She’s like you and me but she’s homeless, and she’s standing there singing for money. Crystal Waters (1991, Mercury).

Un montón de jevitas –algo que vemos hoy en el Mónaco, Ibiza y Copenhague–, se amontonan en una esquina del Hotel Santo Domingo. Están a la espera de que las entrevisten o las desafíen con eta mano en lo cabello.

El se pasa la mano por lo cabello. De manera incesante. De manera incesante, vieja. Full de to’.

–Mi hermano.

–Dímelo, barbarazo.

No sabía uno que ese party animal de más de siete pies de estatura sería uno de los últimos o uno de los primeros. Nos referimos a la vuelta por Santo Domingo (que es una hipótesis estrafalaria), así como la sonrisa simbólica de Claudia Schiffer. 

Un party animal es un “proponente”; un jugador de béisbol es un “sostenedor”, un futbolista es un “teórico”, y un golfista es un “iniciado”. Toda Pepsi Cola (y toda Cabagge Pack), es una entrada a los enigmas más profundos. Bebamos algo, dijo la chica que entendió que para lanzarse sin red en el Ringling Brothers era necesaria una Miller y una pendencia epocal porque un Lexus nuevo era una señal, y unos jeans loquísimos eran otra estatura de la inercia en las miradas.

Y tú baila? El vino. No faltó nadie. Mira esa vaina, dizque bailando.

Lo que había pensado Federico Nietzsche –que no es un bochero de alante–, tendría dos fases; una, la de la ensoñación por la competencia, algo que veíamos en la antigua Grecia. Otra cosa: un pitcheo desalmado de Dwight Gooden, que cayó luego estrepitosamente en un espectáculo mediático. Todavía FOX era una especulación y nadie bibeaba con entusiasmo. Era 1991, la época de las Sony Triniton y las Zenith donde The Movie Chanell (y otras variantes), eran la partitura esencial y todo ritmo (sin valses de Strauss), era un santo y seña para entender la historia.

–Vivimos, José Luis Alemán, barbarazo, en el marco de una época perdida en la decadencia. Usted tiene al Fondo Monetario ese en stand-by y la gente a la espera que Balaguer diga que sí, que la gasolina llegará, barbarazo, en cualquier momento para detener las burbujeantes filas en las estaciones de expendio.

Según Chris Lowe, no eran malos tiempos. Hacia 1985, –cinco años antes–, hubo gente que encendió velones a CINEMAX después de Malibu Express. Otros prefirieron someterse a uno de los más duros de los fervores epocales: las camisetas OP (Ocean Pacific, más duras que un traje Armani), importadas sin darle mente a na’. No se descarta que ante todo fueran vendidas, así de únicas y multicolores. El sopor de una OP no lo superó –en aquel momento de agonía–, ni un Ferrari Testarrosa, otro barbarazo.

Claudia Schiffer

Antes que la noche terminara, otros comprendieron qué era la vida con unos zapatos-tennis reebok negros; otros comprendieron que era el azar con lo insuperable entonces: la marca Gap, que ya no es la misma de aquellos años. Como usaste tres jeans GAP, entonces tuvieron que descontinuarla sin darte tiempo para reponerte de tal desaguisado. Algunos sostienen –sin recurrir a John Maynard Keynes todavía, eso es de último–, que los jeans Pepe en 1991 creaban un enorme sopor, pero lo cierto es que el perfume Drakkar hacia bailar a la gente y todo el mundo pianito. Maldije al disk-jockie en Neón, solo porque puso a Sergio Vargas. Mi amiga la chica Benetton, usaba Colors, y hoy vende vainas chulísimas.

–Mueve ese trago que se te agúa. Se dice así? No le de mente. Fiesta toda la noche. Y e’ faci?

Y era que dijeran lo que dijeran los pesimistas –una gran parte de la población–, la tierra podría concebirse como un sitio estelar para el dance, el techno y el compartir sin malicia. Aquí ocurrirían eventos extraordinarios (más allá de una recepción). Hoy, mucho tiempo después, con Maléfica o Jamiroquai de fondo, dos artistas verdaderos al tono de Modjo, Lady hear me tonight con el mejor video que hemos visto en muchos años. Repetimos: Modjo, Lady hear me tonight es el mejor video que hemos visto en muchos años, con una de las mejores canciones. Claro, uno tiene que ser conservador. La producción es de Yann Destagnol y Romain Tranchart, en el French House; el video fue filmado en Canadá, tuvo varias locaciones y la dirección fue de Francois Nemeta que no sabemos si sabe algo de Corinne y de Rand McNally, el experto en cartografía que en Chicago dijo, sin límite en la grandeza, que Frankfurt era más que solamente Frankfurt, algo que nos parece a tono con la final de la UEFA en un momento en que también el Roland Garros nos habla de otra pertinencia en el entrenamiento de determinados tenistas (impresionante el caso de uno de los mejores rankeados con menos de 30 años de edad entre los primeros 20, y Nadal todavía encima de muchos).

Abriríamos otra oportunidad en el celular de la mismísima chica que te alcanza en el momento indicado con la intención de preguntarte si eres del PRM o del PLD, o del PRD, partidos hoy no de no moda. Es, digámoslo, como el caso de los corredores de Xochimilco o la sonrisa de la cruel Patricia O’Conelly. Es una hipótesis de velocidad y realismo sociológico en un mundo de Instagram y de recursos muy variados. Nadie lo dice al salir del cinema o al lanzarse en parapente, pero tampoco en el momento de decir algo sobre política en una sociedad cansada de nulidades existenciales. Vivimos –se han dado cuenta–, en un mundo tan globalizado como el amor por los celulares. La cuestión: no pudimos nunca decir que el mundo era una fantasmagoría como diseccionó Allan Kardec sin saber todavía de la venezolana Conny Méndez (que entra en contacto con otras fuerzas). El personaje Pataki diría la verdad más dura, que ella no tendría, sino que no cambiar porque el mundo no llegó a su final en el 2012. Argumentó –de manera histórica–, que a partir de ahí todo había sido pura improvisación pero créanle y dejen el Pinot Noir de Decanter o la Academie du Vine. No creo que Stone –Emma, me refiero–, haya leído la nota de Pataki. Su post hizo delicias en la red social twitter que, según algunos analistas de marketing, está siendo subtilizada sin demostrar si la gente está entrando al Football o a la telekinesis para no hablar de las sospechas dominicanas de la mal empleada función de las encuestas que determinan preferencias con el candor de una bailarina de televisión y el esperpento musical de algunos ritmos.

Sin embargo, uno se dio cuenta bien temprano: aquella disección –había invitado a una Pepsi Cola, (que han sacado una de sabor a mango, a berry y a lima como se puede ver en su página www.pepsi.com,) que tiene ahora sus versiones Pool Daze, Flipping in my flops, road tripping, no shoes, no shorts, no filter, always grill ready, catching rays, beach boler, suns out, burns out, pool daze, en las botellas con esos nombres.

En las antípodas mercadológicas, un reportaje para CNN de Danielle Wiener Bronner, se nos explica la marcha de Coca Cola para una bebida con café, y se nos recuerda la Coca Cola Black de hace unos años en un nuevo portafolio que nada tiene que ver con Rene Russo y el minigolf. Tampoco con los indicadores de Standard and Poors, Moody’s en Fitch ratings, en un país acaudalado y adicto a las apariencias en todos los niveles sociales.

Tenía que ver con un marasmo intelectual que se produciría de manera lenta en la concepción ideológica del mundo contemporáneo tan dado a Colorado y The Hamtpons (Cooper’s Beach) o a esa tendencia universal de no decir lo que se piensa en un medio democrático que a otros les parece una no invitación a las cenas de gala o a los encuentros donde todos se conocen o fingen conocerse. En eso caímos –como caes en una montaña rusa o de un argumento contra la derecha–, por aquí por Occidente, aunque no podemos negar, de ninguna manera, que todo esto terminó como una revuelta no coordinada o una visita a la torre Eiffel o el mono que puso Roberto Salcedo en la calle sin darse cuenta que la gente tendría en la mente que se hiciera algo más que caracterizara la ciudad de Santo Domingo, algo así como el fastuoso arbolito del Banco Central de la República, –celebrado por The Banker–, adicto gracias a Dios a controlar de manera plausible la tasa de inflación de la economía con una habilidad digna de ser reeditada, algo asi como hizo o intentaron hacer con el gerente de la institución similar en Brasil, donde Bolsonaro no quiere que le digan nada del Mato Grosso.

Cuando Antonio Marte dijo que los habían chivateado a todos (nos chivatearon a todos, dixit), se dio entonces la perla más grande de la historia de la dominicanidad. Era entonces el lio de los pollitos, los autos que fueron traídos en un montón de complicaciones. Hace meses, el mismo personaje pidió que no se montara a gente negra en los autos de transporte público. Perejil?

Por su lado, los políticos dominicanos tienen la particularidad que entran en carrera y la JCE (Junta Central Electoral), ha dado visto bueno a todo lo que se hace aquí en términos electorales. De modo, que Luis Abinader, Danilo Medina (que habla de reelección), y los más de 15 candidatos (entre los que están muchos que la gente apoya sin restricción), son conscientes que hay un argumento nada amable: el día más claro llueve. Todo esto siempre sucede cuando uno menos se lo espera, en medio de la más duras de las esencias epocales. Antes de los drinks estos y el reggaetón, Neón y Café Atlantico sonaban Cristal Waters y Gypsi Woman, Real Life y Send me an Angel. Qué días aquellos!