En esta obra la sensación es como el encuentro de la onda de  Fuerzas que actúan  sobre el cuerpo, “atletismo afectivo”, grito-soplido; cuando está así relacionada con el cuerpo la sensación, según Deleuze, deja de ser representativa, deviene real; y la crueldad estará cada vez menos ligada a la representación de algo horrible, solamente será la acción de fuerzas sobre el cuerpo, o la sensación  (lo contrario de lo sensacional).

También la sensación, dice el filósofo francés, “cuando alcanza el cuerpo a través del organismo, adopta un paso excesivo y espamódico, rompe los límites de la actividad orgánica. En plena carne, es directamente llevada sobre la onda nerviosa o la emoción vital”.

Sentimos que los cuerpos y figuras cromáticas de HRSuriel se acercan al agujero negro de donde nos llega la realidad, el mundo real, el tiempo ordinario. Este efecto de desentrarse hacia adelante, esta avanzada de un espejo de objetos al encuentro de un sujeto, es, bajo la especie de objetos anodinos la aparición del doble que crea este efecto de seducción, de ese sobrecogedor característico del trompe-l oeil: vértigo táctil que describe el deseo loco del sujeto de abrazar su propia imagen, y con ello desvanecerse. Pues la realidad en HRSuriel no es sobrecogedora más que cuando nuestra identidad desaparece en ella, o cuando resurge como nuestra propia muerte alucinada. Veleidad física de atrapar las cosas, pero veleidad suspendida y por ello convertida en metafísica—los objetos del tromp-l oeil conservan la misma imposición fantástica del descubrimiento por el niño de su imagen, algo de alucinación inmediata anterior al orden perceptivo, según Jean Baudrillard.

La realidad y la contingencia relativas al observador que tienen las manifestaciones del mundo, como nos revela la endofísica, la diferencia entre los fenómenos internos al observador y los externos al observador, aportan en esta obra valiosas formas de apelaciones simbólicas para la estética de la autorreferencia en relación al mundo intrínseco de las señales de la imagen, la virtualidad (el carácter inmaterial de las secuencias de imágenes) y la interactividad (la relatividad de la imagen respecto al observador) tal y como la define el arte electrónico. La endoaproximación  a la electrónica en la obra de HRSuriel implica que la posibilidad de experimentar la relatividad del observador depende de una interfaz, y que el mundo se puede describir como una interfaz desde la perspectiva de un observador interno explícito. Después de todo, ¿acaso no es el arte electrónico el mundo del observador interno por excelencia, en virtud de su naturaleza participativa, interactiva, virtual y centrada en el observador? Este salto desde un punto de vista externo y dominante a un punto de vista participativo interno también determina la naturaleza del arte electrónico. El arte electrónico en HrSuriel desplaza al arte desde un estadio centrado en el objeto a un estadio dirigido al contexto y al observador.

De este modo, se convierte en un motor de cambio que lleva de la modernidad a la postmodernidad, esto es, tiene lugar una transición desde sistemas cerrados, definidos por la decisión y completos, a sistemas abiertos, no definidos e incompletos; desde el mundo de la necesidad a un mundo de variables manipuladas por el observador, desde la monoperspectiva a la perspectiva múltiple, desde la hegemonía al pluralismo, del texto al contexto, de la localidad a no localidad, de la totalidad a lo particular, de la objetividad a la relatividad del observador, de la autonomía a la co-variación, de la dictadura de la subjetividad al mundo inmanente de la máquina.