Fogaraté

¡Pobrecita, Licelot!

Por Ramón Colombo

Licelot  Marte me da profunda pena. ¿Cómo es posible que haya caído tan bajo en su  respetabilidad, que hasta los barrenderos  de los edificios públicos (no digamos la alta burocracia del país entero) se burlan de sus inútiles ruegos y vanas advertencias? El Palacio Nacional no se da por aludido. La Justicia no la apoya. La Contraloría menos. Miles y miles de altos funcionarios se ríen de que “deben” hacer declaración de patrimonio y demás zarandajas de la falsa transparencia. La verdad es que yo, en su lugar, renunciaría o pediría la jubilación (si es que no está jubilada y sigue en nómina)

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