Fogaraté

¡Oh, policías sonrientes!

Por Ramón Colombo

No sé quién fue, pero felicito calurosamente a quien se le ocurriera disponer que en las bocacalles de la Plaza de la Bandera, por donde irrumpiera bulliciosamente la insólita multitud que fue a dar el trabucazo más sonoro de que se tenga memoria (y que me perdone Mella), jóvenes policías sonrientes recibieran a todos, no repartiendo bombas lacrimógenas ni macanazos, sino regalando banderitas y flores sin discriminar a nadie. ¡Por fin, apareció en este país del carajo alguien con una inteligencia y sentido del humor que no suele abundar en nuestra torpe y engreída burocracia!   

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