Que a 10 días del 5 de julio Danilo Medina convocara de un día para otro a los máximos órganos de su partido; que se presentara allí, ansioso, no en calidad de Jefe de Estado, sino de supremo dirigente de la campaña electoral, para pedirles a todos que se fajen como sea a conquistar los votos que le faltan a su candidato para él, a través de aquél, seguir gobernando; que recriminara a quienes en marzo perdieron las elecciones municipales por “portarse como señoritos” (sic), y no como tiguerones… No le demos más vueltas al mingo: Todo eso lo que proyecta, como nunca antes, es pánico en las graderías moradas.