Con la centésima parte de cualquier barrilito; con la millonésima parte de la fortuna de cualquier maldito corrupto; con una pizca del sueldazo o los viáticos de un alto burócrata; con lo que roba en un día algún alcalde. En fin, con lo que cualquiera de los susodichos se gasta en una comilona, o en una orgía en cualquier villa: sólo con eso se hubiesen salvado los once niños muertos en el Robert Reid, que carece hasta de oxígeno para las emergencias. Y resulta que ahora el Congreso va a “investigar” qué fue lo que pasó. Entonces, cabe preguntar: ¿Qué diablos es que vamos a hacer con este país?