Revelaciones

Poemas en el mes de la igualdad de la mujer: Taiana Mora Ramis

Por Manuel Mora Serrano

Taiana tiene más de 27 años de experiencia en desarrollo y promoción de exportaciones de bienes y servicios y más de 20 trabajando en el área del Caribe en instituciones públicas y privadas en estrategias, políticas, fortalecimiento institucional y desarrollo sectorial de pymes exportadoras, especialmente en el sector servicios. Fue Directora Ejecutiva de la Agencia del Caribe para el Desarrollo de las Exportaciones (Caribbean Export), organismo intergubernamental de 15 países del Caribe (CARIFORUM) para la promoción de inversión y comercio. Es actualmente gerente general de NEX Consulting, consultora internacional en cooperación para el desarrollo y comercio internacional. Ha sido presentadora en múltiple foros y eventos internacionales en el Caribe y Europa. Lo que la ha convertido en una viajera impenitente por toda América, Europa, Asia y Oceanía. Entre sus otros textos se destacan: Estudio. Diagnóstico y recomendaciones sobre la profundización de la integración de la República Dominicana en el área del Caribe, mayo 2010 y Estudio de impacto sobre ingreso de la R.D. a CARICOM. Este último junto a Iván Ogando y Angélica Noboa, junio 2011

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Poemas de Taiana Mora Ramis

 

Poema a la lluvia

Eres el llanto de los muertos

que lloran impiedad.

Eres eso que siempre viene

después del tiempo,

junto a los tiempos.

Habitas en la casa

que cubre el mundo.

Vives en el azul

que como tú nunca muere.

El llanto mata la pena,

pero tu llanto de muertos

mata la vida,

fortifica mi sangre,

elabora mi ensueño.

Cuando pasas jugando

sobre la tierra

te veo hermosa

y ya no extraño la rosa

que nace en cada aurora

y se marchita

en cada morir de la tarde.

 

Después de la lluvia

Después de la lluvia

comienzo a entender los tiempos

y después de los tiempos

empiezo a ser mujer,

mujer que transita

sobre la loma cansada de la virtud,

que suspira por los mares.

Después de la lluvia

empiezo a cabalgar sobre las amapolas.

Después de la lluvia

las hojas lloran

la impiedad del olvido.

Después de la lluvia

sale de su cárcel de desamor

el arcoíris.

Después de la lluvia

el sol mira entre las nubes

pretendiendo esconder su timidez.

Después de la lluvia

el horizonte hácese más tierno.

Después de la lluvia

vuelve el día con su monótono latir

y comienzo a entender los tiempos.

 

Soy acostumbradamente algo

Sin pensar en mi destino

yo me enamoré

sin oler el pasado

a tierra mojada después del silencio.

Yo acostumbro a buscar

entre las naranjas del bosque

el olor del sí de la tarde.

Locas aventuras han recorrido mis pies

y mi cuerpo suele quedar inmóvil

viendo los pies alejarse

hasta el fondo de la vida nocturna.

Yo soy acostumbradamente algo

algo que se esconde.

(Nota: Estos poemas son de 1979, a los 14 años,

de su libro Tiempos del Olvido, Editora Taller, 1980)

 

Los puentes rumorosos de París

Amo la mujer que soy. Recorro los relojes donde soy la sospecha sutil de haberme creado. Yo y la duda, rozando los poemas. Amortizando el viento y la incesante necedad de descubrirnos. Yo, de espaldas a los pechos sudorosos que rozan mis delirios. Yo y la noche decidiendo inquietas las esquinas y los puentes rumorosos de París. Yo y una ciudad perdida delatándome otra que abrazo con nostalgia. Yo y los labios que invento como profecía. En una venta alguien miró llorando y dejó que la lluvia rodara en los canales. El viento frío es otro, preciso e imperfecto y no sé en qué café aguardo por la intensa decepciones de contarme.

 

Invención de Roma

Acabo de inventarme a Roma, milenaria en el pecado, en las venas abiertas y las catacumbas. Roma que es un paseo largo de ángeles desnudos. Risa suelta y campana ardiente.

Camino de rodillas a Roma como quien cree que el tiempo es un ajeno rosario que duele. A Roma, he traído tu nombre. Alguien fundó las capillas, se hizo entonces tu cansancio y Dios escuchó llorando todas las oraciones muertas y los pecados.

 

Piezas de Museo

Bajo la niebla tosca de los colores largos se ha posado en la mesa la sombra de los siglos de Susana desnuda entre amantes viejos y la duda endeble de la carne. Solo habremos de esculpir el músculo erecto que tocamos despacio y la sombra sublime del arte y del pecado.

 

Entre sábanas distendidas

La pasiva violencia de la soledad* me aguarda entre las sábanas distendidas donde no vuelan más las mariposas. No serás tú ni el viento. Nadie habrá más allá de las hojas, ni la pálida entrada del otoño con sus impacientes intentos y sus abismos. No serán tus dedos en mis orillas una húmeda esencia dormida ni sabré jamás qué van murmurando esta noche los cocuyos.

*De Carmen Luisa Figueiras

El invencible duelo

El invencible duelo de enamorarse

debo luchar contra tus sueños

ya que te sueño que me sueñas enamorada.

Llego a lo imposible, a la orilla de tus mejillas

y me vuelvo ola

en estos miedos.

El peligro de asaltar tus ojos me reencuentra.

Soy una mujer tomada por un sueño loco.

 

El amante incierto

Son muchos los instantes en los que uno besa para el olvido. Para la extraña curiosidad de sabernos, aunque sea de noche y la playa sea un sueño. Habrán de soñarse todos los cuellos hermosos, todos los pechos hermosos, todas las sonrisas que no supieron ser otra cosa. Habrá que traer la noche para vestir con ella los cuerpos cuyo nombre, jamás recordaremos. Es el amante incierto que adormeció implorante nuestros pechos, aquel que no es el nuestro, pero con quien es nada vagando el tiempo eterno, el del beso ancho y profundo del húmedo silencio.

 

Demorado encuentro con la duda

Ardiente hubo la noche en nuestras soledades, crepúsculo intenso para inventar el olvido, el tiempo para recordar aconteció solemne sobre la tierra

y fui un poco más que dos pezones salados.

Se desvanece la lluvia en este angosto día gris que es un atardecer

un no llegar temprano a los sabores y a la carne

al demorado encuentro con la duda

y las vibrantes rosas del otoño.

 

Párpado a cuestas

Desde tiempos inmemorables duermo, párpado a cuestas, sobre la intangible levedad de la tarde. Habrá quien inspire un recuerdo más puro que este, mas no tu silencio, sobre el rezaré las siluetas de una vaga y perpetua nostalgia, sobre ti rezaré una plegaria infinita, el salmo pagano que espero desde las innombrables cumbres que inventan tus labios.

(Del libro Plenitud del instante, Prensa Dorada, S.D. 1999).

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La fotografía

La ciudad de Santo Domingo con vista al mar desde La Arboleda de Naco en 2018

      

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