Poemas de Yoselyn Valdez/(Pretexto para hurgar en la precariedad de la condición humana)

En términos  casi general la poesía siempre será expresión de la incapacidad del sujeto- poeta de acomodarse a las cosas del mundo; siempre será testimonio de queja, manifestación de vacío e inconformidad.

Algunos poetas han tratado de encubrir sus tristezas en poemas de apariencia alegre. Esto no sucede con Yoselyn Valdez, en quien la amargura parece un torrente inagotable, sin una sola parada de reconciliación con nada ni nadie.

Yoselyn Valdez (Naranjo Dulce, San Francisco de Macorís, 1971), para este tiempo -1994- cuenta veintitrés años, escribe estos versos cuando aún no llegaba a los veintidós:

La tarde es
Una fosa
Para mis ojos
Soy la caverna
Del silencio
Soy la espada herida
La ensangrentada
La sonrisa muerta
La olvidada
La flor deshojada
Soy todo y soy nada (…)
La tarde es mi voz
Muriendo en las hojas secas
Un túnel disuelto en mi alma
Un sonido lejano de ríos verticales.

En Yocelyn Valdez  el desgarramiento no se ha nutrido de una cultura escritural del dolor. Ella aún no ha estado en contacto con los grandes y pequeños poetas a través de sus textos. Sin embargo, Valdez posee la intuición terrible de las cosas, para lo cual no se necesita haber leído mucho, sino simplemente poseer una consciencia que trascienda el tiempo de existencia  del sujeto creador.

Valdez no está conforme con la vida, la cual le ha deparado una condición humana que ella se niega a aceptar. Por eso, en uno de sus poemas más importantes, titulado Vulgaridad de la Forma, se expresa así:

Yo nací desnuda
Con el dolor en mis manos
Con las pupilas cansadas
De tanto llorar
Envejecí en el vientre
Porque yo no quería nacer
Porque yo quería ser una
Angustia que no naciera
Un anónimo para el mundo
Yo no quería forma
Que me sujeta al espacio
No quería tiempo que devorara
Mis pasos
Yo no quería
Esta estatura de tristeza terrestre
 Estos miembros de vulgaridad absoluta
Tampoco quería esta noche sobre mis hombros...

Como bien se aprecia, no hay en nuestra poeta malabarismos expresivos, galimatías verbales con los que muchos intentan encubrir sus deficiencias creativas. Su poesía es sencilla y descarnada, pero esta sencillez y esta desnudé de todo artificio retórico refleja la hondura de un alma grande, asqueada, muy prematuramente, de todo lo que nos ofrece este mundo, porque ha comprendido que no hay escapatoria posible de esta cárcel del ser.

No me parecen exagerados estos versos de Matthew  Arnold que Chesterton cita en su Ortodoxia y los llama “más profundamente blasfemos que todos los graznidos de Schopenhauer:

Vivimos demasiado. Y si la vida
Plena y fecunda es la más rara,
Aunque sea la vida tolerable,
Tanta pompa de mundo es en balde,
Y hasta el trabajo de nacer es vano.

El autor de El hombre que fue jueves escribe su Ortodoxia para discutir, y lo hace alegando razones de fe, porque como sabemos la fe tiene sus razones, aunque estas sean absurdas,

Chesterton discute con Bernard Shaw porque éste habla con desdén del milagro, ”cual si este implicara un flaqueo de la fe en la naturaleza”. También discute con Ernest Renan por su escepticismo reverente, y con Nietzsche y con todo el que contradiga sus dogmas.

No sé si Yocelyn Vadez sostiene el deísmo o el ateísmo. No sé si está dispuesta como Chesterton a discutir a favor  del dogma   cristiano.. Lo que sí queda claro en su poesía es que ella comprende, como Matthew Arnold, “que la vida no es plena ni fecunda”, por eso afirmó que “no quería nacer, que quería ser una angustia que no naciera, un anónimo para el mundo.”

¿Es dicha la dicha que nos acarrea desdichas?  ¿Por qué las cosas que más queremos son las que nos lastiman con más encono? Inútilmente buscamos ser alegres y dichosos, pero ante nuestros ojos solo se dibuja y desdibuja el dolor.

Prevalida de esta desengaña visión existencial, Yocelyn Valdez  no tiene más salida que gritarla en versos doloridos.

El ser humano ha sido condenado a vivir de la divisa de la esperanza. Y el poeta, que así lo entiende, no puede hacer otra cosa que gritar, no solo por el sino también por sus semejantes. Rimbaud supo expresar este estado general de la condición humana cuando afirmó que la verdadera vida está ausente. Para él no es esta la verdadera vida, pero tampoco tiene la esperanza de que  resida en otra parte. Por eso escribió:”Yo vi desvanecerse en mí toda esperanza humana (…) La desdicha ha sido mi dios…”

Borges  dijo que la vida del hombre es demasiado pobre para no ser también inmortal.

César Vallejo testimonió que había nacido un día en que Dios estuvo enfermo. Nuestro Franklin Mieses Burgos dice estar “sin rumbo ya y herido por el cielo”. No hay mundo para él porque también sabe, como Rimbaud, que la verdadera vida está ausente. Tampoco el cielo le brinda esperanza; el cielo también lo ha herido.

EL desesperado John Keats se expresa así: “Conozco esta ilusión del ser, y mi fantasía se expande en sus  summas felicidades; y, sin embargo, quisiera morir esta media noche y ver hecho pedazos el pomposo estandarte del mundo. Los versos, la fama y la belleza son cosas ciertamente fuertes;  pero más fuerte es la muerte: La muerte es la suprema recompensa de la vida”.

Muchísimos conocen las desdichas de Poe. De él dice Giovanni Papini  en sus Retratos Extranjeros:” Poe fue un hombre que tuvo, entre otros síntomas del genio, el de no haber conocido, ni un solo día, la serenidad ni la paz.”

Henry Miller, quien fuera un  compilador de amarguras, escribió en su Primavera Negra: “ Sigamos  las huidas clásicas de Melville, Rimbaud, Gauguin, Jack London, Henry  James, D. H Lawrence…, miles de ellos. Ninguno encontró la felicidad. Rimbaud encontró la sífilis; Gauguin encontró la sífilis; Lawrence  encontró la plaga blanca…”

Jocelyn Valdez no posee estas referencias culturales, pero no las necesita para lamentarse poéticamente por un mundo que concibe como  una prisión,  de la cual solo se puede escapar por medio de la muerte, y cuyo único intento de alivio probablemente sea la poesía.

(Estas reflexiones fueron escritas en 1994)