Opinión

Protesta puertoplateña

Por Ramón Colombo

En mi honrosa calidad de embajador de Puerto Plata en República Dominicana, a nombre de mi pueblo; sean gente joven, mediana y vieja, pobres, ricos o desbaratados, blancos, negros, mulatos o pintos, pido, reclamo, exijo que esta potencia nacional, de la que (a veces lamentablemente) dependemos, termine la carretera que empieza en Navarrete y termina esta tierra que, por suerte, apenas conoció Colón; y, además, que castigue ejemplarmente a quienes tumbaron numerosas matas de palmas reales y de pino en la Hermanas Mirabal con Gregorio Luperón, afectando lo que es intocable: el más bello malecón del Atlántico.

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