que se menciona a seguidas. Esta misma locución entró por la puerta del lenguaje jurídico con el sentido de “con apoyo o fundamento en”. En los casos en que es posible usar la locución resaltada, vale también que se emplee sobre la base de.

Con base en equivale a “sobre la base de, en función de, basándose en, a partir de, de acuerdo con, según”. Por el significado que tiene la locución destacada, puede sustituirse por una cualquiera de las equivalentes, siempre y cuando no se altere el sentido de la oración.

En lugar de escribir o decir “en base a”, es mejor hacerlo con la ayuda de “sobre la base de o basándose en”.

La tendencia actual es a considerar que el uso de en base a es tan común que no hay lugar a considerar el uso como incorrecto, sino solo como desaconsejable. Suele recomendarse que en vez de esa locución se utilice una de las siguientes: con base en, sobre la base de, en función de, basándose en, a partir de, de acuerdo con, según.

 

ACCIONAR

“La directora del. . . renunció tras las críticas sobre su ACCIONAR en el escándalo del supuesto pederasta estadounidense. . .”

Hace ya unos años se criticó el uso que se hace del infinitivo del verbo accionar en funciones de sustantivo. En esa ocasión los comentarios vertidos se encaminaban a hacer ácidas observaciones con respecto a la poca necesidad que existe de hacer del infinitivo otro sustantivo cuando ya se cuenta con el vocablo acción.

En esta ocasión no se repetirá el comentario. Se tratará de encontrar una explicación a la necesidad que sienten algunos redactores de emplear “accionar”, en lugar de “acción”.

Es historia muy contada y oída que accionar es poner en funcionamiento un mecanismo; o bien, hacer gestos. No se abundará sobre esto.

La inclinación que siente el redactor de estas notas acerca del idioma es pensar que al utilizar el infinitivo la persona que compone un mensaje coloca el acento sobre la repetición de su proceder. No sobra que se señale que en el ejemplo de esta sección esa no parece que sea la intención del redactor.

De la suerte en que se comprende el uso del accionar en funciones de sustantivo en los casos más comunes es para destacar las muchas veces que se ejecuta la acción, es la repetición de eso que se enuncia antes. De esta manera la acción terminaría solo como la duración de lo que se hace, el tiempo que toma esa ejecución de principio a fin.

Lo que acaba de explicarse va en contra de lo que los textos pregonan. Accionar es entablar una acción; es actuar.

En el ámbito jurídico accionar es “participar alguien en algo, especialmente en un juicio”, así lo asienta el DAA como utilizado en Honduras y Nicaragua. En República Dominicana dicen y escriben “accionar en justicia” para los mismos efectos. En Nicaragua y Honduras también usan accionar para participar alguien en un partido o competencia.

La última palabra con respecto a este “accionar” solo la tendrá el tiempo que manifestará su juicio mediante la observación el empleo.