El pasado miércoles 23 de noviembre fue publicado, en estas “páginas” digitales, un interesante artículo de la Doctora Rosario Espinal titulado “El PRM, perdiendo el tiempo”. El escrito contiene –  bien intercalado – un rosario de argumentos orientados claramente a minimizar al PRM, al bloque de partidos de la oposición.  En los párrafos siguientes se refutan esos argumentos y se ofrecen razones que justifican la lucha de la oposición contra el vigente autoritarismo electoral.

  1. El 35% de votos recibidos por el PRM y aliados en mayo pasado debió ser suficiente para obtener mayor número de diputados, alcaldes municipales y regidores. Si no ocurrió así, se debió   – entre otras razones – al impune arrebato ejecutado por jefes de juntas municipales electorales mediante decisiones parcializadas apañadas por la JCE.
  2. El más letal ataque hecho a la oposición política en las últimas décadas lo ejecutó el Tribunal Superior Electoral (TSE) al arrebatar el PRD a su genuina militancia y dirigencia para convertirlo en coletilla del PLD. Esa sola acción subvirtió profundamente la correlación del poder político y electoral en el país.

Los hechos indican, pues, que subestimar el rol determinante de ese entramado electoral encabezado por la dupla JCE-TSE, es una peligrosa superficialidad política.

Por consiguiente, plantearse – como lo ha hecho el PRM y la oposición – enfrentar ese entramado electoral parcializado, denunciarlo e influir en su modificación, es un objetivo político práctico de gran importancia para la democracia en general y para la competencia electoral también.

  1. Sobre la renovación de la JCE, y en directa critica al PRM, Rosario Espinal afirma lo siguiente:

“Pasarse tres meses hablando de cómo conformar la Junta Central Electoral no le ha dado resultado. Al final, el PLD integró la JCE con las personas que consideró apropiadas, y no hay ninguno entre los escogidos cercano al PRM”.

Resulta extraño que una profesora de política considere que como “ninguno entre los escogidos es cercano al PRM”, entonces la lucha de este partido por una nueva Junta ha sido un fracaso. Lo primero es que el PRM ni pidió, ni luchó para que alguno de sus miembros (o “cercano”) fuera parte de la Junta. La lucha no era por un cargo, y así lo explicó en todas sus declaraciones públicas desde julio hasta la fecha. En segundo lugar, ese equivocado enfoque de Rosario Espinal es pariente íntimo de la política de reparto de los órganos de arbitraje electoral en cuotas partidistas, que, como hemos visto, ha resultado un desastre para nuestra democracia.

  1. Tampoco es cierto que “Al final, el PLD integró la JCE con las personas que consideró apropiadas (…)”. Lo que en realidad buscaba y quería el PLD era ratificar la Junta de Roberto Rosario, excepto a Eddy Olivares, pero no pudo. Por eso pasaron tres largos meses en escarceos e incómodos debates.

La esencia contradictoria del artículo de Espinal queda en evidencia cuando afirma que:

“Ojalá la nueva Junta sea buen árbitro para bien de los partidos y la democracia”.

¡Oh!, pero para ser “buen arbitro” de unas elecciones ¿no es necesario ser y actuar políticamente con independencia e imparcialidad? ¿Y quién levantó y sostuvo esa demanda? ¿El PLD? ¿Rosario Espinal? No, la levantaron el PRM y el bloque de oposición, junto a la sociedad civil y las iglesias.

En resumen, Rosario Espinal hace votos para que la nueva Junta sea un “buen árbitro”, es decir, imparcial, pero fustiga al PRM por luchar para lograrlo.

En realidad, la intervención crítica que se espera de una intelectual política es una en la contribuya a crear conciencia sobre la amenaza que representa para la democracia y la libertad el actual secuestro de los órganos electorales, institucionales, judiciales y de fiscalización del Estado dominicano por parte de un partido: el PLD y su cúpula. Con ese enfoque y objetivo se ha expresado otros intelectuales, editorialistas y líderes empresariales…Pero no Rosario Espinal.