Se inauguró la semana pasada una exposición cuyo nombre y concepción nos interpelan por entrelazarse con los grandes problemas metafísicos y societales que sacuden el mundo en este siglo XXI.

Felicito a la Galería del Centro Cultural Babeque por haber reiniciado sus actividades con un artista cuya propuesta, además de ser de indiscutible calidad, nos obliga a reflexionar.

Olivier Bertoni es un artista haitiano radicado en Santo Domingo. Es multicultural, ciudadano del mundo y, en particular, de nuestra isla. Cursó parte de su escolaridad en el Liceo Francés de Santo Domingo, la otra en Puerto Príncipe.

Estudió en la Escuela de Arte de Altos de Chavón y en la Parson School of Design, de New York. Tuvo como mentor al maestro haitiano Nehemy Jean y ha participado en varias exhibiciones, colectivas e individuales.

Los trabajos que presenta en esta nueva muestra son obras maduras que encajan perfectamente en la intersección entre la realidad del mundo post pandémico y la permanente tragedia que conoce nuestro vecino haitiano.

 

Movimientos telúricos: identidad, migración y colapsología es el título de la exposición y son los temas que habitan el artista. Su obra refleja la ebullición de su pensamiento: marcas, caracteres, símbolos, rasgos, señas, trazos, conceptos en fusión se apoderan del lienzo y encuentran su lugar. Estos yacen en diversas capas mediante el uso de varias técnicas, entre ellas la pintura, el lápiz de cera y el collage.

Su obra refleja estratos de la cultura universal y haitiana que surgen con potencia de lo más profundo de su ser pensante e inconsciente. Olivier es haitiano, migrante y ciudadano de un mundo sacudido por profundos movimientos telúricos

De su expresión artística brota el dolor de sus heridas internas, la pérdida de la inocencia, el peso de la migración, los cuestionamientos existenciales y los miedos provocados por los movimientos de las fallas tectónicas que amenazan nuestro territorio y por las sacudidas menos visibles de otros cataclismos, tanto naturales como sociales, que pueden llevar al colapso.

La colapsología es una corriente que parte de la idea de que las acciones humanas impactan de manera duradera y negativa en el planeta. Viene advirtiendo un hundimiento generalizado de la civilización industrial por el agotamiento de un modelo de desarrollo expansivo que hace crisis a través del cambio climático y la rarificación de los recursos naturales.

Este movimiento aboga por una toma de conciencia social para hacer frente a un colapso que la pandemia ha hecho más verosímil.

Al igual que los cantantes de protesta de los años setenta el pintor lanza un grito de alerta para llamar la atención sobre estas llagas del mundo. En tonos de gris, el Último ecosistema es quizás el cuadro más inquietante de la exhibición.

En él vemos organismos vivos a punto de colapsar, anunciando el final de nuestro mundo. Sin embargo, habiendo llegado a este punto un ojo nos mira, quizás el de nuestra conciencia, recordándonos el verso de Víctor Hugo: “El ojo estaba en la tumba y miraba a Caín”.

Estos temas, angustiantes, contrastan de alguna manera con lo que conocemos de la personalidad serena, amena y familiar del artista.

Uno de los grandes méritos de la muestra es el de plantear estas problemáticas tan graves de manera estética. Los temas son tratados en la mayoría de las obras con tonos casi pasteles, verdes, azules, salmones y rosados que abren paso a la esperanza.

Otro, es que el 25% del producto de la venta de los cuadros será donado a una ONG que se encarga de la reconstrucción de casas destruidas por el ultimo terremoto en el suroeste de Haití.

Una obra comprometida, solidaria y de calidad son razones de sobra para hacer una parada en el Colegio Babeque y visitar su Galería de Arte.