Como si se tratara de una alocada “lotería política”, comienzan a salir a escena inesperados candidatos que buscarán la silla presidencial en el 2020. Muchos no llegarán muy lejos. Los detendrá el muro de la vergüenza y el eco de la voz de los ciudadanos que resuena diciendo: “tú no puedes ser el candidato porque nos merecemos algo mejor. Ahórrate tus sermones teatralizados y tus poses de redentor del pueblo”.
Desde muy temprano comienzan a salir del “sombrero del mago” personajes que más divertir en un convite de ingenuos despiertan la indignación, el rechazo y el coraje para quitarle la máscara a los payasos cuyas promesas no pasan de ser bienaventuranzas traicionadas.
En la medida en que los votantes se han vuelto más capaces de expresar su opinión, su desconfianza en los partidos políticos y sus candidatos se ha vuelto más profunda. Cada vez más los ciudadanos exigen a los candidatos mayor responsabilidad política y constancia pública y privada de sus virtudes cívicas. Y si los candidatos tempraneros llegaran a pensar que tienen mucho tiempo para “convencer” a los votantes, también los votantes tendrán mucho tiempo para evaluarlos, cuestionarlos e investigarlos para en su momento expresar su aceptación o su rechazo.
Como se tratara de “test políticos” para medir la idoneidad de los candidatos podemos acudir a los “perfiles éticos” que otros han presentado. Ya en el mundo político griego se requería un “perfil virtuoso” para ser político y para ser gobernante. Platón, refiriéndose a quienes deben gobernar, consideraba que debían poseer virtudes tales como la prudencia, grandeza y nobleza de ánimo y dar muestra de hacer suyo el compromiso con el bien público. Aristóteles, a su vez, hablaba de individuos capaces de ser llamados valientes, justos, sabios y prudentes.
Sigue teniendo vigencia hoy día el perfil presentado por Cicerón, quien decía que aquellos que ejercían la política honestamente tenían “decorum” (decoro). Enfatizaba: “El concepto de esta palabra es tal que no puede separarse de lo honesto y lo decente, porque lo que es decente es honesto y lo que es honesto es decente. Todo lo decoroso aparece cuando le ha precedido la honestidad. Todas las cosas que se hacen con justicia con decorosas y las que se hacen con injusticia son indecorosas. Y dígase lo mismo de la fortaleza. Una acción viril o magnánima parece digna de un varón y decorosa, y lo contrario como torpe o indecoroso”. Y el candidato que no posea el decoro tampoco podrá fabricarlo ni siquiera con el más cotizado marketing político.
Y dado que los candidatos, buscando granjearse el “voto religioso, imploran la gracia de Dios para lograr para sí “lo que es de Dios y lo que es del César”, habremos de exigirle “que sean parecidos a los obispos”. ¿Qué significa la palabra obispo? Del griego επισκοπος (epískopos), significa: “vigilante, inspector, superintendente”. Esto deben procurar ser los candidatos, y no dueños de la “cosa pública”. Tomo prestado de las Sagradas Escrituras el “perfil del obispo” que se lee en 1ra. de Timoteo 3:2–7, y que le proponemos a los candidatos:
“Ser una persona irreprensible (Es decir ser una persona que su modo de vivir no le coloca en una posición de señalamiento o juicio).
Marido de una sola mujer no mujeriego (El que es fiel a su pareja se ha comprobado que es fiel a todo).
Sobrio (No dado a vicios).
Prudente (se caracteriza por su cautela, la cual es resultado del alto valor que le da a su propia vida, a la de los demás.)
Decoroso (Persona que observa buena conducta, mantiene el honor y las buenas costumbres.
Hospedador (Es decir persona que es racional y consciente de sí mismo, poseedor de una identidad propia).
Apto para enseñar (Persona paciente que trasmita conocimientos a los que les rodean).
No dado al vino (Persona que no sea bebedor de ninguna bebida alcohólica).
No pendenciero (El pendenciero es la persona que es muy aficionada a pelear, reñir o discutir: no se le puede llevar la contraria).
No codicioso de ganancias deshonestas, sino honesto, amable y apacible.
No avaro.
Que gobierne bien su casa (La autoridad comienza por la casa y el que no gobierna bien su casa mucho menos sabrá gobernar y dirigir una nación.
No un neófito es decir novato, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del demonio.
También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del demonio”.
Los ciudadanos votantes deben examinar minuciosamente la “hoja de vida” de los candidatos y su paso por la administración pública. Esta revisión debe hacerse individual y colectivamente mediante debates, cuestionamientos e investigaciones. Los candidatos, a su vez, tienen el deber de presentar “pistas de idoneidad”, de honradez, transparencia, rectitud moral, rechazo a la corrupción, riquezas bien habidas y respeto a los derechos humanos.
Es un derecho del ciudadano pedir “pruebas de idoneidad” a los candidatos. Por sus obras y sus intenciones serán conocidos. Y por esto mismo el ciudadano le otorgará o le negará su voto en el 2020. ¡ Muchos no pasarán la prueba!