El país ha sufrido intensos momentos de tensión en las semanas pasadas. Distintos sectores han planteado la necesidad urgente de un reforma impositiva. Las finanzas públicas hacen agua desde hace años pero la pandemia ha venido a agravar los desequilibrios existentes. Desde 2012 se escogió acelerar el uso de prestamos internacionales en los mercados de capitales que no preguntan mucho para qué van usar ese dinero. No hay control de proyectos ni desembolsos escalonados. Simplemente pedimos mil, dos mil, o tres mil millones y los fondos de inversión vienen corriendo a financiar los requerimientos del fondo general de la República. ¿Podrá mantenerse este esquema indefinidamente? Ya hace años que tomamos prestado para pagar, y ahí se inicia un circulo que sino se detiene puede llevarnos a la “puertorriqueñización” o peor aún a la “grecisación” en referencia al gravísima crisis de deuda pública que afectó a Grecia y a Puerto Rico unos años atrás, con consecuencias terribles para sus clases medias y sus pueblos.
Durante las campañas electorales dominicanas, es tradicional que los partidos mayoritarios del país nunca hablen de planes fiscales o de reformas fiscales. Muchos se preguntan ¿Para qué hablar de reformas fiscales si según las cifras locales e internacionales esta es una de las economías que mas crece de América Latina y del Caribe? ¿Para qué “asustar” al pueblo y los ricos hablando de reperfilamiento o reformas de nuestra estructura de impuestos? Podrían tener razón, pero es altamente irresponsable. Nuestro país es el segundo con la carga impositiva mas baja de toda la región, solo superado por Guatemala. ¿Es posible alargar esta situación sin un cambio?
Es cierto que la economía dominicana es muy dinámica y crece mucho. Un promedio de 5 a 6% anual en los últimos 15 años. Sin embargo el crecimiento no se derrama. No impacta en la mejoría de los niveles de vida de las mayorías pobres. Incluso físicamente es perceptible esta asimetría. La avenida Kennedy en Santo Domingo es una especie de muralla física entre el sur en desarrollo, de sectores como Naco, Piantini, Serrallés y otras urbanizaciones de clase media alta hacia el sur de la ciudad, como Bella Vista, Evaristo Morales, Julieta Morales, entre otros, y cruzando literalmente la avenida –sí es que puede cruzarla- tenemos la barriadas tradicionales del norte del capital, como Villa Juana, Villa Consuelo, Cristo Rey o Villa Francisca, entre las mas colindantes. En esos sectores, surgidos al amparo de la expansión urbana de Santo Domingo de la primera mitad del siglo XX parece que el tiempo se ha detenido. Casa, talleres y negocios detenidos en el tiempo, sino fuera por las bancas de apuestas y lugares de apuestas.
Esa escisión urbana refleja el casi apartheid social de las clases bajas dominicanas, cuya única salida de la pobreza es la emigración, el narcotráfico, la pelota, o distintas actividades delictivas. Esta situación solo puede ser enfrentada por el Estado con recursos en mano para construir un sistema de protección social no mercantil –salud gratis y pensiones públicas-, un sistema educativo público masivo, de excelencia en calidad, e integrado desde la inicial hasta la vocacional y universitaria, un sistema de abastecimiento de agua, tratamientos de aguas servidas, y un sistema de transporte urbano eficiente, reforma urbana y viviendas asequibles. Según la Estrategia Nacional de Desarrollo, un mantra que todos los políticos y dirigentes sociales empresariales, sindicales o de la sociedad civil asumen como el paradigma a seguir, la República debe llevar la presión fiscal de un 14 a 15% que es hoy día a un 25% en cuestión de pocos años. ¿Cómo hacer esto si sólo se negocian parches fiscales y nunca un reforma integral? Las políticas fiscales son decisiones de gobierno. En ningún país se han realizado como un gran acuerdo nacional que incluya desde bailarines, empresarios o académicos. Se puede discutir elementos, pero la decisión final es del parlamento y el Ejecutivo.
En el marco de la discusión de la reforma, se hizo énfasis en los irritantes privilegios de los miembros del Senado como de la Cámara de Diputados. Pensiones privilegiadas, exoneraciones de impuestos a vehículos para negociarlas por sumas millonarias, y el famoso barrilito, con un nombre muy llamativo “Fondo Social” del Senado. Los medios y las redes se indignaron ante tantos privilegios y corrupción en la sede del poder legislativo. El Senado en particular, tuvo una reacción inesperada: vamos aprobar una ley para eliminar todas la exoneraciones fiscales, incluyendo las nuestras, que suman mas del 4,4% del PIB, unos RD$ 230.000 millones de pesos en la estimación presupuestaria de este año 2021. Es evidente que la acción de la inmensa mayoría de los senadores dejó al Ejecutivo sin argumento. ¿Para qué reforma si con ese eliminación de los privilegios y exoneraciones se recauda mas del doble de la meta de la reforma? Es una lógica combinada de pataleta –no toques mis privilegios- y chantaje –sino apruebas y promulgas la eliminación de las exenciones, no te interesa ninguna reforma real.
El resultado fue el retiro o no presentación de la reforma por parte del ejecutivo. Los sectores conservadores y parte de la población respiraron aliviados, pero hay que plantearse: ¿Cómo se mantiene un régimen de estabilidad financiera que sostenga el crecimiento? Hay muchas falacias. Por ejemplo plantear que ITBIS debe ser generalizado a una tasa única de 18%. Es falso. El ITBIS o Impuesto al Valor Agregado como se conoce internacionalmente, debe ser un impuesto diferenciado, con tasas distintas para los artículos de lujo, los bienes de uso masivo y los de mayor impacto en la economía popular. Fácilmente el ITBIS general hoy en 18% se puede reducir a 15 ó 16%, establecer un tasa de ITBIS reducido la mitad de la anterior, en 7.5 u 8%, un ITBIS ínfimo de no mas de 2% para todos los artículos de consumo popular. El país necesita la reforma, pero una reforma progresiva, no una reforma sobre postulados neoliberales como se ha hecho hasta ahora. Lo mismo se puede decir del Impuesto Sobre la Renta. ¿De donde sale la barbaridad de que debe existir una solo tasa de 25 o 30%? El ISR es un impuesto progresivo, que debe gravar más la riqueza en un sentido creciente. Las tasas también deben ser diferenciadas desde cero (0) para los tramos actuales de exención, hasta cuatro o cinco tramos mas para los tramos superiores. Debe existir una Impuesto a la Fortuna, para los ingresos, ganancias, activos financieros o rentas por sobre un monto a establecer pero que nunca debe ser inferior al equivalente a un millón de dólares. La República no puede quedar atrapada entre el chantaje de políticos llenos de privilegios o los intereses de sectores rentistas muy acomodados en sus privilegios.