Escribiendo el esquema de mi última novela. Me asaltan tantas ideas sobre mis personajes esta es una novela que he creado prácticamente de elementos autobiográficos. La historia habla de Carmen, una chica de veinte y ocho años que sufre una fuerte enfermedad mental que la hace descubrir un problema mayúsculo. Algo que viene gestándose de su infancia, tan feliz y perfecta que le hace daño en el presente. Carmen crece escuchando grandes ideas y conceptos de democracia, igualdad y derechos de manera constante y profunda. Esas ideas permean su escala de valores. Carmen no entiende como los políticos tan dominicanos como ella, no comprenden el valor de su país. Carmen no entiende como un sistema se burla y se viola tantas veces a sí mismo y como se forza el país a la violencia por interés de poder y gloria. No entiende como nadie hace nada por recuperar su gran país. El que ella ve con ojos casi ingenuos, basados en esa libertad que le fue inculcada con amor.
¿Cómo se permea un país, por años y años? ¿Al mismo tiempo como el poder se burla de la historia y de la gente¿ Simplemente porque no se ve el valor de la ciudadanía, solo el derecho insoslayable a la miseria, a desplegar el deseo de enriquecimiento ilícito, a la lucha de los hombres contra los hombres, de promover una segregación intelectual entre los dominicanos, como si cada generación fuera enemiga de la siguiente y provocar la segmentación social así como el pan de cada día o por ejemplo reconocer la discriminación como algo natural y común entre nosotros, entre otras tantas…
Ella observa cómo se han prostituido fuertes palabras de valor como dominicanos, igualdad, democracia, derecho, educación, oportunidades, salud, seguridad, etc.
Si comparamos la lucha de Carmen es muy parecida a la que enfrentamos casi treinta años después, solo que estas enfermedades son cada vez más graves e imposibles de curar. Nos encontrarnos con una sociedad en un entramado peligroso producto de más de 50 años de mucha desavenencia y desgracia.
Ahora, ¿Dónde están las historias de dominicanos que han pasado por este desastre? ¿Dónde quedan esas historias? Los millones de niños con una educación frustradas sin derecho a los privilegios de una educación, que hoy es para unos cuantos. ¿Dónde quedaron? ¿Quién cuesta esas historias? ¿Quiénes lucha por ellas? Cada batalla la tiene que librar cada uno como pueda, porque aquí lo importante es sobrevivir y ser fuertes, ¿no? Porque solo el que padece es el que sabe lo que se siente. ¿O no es así?
Carmen es solo una historia que representa el dolor de una país que pide su emancipación, y de algún modo lo externa. Otras historias lo expresan a través de la delincuencia, del negocio de la droga, de la prostitución moderna, de la adicción a la compra de materiales inalcanzables, de una alteración al espectro social de un país que ya no da para nadie.
Lo peor es que vivimos en una sociedad que aún no ve a sí misma, una sociedad que vive en submundos donde no nos entendemos ni nos vemos bien los unos a los otros, esos submundos se convierten una realidad impuesta por deseo, heredada o por una profunda ignorancia generacional.
¿Por qué debemos sentir rechazo por alguien que no esté a nuestro nivel académico o social? ¿Por qué valoramos la jippeta más que la maestría? O ¿la Marca de los tennis y el celular más que donde proviene la educación de un niño? ¿Por qué vivir pendiente si alguien anda en carro, en bicicleta o a pie? ¿Por qué llevamos esa vergüenza colectiva de que si somos suficientes o no como profesionales? ¿Si estamos preparados para la competencia internacional o no? Todo eso lleva arrastrándose por años y pocos hacemos algo. Se suman historias e historias más tristes, mientras nos conformamos con poner la mejor cara y decir que todo está bien. “Porque aquí todo siempre está bien”.
Países como España luego de los tiempos de la dictadura de Francisco Franco dieron un salto cualitativo es muchas vertientes, o un caso más cercano como el de Chile, gracias al convencimiento ciudadano y gubernamental de que merecían algo mejor y eso era posible. Pero es preferible quejarse y amenazar a un cineasta por reflejar temas como la discriminación en RD que enfrentar la verdadera realidad.
Yo solo espero que la literatura nos traiga nuevos bríos y más novelistas que cuenten más historias como la de Carmen.
¡Que viva la literatura!