Y acaso, pienso?

San Pablito de Agualongo

Por Marina C. Valera Regús

Algunas veces se piensa en un espacio pequeño, cuando se trata de una comunidad enclavada en el centro de la Cordillera de los Andes, a los pies del magnífico volcán Cayambe. Disfrutar el fresco de su primavera permanente y el aroma de su aire limpio, así como de los buenos días que siempre brinda el transeúnte, montaña arriba, montaña abajo.

Madrugar para iniciar las faenas familiares con los primeros rayos del sol. Alimentar los animales en turno para que la yerba crezca a buen tiempo. La hacienda familiar contaba con una pequeña producción lechera que alimentaba una cooperativa que a su vez, esperaba para alistar las instalaciones de procesamiento de la leche comunitaria para luego de recolectada venderse en el pueblo de Cayambe.

No solo leche se produce en San Pablito. También tenemos criaderos de cuy, un roedor diminuto y sorprendente que hace de su carne un plato exquisito y muy demandado por toda la comunidad, especialmente en las fiestas tradicionales. Es tan gracioso y a la vez enigmático comer aquellos pequeños huesecillos recubiertos de esa fina y deliciosa carne, que quieres saborear por más tiempo pero que se te deshace en el paladar rápidamente. Un plato delicioso y asombroso, el pequeño cuy.

Hasta que llegó el día del nacimiento de becerro. Tan lindo con su color cobrizo. Fue muy triste verlo no poder amamantarse en la leche de su madre, un aspecto negativo y contrario a lo que había conocido en el campo dominicano en la casa del abuelo, donde el becerro precisamente servía de ayuda a la extracción y aprovechamiento de la leche. Razones sanitarias se esgrimen para esta nueva forma de tratamiento en la producción lechera. Así que el becerro se contentaba con absorber la leche que puedo traerle en balde, hasta que a pocos días encontró su casa final en un criadero de productor cárnico.

Especialmente importante es el horario de entrada y salida de San Pablito. Andar la montaña a 2,800 metros sobre el nivel del mar (msnm), para arriba y para abajo no es cosa fácil. El aire, con poco oxígeno y una temperatura de entre 10 y 15°C, requería caminar despacio para evitar el agotamiento. El frescor y la limpieza del aire hacen placenteras las caminatas, especialmente al ir a cernir y hornear el pan y las tortas en la panadería de Alexandra. Una cena deliciosa rodeada de un festivo y cálido ambiente familiar.

Haber conocido a San Pablito de Agualongo y disfrutado la magia de los colores con que el crepúsculo adorna al Volcán Cayambe, es una imagen imborrable. Tal vez se animen a visitarla y disfrutarla.

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